domingo, 25 de mayo de 2014

mi archivo secreto: HISTORIAS DE CIBER BULLING

Es bueno leer esto para aprender... prevenir...




dom may 25 2014
CAROLINA PAGUAS
elpais.com.uy
 
Mmm, ¡qué ganas de comerme un choclo!", sintió gritar Marina, seguido de múltiples risitas socarronas cuando entró a clase. La pesadilla había comenzado la noche anterior, el día que una compañera había anunciado que subiría a Facebook fotos de su fiesta de cumpleaños. Durante una semana, los chicos que habían asistido esperaban las imágenes con grandes expectativas. Todos. Menos Marina.
Ella no recordaba haberse sacado fotos. Tenía Facebook, como casi todos sus amigos de 14 años, pero sin imágenes suyas de cerca; apenas de lejos y siempre con gente. Esa noche estaba subiendo y bajando sin sentido aparente por su página en la red social cuando vio el álbum del evento. Para su alivio no aparecía en ninguna foto. El alivio duraría poco.
Minutos después le llegó una invitación para darle "me gusta" a una página con su nombre. Se largó a llorar. En el sitio había diversas bromas sobre su apariencia. Pero lo que llamó enseguida su atención fueron… ¿fotos? "Compartí esto en diez segundos sino querés ser un monstruo", se leía en la descripción de una de ellas.
Otra tenía el rostro de Marina con un choclo al lado. El zoom hacía ver su acné peor de lo que en realidad era. Hasta ese día había sido su "secreto"; se extendía por su cuerpo, pecho y espalda. En la fiesta, como estaba oscuro y hacía calor, se había animado a sacarse la chaqueta por unos minutos. Ahora su debilidad había sido expuesta, ¿quién sabe a cuántas personas?
Marina no se llama Marina -los nombres en los otros testimonios también fueron cambiados-pero el caso de esta adolescente uruguaya es real y aún llora al contarlo. Cuando ella fue víctima todavía faltaba para que el mundo cayera en la cuenta de que el bullying, una "enfermedad social" para la Organización Mundial de la Salud caracterizada por el hostigamiento en forma reiterada, había tomado un nuevo formato: el ciberbullying. La toma de conciencia tenía nombre: Amanda Todd.
"Y… ¿no te moriste ya?", le escribían por Facebook un grupo de chicos a Amanda. La joven canadiense de 15 años ponía fin a su vida en 2012, luego de haber sufrido sextorsión y múltiples amenazas en las redes sociales por parte de un anónimo y de otras personas que se sumaron al cruel hostigamiento.
El rango etario en el que más se presenta el ciberbullying está entre los 12 y 17 años. Numerosos estudios internacionales señalan que la mayoría de los casos se da entre mujeres. Luis Correa, psicólogo y director de secundaria del colegio y liceo Los Maristas, dice que esto se explica porque el varón tiende más a la confrontación directa, a la acción -bullying tradicional-, mientras que las mujeres son las que más usan las redes sociales y se predisponen al "cotilleo", agrediendo con la palabra. Hay que distinguir, agrega, entre cuando es un problema de chicos o se trata de algo serio. "Hoy en día, se opina y comenta utilizando descalificativos con una liviandad impresionante en las redes sociales", opina.
Durante la entrevista en su despacho, este hecho quedó comprobado cuando dos niños, de unos 10 años, entraron para devolver una guitarra:
-Fulanito, ¿a usted nunca le dijeron cosas feas en Facebook?, preguntó Correa.
-¡Sí, obvio! , contestó el niño como si fuera lo más normal del mundo. Y es que quizás lo es.

AL EXTREMO.

Visiblemente nerviosa, Paola se sienta en la silla de madera. Las manos entrelazadas sobre la mesa, cada cinco segundos se mueven hacia su cabello pelirrojo. Tenía dieciséis años cuando se despidió de sus amigas a la salida del liceo. Al llegar a su casa, prendió la computadora y entró a Tumblr. Esta red social, que antes utilizaba para publicar "pavadas", se había convertido en un espacio de reflexión personal acerca de sus problemas, por lo que había tomado la decisión de desvincularla de sus otras cuentas para evitar bromas.
Eso fue justo lo que no pasó. Paola dejo el link por accidente en su Ask -red de preguntas y respuestas- y dos chicas lo vieron. Eran amigas y compañeras de clase; se habían despedido hacía un par de horas. Twitter fue el lugar que eligieron para poner indirectas haciendo referencia a lo que Paola contaba en su Tumblr y burlándose de sus problemas. Cuando se dio cuenta de que los comentarios eran para ella, comenzó a pedir que no la molestaran, diciéndoles que no sabían cómo era el trasfondo de lo que narraba en su página personal.
Las chicas no le hicieron caso y la siguieron hostigando de forma indirecta hasta que un día empezaron a publicar sobre su padre y su hermano, que se habían ido de su casa en distintos momentos y por distintas razones. Eso fue un punto de inflexión para Paola, por lo que decidió escribirles a sus "amigas" al chat de Facebook y explicarles cómo había sido la situación. La respuesta fue un pedido de disculpas y la promesa de que no lo iban a hacer más.
Pero el problema no había terminado. Tiempo después, en clase de gimnasia, hubo una discusión respecto a la coreografía de fin de año. Las mismas compañeras malinterpretaron un comentario suyo y, aunque les explicó que no era así, volvieron las indirectas a Twitter. Esta vez el problema fue mayor porque comenzaron a involucrar a otra gente. Recibió insultos constantes y amenazas de que le iban a pegar "porque se estaba haciendo la viva".
Con los ojos brillosos cuenta que llegó a sentir culpa. Se preguntaba si ella no sería el problema, no sería la mala para que le hicieran todo eso. Fue ahí cuando tomó la decisión más difícil y también, la más equivocada. "Esto nunca se lo conté a nadie...me cortaba los brazos". En el momento sentía alivio, como si le hubieran sacado un peso de encima. Luego se dio cuenta de que no era la solución y lo dejó de hacer. Nunca le contó a su madre lo sucedido a pesar de que, si bien los momentos críticos de los cortes y amenazas ocurrieron en una semana, el hostigamiento duró unos cuatro meses. Ahora reflexiona que tendría que haber ido a hablar con la institución y así, el problema hubiese terminado mucho antes.

