martes, 1 de agosto de 2017

INFORME SOBRE LA JUVENTUD DE HOY: HAY ESPERANZA

Hacen deporte, se drogan menos, leen más... Los datos desmontan los clichés negativos: los jóvenes de hoy son más juiciosos que sus padres.
Tendemos al catastrofismo. Vemos siempre lo más negativo de una juventud a la que creemos poco preparada, obsesionada con su imagen, egoísta, desencantada, enganchada a las drogas... En realidad nos ciegan los prejuicios: los datos demuestran que los adolescentes y jóvenes de ahora son más prudentes que las generaciones anteriores, tienen menos embarazos precoces, mueren menos en la carretera, sufren menos fracaso escolar que hace 10 años y vuelven antes a casa cuando salen de marcha... quizá porque se drogan menos.
No sólo eso: también leen más que los adultos que les miran con desdén, hacen deporte con más frecuencia y se asocian más con fines benéficos. También son más optimistas: según el barómetro 2017 del Centro Reina Sofía de Adolescencia y Juventud, la mitad cree que en un año estará mejor que ahora.
Lo que sí está por ver es si este cambio en sus pautas de comportamiento se debe a haberse criado durante una crisis económica, al aumento de su responsabilidad o a las nuevas restricciones legales y el aumento de la vigilancia.
El primer Informe sobre la Juventud en España se publicó en 1985. Por entonces, el futuro tampoco pintaba bien. Ahora se dice y se repite que los jóvenes de hoy son la primera generación que vivirá peor que la de sus padres. Un auténtico cliché que no se corresponde con la realidad. «Los jóvenes españoles se han hecho más ortodoxos, más formalmente correctos, más proactivos frente a lo comunitario, más implicados en lo común, y mucho más preocupados por el orden y la seguridad», concluía la investigación Jóvenes y Valores Sociales del Reina Sofía.
Anna Sanmartín, coordinadora de estudios del centro, cree que el mayor civismo y respeto por lo público es una reacción a tantos años de informaciones sobre la corrupción de los políticos. «Está por ver en qué se traduce esa percepción», puntualiza. Es decir: está por ver si ellos serán menos corruptos cuando alcancen el poder.
Los adolescentes de hace tres décadas no emigraban tanto como en la crisis de 2008, habían viajado mucho menos (en autobús y tren, porque no existían los vuelos low cost), hablaban inglés mucho peor y eran más rebeldes. No se hacía botellón masivamente, pero sí había quedadas de litronas; se conducía con menos miedo a los controles de alcoholemia, sin cinturón de seguridad en la parte de atrás del coche y sin casco en los vespinos.
Los jóvenes de hoy les dan noches más tranquilas a sus padres, porque llegan antes de marcha. En 2015, la mitad de ellos volvía a casa antes de las tres de la mañana. Salen antes, no van tanto a bares, ni a conciertos, ni de botellón. Muchos quedan a cenar en vez de irse de marcha a medianoche... como hacían sus padres.
Otra pista: en los años 80 no había Federación de Triatlón y eran sólo unos pocos los que se pasaban horas corriendo, nadando y montando en bici. En la actualidad hay 200 clubes y torneos por toda España ¡sólo de cadetes! Habría que recordar cuánto deporte hacían los que ahora rozan los 50.
«Se les critica en ocasiones por su bajo asociacionismo, pero ¿acaso se asocian más los mayores?», se pregunta Jorge Benedicto, Catedrático de Sociología de la UNED, que lleva décadas analizando a las generaciones adolescentes.
Los datos de la Encuesta nacional sobre hábitos y consumo culturales corroboran que en la franja de los 15 a los 24 años están los que consumen más videojuegos, pero también los que visitan más museos y monumentos, leen más, asisten a más espectáculos, van a más bibliotecas...
Al menos, cierta juventud. Sanmartín recuerda que «los jóvenes son igual de heterogéneos que el resto» de generaciones. Y eso significa que hay adolescentes responsables, miembros de equipos de debates y deportistas y otros que se dedican a fumar porros y pasan de ir a clase. El mismo abanico que entre adultos. Pero se pueden esbozar tendencias y la proyección no pinta mal, pese a los titulares alarmistas.
Sólo el ligero repunte del consumo de cannabis entre los más jóvenesregistrado en la Encuesta sobre alcohol y drogas en España oscurece el horizonte. Y sólo un poco. En realidad son los mayores los que, en proporción, más adicciones presentan. En su caso, a los ansiolíticos. Esos que hoy recurren al Trankimazin son los mismos, que hace 20 años, empezaron a beber alcohol y fumar marihuana a la misma edad, o incluso antes, de sus hijos.
En la década de los 80 se hablaba de la adolescencia forzosa de la juventud debido a la falta de salidas. En Madrid eran los años de La Movida, que popularizó canciones irreverentes que ahora serían imposibles de encontrar en la radio.
Aunque si hay un estribillo que se repite en todo este tiempo es el de las quejas sobre los males de la juventud. The kids are alright (Los chicos están bien), cantaban The Who en los 60. No sabemos si, ya septuagenarios, seguirán pensando lo mismo.

 15 COMENTARIOS

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Soy profesor, y puedo asegurar que los padres son peores que los alumnos

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