La adolescencia tardía (16-18)





Breves pautas para el educador

1.       Si bien se debe considerar aún como un adolescente, no hay que perder de vista que se encuentra ya en un momento bastante adelantado del desarrollo de su personalidad, en lo que podemos llamar fase tardía o segunda adolescencia. De todos modos no hay que dejarse engañar por su estatura, sus actividades o su forma de hablar; pues sigue necesitando la ayuda, la guía segura, firme y comprensiva de su educador. Éste, más que nunca, debe también aprender a distanciarse afectivamente, a no crear dependencia de su persona, a dejar que el joven camine por sí mismo.



2.      Es la edad de ir definiendo su personalidad conforme a lo sembrado anteriormente. Es un error gravísimo encasillarlo definitivamen­te como bueno o "echado a perder". En él se acrecienta el interés por conocerse bien y, en algunos, hay un sincero deseo de corregir el camino. Se compara con los demás de manera más marcada, por lo que puede llevarle a un inicio de frustración personal si no ha sabido aceptarse. Acompañe el educador con sumo respeto a su libertad, pero nunca ceda en lo fundamental (saber decir las cosas claras pero sin romper) por miedo a perder su “amistad”.



3.      El adolescente, en su fase tardía, ha terminado de desarrollar su físico casi completamente. Su inteligencia es más aguda y en plena facultad; sus sentimientos ya no son algo tan novedoso como lo fueron al terminar su infancia, aunque todavía constituyen un mundo nuevo para él; sus pasiones son fuertes, siempre vivas, pero no tan desconcertantes como al inicio de la pubertad; su relación con los demás es más equilibrada, quizá incluso menos egoísta, aunque la novedad del mundo que le espera por delante empieza a crearle otro tipo de preocupaciones, incluso mayores que antes. Es básico asegurarse si ya está logrando un verdadero conocimiento y aceptación de sí mismo, imprescindible en esta etapa para construir sobre base sólida y sin traumas que puedan florecer en el futuro.



4.      Su deseo de ser feliz y de vivir una vida que valga la pena es muy intenso e insistente. Vive con la necesidad de dar sentido a lo que le sucede y a todo lo que realiza. Su afectividad le pide estabilidad y una relación más frecuente con las personas queridas. Ahora se busca el trato con el otro sexo en forma de amistad particular o inicial noviazgo; este factor marcará notablemente sus intereses personales. Ayudarle a ver que hay tiempo para todo si sabe priorizar bien sus compromisos y los valores de su vida. Asegurar que tiene una recta jerarquía de los mismos.



5.      Por ello, muchas cosas que antes le entretenían, son vistas, ahora, con indiferencia, frente al valor recién descubierto de la amistad íntima. De todos modos, no hay que olvidar que en esta edad no debe cerrarse: él al trato con una sola chica, ella al trato con un solo chico; sino que necesita seguir conociendo nuevas posibilidades, ya que todavía no está preparado para un verdadero y largo noviazgo. Ayudarle a desdramatizar (sin quitar toda la importancia que tienen para él) las posibles rupturas emocionales (necesarias para la maduración y el futuro más estable).



6.      En esta edad los problemas sexuales suelen ser más fuertes y de difícil solución. No hay que dejarse engañar por las apariencias: a veces se piensa que los más extrovertidos son los que peor están moralmente y no siempre es así. La influencia del ambiente negativo es muy fuerte: se siente presionado a hacer cosas inmorales y es fácilmente manipulable; al mismo tiempo que pierde el miedo a cometer algunas acciones inmorales de mayor relevancia. Por ello, es necesario ayudarle a que luche contra el hedonismo y el materialismo sin que se agobie con las posibles caídas que haya podido tener influido por la presión del ambiente.



7.      Es una edad en la que se puede ver con claridad la afirmación de la propia autonomía como fruto de una mayor confianza en sí mismo, que le irá llevando por el camino de la propia iniciativa, de la afirmación de su libertad como fruto de una personalidad bien definida. Por esto mismo es fácil que todo lo que tenga relación con la disciplina externa sea visto como algo anticuado; por ello, es muy necesario hacerle comprender que la verdadera disciplina (interna sobre todo) está en la base de toda empresa humana que pretenda una garantía real de éxito (aunque en general lo tiene asumido, al ver los resultados escolares cuando no sigue una disciplina).



8.      Se empieza a dar cuenta de la necesidad de una buena formación y de preparación para poder tener éxito social y profesional. Empieza a pensar en serio en su futuro, a preocuparse por su posición social, su carrera, etc. En este período es frecuente el peligro de caer en el pragmatismo y, en cierta forma, de encasillar sus relaciones con Dios y con los demás (¿me aportan algo para mis intereses?), de perder una generosidad espontánea, de construirse una propia jerarquía de valores donde Dios y el amor verdadero no ocupen realmente el primer lugar, y donde los demás estén sólo “tanto en cuanto me aporten...”.



9.      Hay que tratarle con mucho respeto, guardando las formas sociales, pues la vida social es ya algo fundamental en su vida y pone mucho cuidado en observarlas. Como educador es necesario tener una gran seguridad personal y mucho ascendiente humano y moral, estar bien preparado, tener respuestas inteligentes y bien documentadas a sus preguntas. Y si antes percibían con detalle todo, ahora se dan más cuenta de si su educador tiene o no coherencia de vida.



10. El plan de vida en la dirección espiritual se hace imprescindible en esta etapa. El joven valorará la eficacia del plan de vida en la medida en que sienta la necesidad de organizar su propia vida, de darle un rumbo definitivo. Es importante que lo haga él mismo; en concreto, se recomienda ir haciéndole algunas preguntas con el fin de que, al responderlas, vaya marcando las pautas de su plan de vida. Por ejemplo: “para ti, ¿qué es lo más importante en la vida?, ¿cómo crees tú que podrías cambiar esta faceta, o lograr este ideal?, ¿cuál crees que es el principal obstáculo para lograr la auténtica felicidad?, ¿qué medios pondrías tú para lograr una vida plena?”. Respeto a su autonomía pero acompañamiento cercano y constante.



11. Hay que aprovechar su capacidad de asumir crecientes responsabilidades y empresas. Gracias a su mayor estabilidad y capacidad de interiorización, vive para grandes retos e ideales (sin olvidar el problema mencionado del pragmatismo ante el futuro universitario o laborar). El educador debe encauzar estos sueños, exigiéndole una responsabilidad mucho mayor. Se siente el gran reformador del mundo; por eso hay que tratar de centrarle y hacerle ver su papel, sin duda irremplazable. Hay que presentarle la persona de Cristo, amigo íntimo y apóstol transformador eficaz de la sociedad. Su vida espiritual es más consciente y profunda, ya no será de ambiente, sino una elección personal. La vida eclesial (litúrgica) la aceptará si antes ha logrado una experiencia viva de la amistad con Cristo, de la necesidad de relacionarse con Él. No atosiguemos con ritualismo o moralismo, menos si nos damos cuenta que no tiene aún esas experiencias vivas.


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