sábado, 25 de marzo de 2017

LA OBESIDAD EN ADOLESCENTES. HISTORIAS CONCRETAS

Extraído de un documental inglés. Interesante leer los que dicen los protagonistas.



La obesidad infantil es uno de los temas más importantes a tratar en nuestra sociedad. España es uno de los países con una mayor tasa de obesidad infantil: contamos con un 44% de niños con exceso de peso, lo que nos coloca en el segundo puesto de Europa, solo por detrás de Grecia. Es necesario tomar medidas de inmediato para prevenir los problemas que estos niños pueden sufrir en la edad adulta.
Peligro: niños obesos es un documental que refleja la situación de un grupo de niños y adolescentes obesos en el Reino Unido, partiendo de la historia de Samantha Packham: una joven que, después de haber sido una adolescente obesa (pesaba 127 kilos ya con 15 años), murió a los 20 pesando 254 kilos. Por desgracia, no es un caso aislado, sino que se repite con más frecuencia de lo que podríamos pensar.
Tres historias diferentes de tres adolescentes con obesidad y cómo lo vive cada uno de ellos es lo que nos muestra este documental, emitido esta misma semana en Documentos TV y que podéis ver completo en este enlace.

"No quiero echar a perder mi infancia comiendo sano"

Obesidad-Infantil
Quizás el caso más llamativo de los tres es el de Harry, un joven youtuber de 14 años que, a pesar de sus 108 kilos y de saber que ese peso le incapacita para llegar a la profesión de sus sueños (piloto comercial), no está dispuesto a adelgazar. "No quiero echar a perder mi infancia comiendo sano. Casi todos los niños comen dulces".
Uno de los problemas que surgen en los niños y adolescentes con sobrepeso u obesidad es que no son conscientes de los problemas que esto puede acarrearles a largo plazo. Por un lado, en el documental se habla de un "punto de no retorno", haciendo alusión a que una vez que se alcanza el grado de obesidad en adolescentes es muy difícil de revertir en la edad adulta. Muchas veces la única alternativa para perder peso son las cirugías bariátricas.
Por otro lado, muchos adolescentes desconocen las enfermedades asociadas al sobrepeso y la obesidad: desde la posibilidad de desarrollar diabetes tipo 2 en un futuro a las cardiopatías isquémicas, enfermedades vesiculares o hipertensión, que puede llevar a sufrir un ictus.

"Cuando como me siento más feliz"

obesidad-infantil Jess, como voluntaria en el taller de comida saludable
Jess es otra de las protagonistas de este documental, quizás la que más adelantos ha conseguido hacer respecto a su situación. A sus 16 años pesa 117 kilos, pero es consciente de que algo va mal, de que tiene que perder peso para mantener una buena salud, y por eso recibe ayuda física y psicológica por parte de un grupo dedicado a niños y adolescentes con sobrepeso y obesidad.
Jess combina el entrenamiento tanto de fuerza como cardiovascular con charlas con una psicóloga que intenta ahondar en la raíz del problema. En una de las conversaciones que mantienen ambas en el documental, Jess reconoce que cuando come se siente más feliz: el hambre emocional es uno de los problemas que nos llevan a tener una mala alimentación debido al sistema de recompensas de nuestro cerebro.
No podemos obviar al hablar de esto la influencia que el bullying o el body shaming pueden tener en las personas con sobrepeso u obesidad, más aun si estamos hablando de adolescentes. El estrés que este tipo de conductas causa en los jóvenes puede hundirles más en su problema, ya que ven en la comida la única vía de escape ante la ansiedad emocional a la que se ven sometidos.
En la parte final del documental podemos ver cómo Jess consigue comenzar a perder peso gracias a acciones sencillas como controlar las raciones de comida y caminar más a diario. Otra de las cosas que según ella más beneficios le aportan es participar como voluntaria en un taller de comida saludable y enseñar a los demás lo que ella ha aprendido.

