domingo, 15 de febrero de 2015

temas complejos: MUCHOS PADRES SIGUEN SIN VIGILAR EL USO DE LAS REDES

Por más que en las escuelas de padres se dice, muchos padres todavía no se atreven a vigilar el uso del teléfono a sus hijos menores. Gran error!!!!


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El 7% de los casos de acoso entre adolescentes son ya en las redes sociales

I. Elices / Burgos - sábado, 14 de febrero de 2015
En el Juzgado de Menores. La magistrada Blanca Subiñas advierte de que las agresiones y amenazas a través de Tuenti o de Whatsapp provocan un daño «permanente y universal», pues llegan a un número ilimitado de personas y jamás desaparecen.

La calle, las zonas de ocio, los chamizos o los patios del colegio y el instituto continúan siendo el escenario en el que jóvenes se pelean, se insultan o se amenazan. Sin embargo, las nuevas tecnologías brindan a los adolescentes otros espacios donde pueden ejercer el acoso sobre los demás, sobre sus compañeros de clase o supuestos amigos. Twitter, Facebook o el mismo Whatsapp ganan terreno virtual a los tradicionales decorados donde chicos y chicas suelen dirimir sus desencuentros.
No son muchos los casos que llegan hasta el Juzgado de Menores (obviamente los más graves y previa denuncia de la víctima) pero crecen en número paulatinamente. Más del 7% de las agresiones y amenazas que investiga el órgano que dirige la jueza Blanca Subiñas se producen a través de alguna de las redes sociales que utilizan los jóvenes. En total, seis de los 83 expedientes abiertos por estas faltas o delitos en 2014.
No es un número todavía demasiado elevado, reconoce la magistrada, quien advierte de que «estas conductas van en aumento». Por dos motivos. El primero es porque el acceso a las nuevas tecnologías «se produce cada vez a una edad más temprana». Y el segundo, porque «los teléfonos móviles disponen de un sinnúmero de aplicaciones» que hacen más sencillo cometer este tipo de prácticas. De ahí que Subiñas alerte a padres y profesores sobre la importancia «de educar a los menores en el buen uso de las nuevas tecnologías». De hecho, numerosos centros educativos recurren a la jueza para que imparta charlas a los alumnos.
Las víctimas de la violencia ejercida a través de las redes sociales son chicas en la mayoría de las ocasiones. Y sufren dos tipos de hostigamiento. Uno de ellos es a manos de varones y suele tener un componente sexual. Generalmente se trata de vídeos (grabados con consentimiento o no de sus protagonistas) que se difunden por Tuenti o Whastapp sin el permiso de la afectada. De ahí que Subiñas recalqué la necesidad de que las adolescentes «velen por preservar su intimidad» y se nieguen en redondo a salir en este tipo de grabaciones, aunque se lo pida su pareja. «Las relaciones a esas edades no suelen ser muy duraderas, por lo que esos vídeos pueden terminar siendo públicos cuando la chica menos se lo espera, incluso cuando es mayor de edad, ya con una vida hecha», sostiene la magistrada.
Además, hay casos en que los chavales aprovechan estar en posesión de ese material audiovisual para «hacer chantaje a las víctimas, con lo que la situación empeora».
Después está el acoso al que una menor o un grupo de menores someten a una compañera de clase. Insultos, burlas y amenazas continuas que terminan por «minar la existencia» de la víctima, la cual en muchas ocasiones se ve «sumida en una depresión». Hablar de hostigamiento entre chicas adolescentes siempre trae a la memoria el caso de Carla Díaz Magnien, la niña de 14 años que se quitó la vida en Gijón en abril de 2013 después de meses de acoso escolar continuado. La Fiscalía ha imputado a dos chicas por ser presuntas autoras de un delito contra la integridad moral.
Y es que a esas edades «la personalidad de las adolescentes está aún por formarse y ser víctimas de acoso -ya sea a través de las redes, cara a cara o de ambas formas- puede provocar daños psicológicos que no se pueden calcular». Y no es extraño, señala Subiñas, que desemboquen en «intentos autolíticos».

Doble daño
Las amenazas, las agresiones, las injurias a través de las redes sociales son «doblemente graves y condenables». Además de alterar el normal estado de ánimo de una persona, «provocan un daño permanente y universal». ¿Por qué? Porque las pruebas de ese acoso (los insultos, las mofas en los vídeos grabados) «jamás desaparecen». Y porque su publicidad es global, llegan a un número incalculable de personas a través de Facebook, Tuenti, Twitter o Whatsapp.
Un denominador común de este tipo de hostigamiento es que suele «cometerse en grupo». Son pandillas de chicos o de chicas las que se unen «para hacer un uso inadecuado de las nuevas tecnologías» con el objetivo de hacer daño a sus semejantes.
¿Qué castigo penal tienen? Cuando el caso es grave, la jueza puede imponer una medida de libertad vigilada durante varios meses, aunque lo normal es que el expediente se ventile con tareas socio-educativas extrajudiciales, según señala Rosa García, trabajadora social del equipo técnico del  Juzgado de Menores. Generalmente escriben ‘cartas de reflexión’ a las víctimas en «las que se disculpan por los hechos». ¿Se conforman los afectados (afectadas, más bien) con la petición de perdón? Sí. «Normalmente lo que quieren es que remitan las acusaciones, de forma que en la mayoría de las veces el caso no llega ni a manos de la jueza», afirma.
Y este tipo de mediación «surte efecto», porque la víctima «consigue el resarcimiento de forma casi inmediata y satisfactoria». Además, agrega, «es muy raro que los acosadores reincidan, pues el trago de pasar por el juzgado no se les olvida fácilmente».
 
 

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