lunes, 22 de febrero de 2016

temas complejos: PADRES DEPRIMIDOS, HIJOS DEPREMIDOS



Comportamiento Humano

elpais.com.co   Carlos E. Climent

Carlos E. Climent
Carlos E. Climent es médico de la Universidad del Valle y psiquiatra de la Universidad de Harvard. Durante cerca de 30 años trabajó en el Departamento de Psiquiatría de la Universidad del Valle, y durante 20 se desempeñó como miembro del Panel de Expertos en Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud, Ginebra, Suiza. Autor de medio centenar de publicaciones científicas y varios libros de divulgación como: 'Lo esencial en psiquiatría', ¿Cómo proteger a su hijo de la droga?´y 'Los Tiranos del Alma'. Actualmente está dedicado al ejercicio clínico de la psiquiatra en Cali y Bogotá y a su labor de difusión de temas del comportamiento humano a través de esta columna en el periódico El País
















Padres deprimidos, hijos deprimidos

La enfermedad mental de los padres afecta a los hijos de distintas maneras y en magnitudes variables. Los trastornos severos son los que tienen los efectos más destructivos en los hijos. Además son de más difícil manejo porque el paciente niega su enfermedad y no acepta un tratamiento. Dos ejemplos, entre muchos otros, son el narcisismo y la personalidad antisocial que cursan con maldad, disimulo, irresponsabilidad, irracionalidad, alteraciones en el juicio y franca agresividad.
Algunos trastornos neuróticos, por ser tratables, tienen los efectos más leves. En un lugar intermedio entre las dos anteriores está la depresión, con frecuencia aceptada por el paciente y susceptible de mejorar gracias a intervenciones oportunas.
Investigaciones serias, (Weissman, M. et al, 2006), apuntan el hecho de que un padre deprimido es una de las situaciones más estresantes para un niño. Se puede concluir, sin lugar a duda, que los trastornos más severos producen daños más graves e irreparables en los niños.
Un padre deprimido se convierte en una carga para su hijo en distintas formas:
*No se puede relacionar de una manera natural, sana y afectuosa con su hijo.
*Se crea un vacío que equivale a una deprivación afectiva que es más dañina entre más temprano ocurra.
*Genera en el niño un sentimiento de culpa tan inconfesable como absurdo: que él, de alguna manera, es responsable de lo que le ocurre al progenitor enfermo, y que del niño depende la mejoría.
*Con el pasar del tiempo el padre enfermo se convierte en un modelo de identificación malsano.
*Se establece un modelo destructivo de relación ambivalente con las figuras de autoridad. Según las circunstancias, el niño adopta o una posición sumisa o de rebeldía. Esta última provoca reacciones aún más agresivas del padre enfermo contra su propio hijo.
*Altera gravemente la dinámica familiar, ya que la totalidad de la familia está dedicada a atender las necesidades del padre enfermo en detrimento de las necesidades del niño.
*Como consecuencia del abandono que tal situación supone, se descuidan aspectos fundamentales del cuidado del niño que por estar en una etapa crucial del desarrollo, representan una grave herida a su seguridad básica y a su integridad como ser humano. Cuando lo que se requiere es dedicar prioritariamente la energía de la familia a suplir las necesidades del infante.
*A las pesadas cargas mencionadas hay que agregarle la carga genética. Es bien sabido que la enfermedad bipolar es uno de los trastornos mentales que pueden transmitirse de padres a hijos. Es decir que las posibilidades de que el hijo de un padre bipolar sufra la misma enfermedad es significativamente mayor que el de la población general.
*Una vez que los niños crecen, los efectos de los trastornos mentales de los padres en general, y la depresión en particular, pueden hacer su aparición en forma de perturbaciones mentales serias en los adolescentes y los adultos.
En conclusión para proteger a los hijos deben intervenirse, de la manera más efectiva y temprana posible, los trastornos mentales de los padres

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