"No quiero salir de casa porque no quiero que la gente me juzgue por cómo soy"

obesidad-infantil Holly hablando en su habitación con Jan, la madre de Samantha Packham
El aislamiento social es otro de los riesgos asociados ala obesidad o el sobrepeso en los adolescentes. Los jóvenes pueden entrar en un círculo vicioso en el que comen debido al estrés que les genera sentirse juzgados y no ser aceptados por su imagen, y esa comida que ingieren al mismo tiempo es la culpable de que su percepción de ellos mismos no mejore.
Este es el caso de la tercera de las protagonistas de la historia, Holly, quien con 14 años ha llegado a pesar 107 kilos. Holly deja de ir al colegio y no se relaciona con los chicos de su edad: prefiere quedarse en casa y esto también repercute en su relación con la comida. Ante la pregunta de "¿qué hace que comas?", Holly contesta lo siguiente: "Estar angustiada todo el rato y estar sola y aburrida por no tener nada que hacer. Es como si ir a por comida fuese lo único que me reconforta cuando me encuentro mal y no tengo nada más que hacer".
La depresión y el aislamiento social en muchas ocasiones acompañan a las personas con obesidad o sobrepeso. Además del tratamiento médico que requieren ambas condiciones, también el apoyo social y familiar es importante a la hora de salir de ese círculo vicioso.

miércoles, 15 de marzo de 2017

realidad en vivo: QUE SE ENTEREN NUESTROS ADOLESCENTES LO QUE ES LA VIDA REAL

Del blog del juez Calatayud... Logremos con experiencias que nuestros hijos valoren lo que tienen. No basta con decirles. Que vean..




Debemos enseñar a nuestros hijos que hay niños que se juegan la vida para poder estudiar


Buenas, soy Emilio Calatayud. El otro día juzgué a varios ‘niños-patera’, tres chavales marroquíes, tres morillos como les digo yo cariñosamente, y entre el público había varios ‘ni-nis’ con sus padres, varios ‘choricillos’ cristianos, como les digo cariñosamente, que todavía no habían metido la pata a fondo, pero estaban a punto. Por eso estaban en la sala de vistas con sus padres, para ver juicios de otros niños. Puede ser una buena vacuna. Por eso lo hago.
Los chicos marroquíes nos contaron su vida y sus fatigas. Yo quería que los otros les escucharan. Uno había llegado a España en lo alto del techo de un autobús y los otros dos, en los bajos de camiones. A lo largo de ese viaje infernal, se jugaron la vida varias veces. No podemos ni imaginar lo que pasaron. ¿Y para qué?: pues para estudiar, eso que es un derecho y un deber para nuestros hijos. Cuando acabaron de contar sus peripecias les dije a los ‘choricillos’ cristianos: “Vosotros no tenéis valor para hacer ni la mitad de la mitad de lo que hecho estos niños para buscarse la vida. Lo tenéis todo, pero os parece poco. Me gustaría veros un segundo, sólo un segundo, en lo alto de un autobús”. Ni los ‘choricillos’ ni sus padres dijeron nada. Se hizo un silencio total. Y el que calla otorga. Debemos enseñar a nuestros hijos que hay niños que se juegan la vida para poder estudiar para que se les quiten las pamplinas.
Por cierto, los tres morillos van muy bien. Uno de ellos era chiquitín de estatura, pero grande en todo lo demás. Su único defecto es que era del Barça. Me dijo que Messi también es pequeño y “mire usted dónde de está”. Y entonces fui yo el que me tuve que callar. Y encima dijo que iba a haber remontada y la hubo.

domingo, 12 de marzo de 2017

LOS NUEVE CONSEJOS DE LA GUÍA DE ADOLESCENTES MALHUMORADOS




www.elmundo.es

Pautas para manejar el malhumor adolescente

No en vano esta guía está dedicada a los "adolescentes malhumorados". La revolución hormonal, física y emocional se hace notar, en gran medida, en malas contestaciones o que el joven se sienta entristecido de vez en cuando.
  1. 1. Identificar el origen del mal humor. Lo principal es acercarse sin preguntarle directamente porque probablemente negará este estado de ánimo.
  2. 2. Entender que el joven crónicamente malhumorado no se siente así por gusto. Está dolido y espera una de estas tres cosas: un consuelo, un reconocimiento o una disculpa, narra la guía.
  3. 3. No recordarles sus dificultades. Hacerlo incrementaría su dolor -porque ellos ya saben que les va mal- así que lo ideal es portar soluciones.
  4. 4. No mostrar superioridad. Aunque es lógico que los hijos se reflejen en sus padres, en esta etapa necesitan oponerse a ellos. Lo más adecuado es estar cerca mostrando interés y no rebajando la importancia de lo que les pasa o sienten.
  5. 5. Participar con ideas, más que con consejos. Dar lecciones sin conocer la causa del malhumor delatará falta de sensibilidad por parte de los padres.
  6. 6. Aguantar. Los padres son los adultos, así que es importante no caer en la provocación. Si responden mal, trasladarán la lucha interna de los adolescentes en una lucha contra ellos.
  7. 7. Ofrecer confort y sosiego. "El adolescente malhumorado es como el lactante que llora. Debemos calmarle, no agobiarle", reza la guía.
  8. 8. No reprender el malhumor. Es positivo acercarse a este estado de ánimo con cariño. Esto no quiere decir que haya que sonreír como si no pasara nada. El joven enfadado está emitiendo un mensaje y necesita que éste sea recibido y escuchado. Por ello, una actitud minimizadora o 'pasota'.
  9. 9. No eximirle de sus obligaciones para que no esté malhumorado. Las normas son primordiales para el desarrollo del joven. Si se le consiente que aparte sus responsabilidades, solo se conseguirá que ese estado de ánimo para a formar parte permanente de su forma de ser.

lunes, 6 de marzo de 2017

temas complejos: GUÍA PARA PADRES CON ADOLESCENTES MALHUMORADOS

Nace la primera Guía para padres de adolescentes malhumorados

  • ¿Por qué hace esto si nunca lo había hecho? ¿Por qué no se comunica? ¿Por qué...? La adolescencia es la etapa que más dudas genera en los progenitores.

larazón.es



Una adolescente y su móvil, imagen típica de esta etapa
Una adolescente y su móvil, imagen típica de esta etapa
Archivo
La adolescencia es una etapa complicada porque en ella se producen cambios físicos, hormonales y emocionales. A veces, los padres están confundidos con las nuevas conductas de sus hijos. ¿Por qué de repente hace esto cuando nunca lo ha hecho? Los porqués pueden ser infinitos y las respuestas pueden ser comunes o, en ciertos casos, requieren de la intervención de profesionales.
Son muy pocas las excepciones de progenitores que superan la etapa de la adolescencia sin problemas o dudas. La mayoría se enfrenta al clásico tópico “tu hijo está en ‘plena edad del pavo”. Pero hay ciertas realidades que los padres deben saber.
El doctor José Luis Carrasco, Catedrático de Psiquiatría y director de la Unidad de Personalidad y Comportamiento (Orientación familiar y prevención) del Hospital Ruber Juan Bravo-Grupo Quirón Salud afirma que «por lo general, es complejo lidiar con los adolescentes, pero algunas veces la vida con ellos traspasa la complejidad para convertirse en un día a día demasiado difícil».
Este especialista recalca que «algunos jóvenes pierden el control de sus vidas en esta etapa, se muestran agresivos, de mal humor la mayor parte del tiempo y da la sensación de que hagamos lo que hagamos no acertamos en nuestras reacciones, ya que todo les molesta».
Para orientar a los padres en el arduo camino de ‘lidiar’ con la adolescencia, el doctor Carrasco ha creado la primera ‘Guía para padres de adolescentes malhumorados’. «Ya está disponible en las consultas de pediatría y ginecología de los hospitales del Grupo Quirón de forma gratuita. Hemos distribuido 1.000 ejemplares, pero cualquier familia que desee tener acceso a ella sólo tiene que ponerse en contacto con nosotros», indicia su autor.
Elaborada en colaboración la doctora Marina Díaz Marsa, jefa de la Unidad de Trastornos de la Alimentación del Hospital Universitario Clínico San Carlos de Madrid y miembro de la Unidad de la Ruber Juan Bravo, así como la psicóloga Nerea Palomares, el documento persigue orientar a los padres en el conocimiento de los cambios de humor de sus hijos en la adolescencia. “También forma en las causas que los originan, así como en la distinción entre tres términos fundamentales: personalidad, carácter y temperamento”, aclara el doctor Carrasco.
Porque el carácter es la parte de la personalidad que “más se desarrolla con el contacto con el medio; es decir, que los hijos aprenden de nosotros, sus padres, y de sus amigos. Mientras que el temperamento es la parte biológica, heredada de la personalidad”, reza la nueva guía.
El documento proporciona herramientas para el manejo del ‘malhumor’ presupuesto de los adolescentes. “También da pistas sobre los casos en los que es necesario consultar con un especialista. Estamos acostumbrados a tachar todos los comportamientos como parte del crecimiento y del desarrollo personal de los adolescentes sin ni siquiera entenderlos. No todos los menores tienen problemas, pero sí hay excepciones y ante ellas hay que estar alerta a sus señales: problemas de autoestima, violencia, no respetar la autoridad, no sabemos qué hacer, conductas que implican pensamientos suicidas... Son solo algunas pautas”.
Desde la Unidad de Personalidad y Comportamiento (Orientación familiar y prevención) del Hospital Ruber Juan Bravo-Grupo Quirón salud, “creemos firmemente en que el asesoramiento familiar contribuye a la buena construcción de la personalidad de nuestros menores y a la relaciones familiares sanas, de ahí nuestro compromiso a la hora de elaborar esta guía”


Leer más:  Nace la primera Guía para padres de adolescentes malhumorados  http://www.larazon.es/sociedad/nace-la-primera-guia-para-padres-de-adolescentes-malhumorados-IH14648734?sky=Sky-Marzo-2017#Ttt1sW6cYD3Gl7Ge
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jueves, 2 de marzo de 2017

los jueves con Edu y Marta: FORMAR EN LA VERDADERA AUTOESTIMA

Es un gusto que los psicólogos hablen tan claro y con tanta sencillez y sensatez.


Rafael Santandreu«Si basas tu autoestima en valores externos  estás condenado, como Springsteen o Michael Jackson»






El psicólogo Rafael Santandreu explica cuáles son los principales signos de una baja autoestima

 Rafael Santandreu: 
«Si basas tu autoestima en valores externos estás condenado, como Springsteen o Michael Jackson»
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En un mundo tan competitivo como el que vivimos, no todas las personas brillan igual, pero la aspiración de la gran mayoría es destacar por lo que son o por lo que hace. La autoestima juega un papel muy importante en esta carrera de fondo. Para el psicólogo Rafael Santandreu, la autoestima es el valor que nos damos las personas a nosotros mismos.
Explica que hay gente que se ama a sí mismo, que se encuentra a gusto e, incluso, ¡encantada de haberse conocido! Son aquellos que saben de su valía con respecto a los demás, que allí donde van se aprecia su aportación. Por eso, son personas extrovertidas, lanzadas, sosegadas, amables, pacíficas y poco (o nada) celosas.
-¿Cómo se consigue?
La mejor manera de elevar la autoestima es adoptar el siguiente sistema de valores: «Todas las personas son igualmente maravillosas por su capacidad de amar. Pueden tenerla más o menos escondida, pero todos somos capaces. La capacidad de amar la vida y a los demás es lo único que da la felicidad, por lo tanto, la única cualidad que vale la pena. Todo el resto de cualidades y bienes, como la inteligencia, el dinero, la belleza, la eficacia… son anécdotas sin importancia. La prueba de ello es, por ejemplo, Bruce Springsteen. Acaba de publicar su autobiografía en la que reconoce que tiene una depresión desde hace 10 años. Su fama, dinero, belleza, habilidad, arte… no le aporta la felicidad.
Cuando una persona sabe esto en profundidad y se lo aplica a su vida, su autoestima es siempre grande, ya no baila porque está basada en algo sólido y real.
Por ejemplo, los creyentes auténticos y profundos también tienen una sólida autoestima, sana y amable porque la basan en esto mismo.
-¿Cómo se detecta una baja autoestima?
Hay muchos signos de baja autoestima: la timidez excesiva es uno de los signos principales. También las actitudes tipo «felpudo» o «vasallo»; hay gente que se sitúa frente a su esposo o amigos en esa tesitura. La agresividad puede ser otro signo, ya que a veces esa persona busca obtener reconocimiento mediante la fuerza o imposición, pero en privado se siente «una basura». Los celos excesivos. Tener una pobre asertividad: no atreverse a decir la opinión de uno o defender los intereses propios.

-¿Qué aspectos son los que más afectan para bajar la autoestima: el amor, el trabajo…?
Estar cerca de personas impositivas, narcisistas, agresivas y «bajoneadoras» (personas que tienen un complejo de inferioridad que intentan compensar con un complejo de superioridad), puede hacernos bajar la autoestima, ya que estas personas tienden a hacernos valoraciones negativas constantemente. Y también un abandono amoroso puede activar una bajada de la autoestima, producido por la creencia de que uno no vale.
Usted habla del «error de la autoestima», ¿qué es exactamente?
Existe una corriente de Psicología que se equivoca completamente cuando habla de autoestima porque propone a la persona que se diga a sí mismo: «¡tú puedes! ¡tú lo vales!». Y es un error porque lo que están haciendo es basar la autoestima en algo que no es sólido: la eficacia, la inteligencia, la habilidad… Eso nunca producirá una buena autoestima porque esos valores varían, no son estables y no son la fuente de la felicidad. Quien base su autoestima en valores externos está condenado a tener crisis, quizás como Bruce Springsteen o Michael Jackson.
¿Los complejos de inferioridad y superioridad están detrás de una baja autoestima?
Sí. Muchas personas esconden un complejo de inferioridad debajo de un complejo de superioridad. Un psiquiatra llamado Alfred Adler investigó el tema a fondo y descubrió que los matones de escuela siempre son chavales abandonados en casa, a los que los padres desprecian. Se dice que Hitler y Mussolini tenían grandes complejos de inferioridad desde niños.
-¿Alta autoestima es igual a felicidad?
No. Es un factor importante, pero hay otros factores como la capacidad de apreciar las cosas hermosas de la vida. O tener una mentalidad anti-queja, en general. Stephen Hawking, el científico en silla de ruedas, tuvo una depresión de seis meses cuando le diagnosticaron de ELA. Pero salió de ella con el siguiente lema: «Quejarse es inútil y una pérdida de tiempo: no lo pienso hacer».

miércoles, 1 de marzo de 2017

realidad en vivo: ¿ESTAMOS MATANDO LA INFANCIA?


Interesante y cierto; pero me gustaría que esta autora también mencione a veces el lado positivo, por pequeño que sea, de nuestro mundo actual.



¿Hemos matado la infancia? Vaya, que pregunta más exagerada. ¡Si están más que vivos esos niños! Les aburren las muñecas y no se conforman con el tradicional pilla, pilla. Mírales qué despejados, qué avanzados y “maduros” van, vestidos sexys, con esas poses sensuales, con tacones, peinados degradados, sujetadores acolchados e iPhone 6 en las manos. ¡Qué gracia nos hacen! ¡Qué monos son!Si no la hemos matado, ¿entonces dónde está? Acortada, sin duda, resiste de un hilo a ese espantoso maremoto. 

Niños y niñas que lo han visto y hecho todo, a los que nada sorprende e interesa, porque todo lo tienen a un clic y al instante, antes de desearlo. Desde los dos años, dejados a sí mismos navegando en sus cunas, sus delicados deditos encontraron imágenes dañinas que quedaron para siempre grabadas en sus mentes inocentes. Con cuatro años, bailaron el festival de fin de curso moviendo la cadera y enseñando el ombligo como Jazmín de la Disneylandia que de tanta garantía que da, acaba adormeciendo como por arte de magia a la conciencia del padre que aplaude y graba el sensual baile, para el recuerdo de una infancia despejada. Con seis años celebró el Halloween vestida de Monster High y el Carnaval vestida de sensual enfermera. Niños atraídos por el feísmo y erotizados por pantallas sin otros filtros que los de su irresistible perfil Instagram. 

Niños cínicos que han disparado y matado cientos de miles de veces por videojuego, y que han perdido la sensibilidad y la capacidad de interpretar una mirada y de tratar a otros con delicadeza. Niños sin asombro, que se han quedado ciegos ante la belleza de la realidad, incapacitados para sintonizar con ella. Niños esclavizados por modas y cánones de belleza que los convierten en escaparates o en carne de cañón de la anorexia y de una erosionada autoestima. Niños con la mochila escolar bien pesada y con la agenda tan llena como la de un pequeño ejecutivo estresado. Niños que nunca han tenido tiempo para hacer ondas con piedras en el agua, o para provocar un caos logístico en una ruta de hormigas, pero que saben más de pornografía que los jóvenes de antaño que compraban a escondidas y tras muchos obstáculos alguna que otra revista. Y que nos vengan diciendo esos simpáticos moderados, que no es para tanto y que el consumo en papel o en wifi es lo mismo. Sin comentario.No es casualidad que los endocrinólogos advierten de una tendencia a la pubertad precoz, esa reducción de la infancia, que favorece un alargo de la adolescencia. 

Curioso que tengamos tanta prisa los padres por hacerles aterrizar cuanto antes en una etapa que tanto nos aterroriza. Curioso también que las fronteras generacionales sean cada vez más borrosas a lo largo de la vida, no solo en la infancia. Carolina Herrera decía hace poco que no hay nada que envejece más a una mujer que vestirse de joven. Y lo dice porque es actual. Qué lástima que pocos asumen la tercera edad como lo que es, algo bello y natural.
Todas las etapas de la vida son hermosas en sí, no lo son solo en relación con otras. ¿Cuándo entenderemos que el niño NO es un pequeño adulto inacabado? Es un ser, ciertamente en construcción, pero un ser en sí, con dignidad completa, no parcial. Porque la dignidad no depende de la capacidad intelectual, ni de la edad, ni de si uno “se porta bien”, o de la capacidad para reivindicarla. La dignidad es un hecho previo a la capacidad de pensar y de reflexionar sobre ella porque está íntimamente ligada a nuestra existencia. Tenemos dignidad por el mero hecho de existir, aunque nuestro modo de ser guste o no a las redes, a las modas o a los estándares de turno. Unos estándares cada vez más utilitaristas o descerebrados, cuando pretenden que nos diseñamos a nosotros mismos en contra de las leyes de la naturaleza. 

Sin mala fe, quizás por un desordenado y a veces inmaduro afán de “estar en la onda”, por miedo de ser tachados de “puritano”, o por confundir ignorancia con inocencia, hemos olvidado lo que es la frágil y maravillosa etapa de la infancia. No, no hemos matado la infancia. Cada día, sin darnos cuenta de ello, estamos aniquilándola. Y es tiempo que todo eso deje de hacer gracia y que empecemos a poner remedio a esa impune masacre.
Catherine L’Ecuyer es investigadora y divulgadora de temas relativos a la educación y autora de Educar en el asombro y de Educar en la realidad
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