"SHOCK".

El ciberbullying saca a la luz aspectos muy primitivos de la conducta humana, que tienen que ver con la envidia, la mezquindad y la falta de empatía. Los robos de identidad son una forma habitual. Funciona así: la persona roba información de un usuario en una red social y se hace pasar por éste, enviando mensajes a terceros que muchas veces ni conoce.
De eso fue víctima Agostina. De un día para el otro, así sin más, Lucas se había ido. No lo podía creer; estaba en shock. "Era como si se hubiera muerto", recuerda. Pero no había sido así. ¡Nunca existió! Sí, el chico con el que había empezado a hablar por Facebook hacía un par de meses no era real.
Agostina había sido presionada por uno de sus amigos para empezar a chatear con Lucas. Al principio le pareció extraño que tuviera tan pocos amigos en su cuenta. Había nacido en otro país y se encontraba viviendo en Uruguay, esa debía de ser la explicación, pensó. Además, tenía un grupo de amigos numeroso y muchas fotos. Estudiaba, era cariñoso con su familia y parecía hecho a la medida de Agostina.
Ella cuenta dos anécdotas: la primera es que Lucas la inspiraba a hacer las cosas que le gustaban. Tenían personalidades compatibles y la misma forma de pensar. Un día, cuando salió de estudiar, pensó en él. Quería ir a pasear pero no llevaba mucho dinero. Se dijo a sí misma que "las cosas pequeñas son las que nos hacen felices" y, aunque sonara tonto -advierte entre risas- llamó a una amiga suya para encontrarse y pasaron una tarde espectacular.
La otra experiencia fue bastante menos feliz. Con Lucas nunca habían hablado por teléfono, pero quedaron en encontrarse en un baile un par de veces. Agostina hasta creyó verlo una vez y, en vez de ir a buscarlo, se escondió. No era él, por supuesto, pero ella no lo sabía. En realidad todos los perfiles de los amigos existían, solo que vivían en otro país y bajo distintos nombres. Con el tiempo los afectados averiguaron que una chica estaba detrás de todo esto, pero no pudieron saber nada más.
Agostina agregó al Facebook al verdadero "Lucas" y le explicó lo que había pasado para advertirle que se estaban usando sus imágenes y datos personales sin su consentimiento. Para ese entonces el perfil falso ya se había borrado. El chico le respondió, amigablemente, pero al día siguiente la eliminó de su cuenta. Con la historia como prueba y la poca seguridad en las redes sociales, ¿qué le impedía a él creer que ella no era real?

Crueldad anónima y baja autoestima

- El psicólogo y experto en redes sociales, Roberto Balaguer, define el ciberbullying como "diferentes tipos de acoso utilizando la tecnología". Es favorecido por el anonimato que permiten algunas redes sociales y porque el grupo de espectadores crece significativamente. El experto lo llama "efecto coliseo" porque puede llegar a ser "un estadio de gente", maximizando los efectos que pueda tener el daño en la víctima.
-El problema se da más en la adolescencia porque, además de ser el grupo que más usa Internet, en esa etapa hay un proceso de transformación de la identidad. "Esto sucede por identificación o contra identificación, es decir, me asemejo o me alejo del otro. En esta línea, se puede hablar de un perfil común en muchos de los agresores: aspectos que rechazan de sí mismos o tienen temor que sean parte de sí, lo proyectan en el otro", dice el psicólogo Luis Correa.
- Los roles son móviles. El victimario muchas veces ha sido objeto de otros abusos, por lo que se desquita con los demás. De todos modos, según Correa, "la conducta sistemática de agredir no es tolerable del punto de vista ético, pero tampoco normal desde el punto de vista psicológico".
- Para que exista el ciberbullying deben estar los tres elementos que componen el "triángulo": victimarios, víctimas y observadores. Balaguer señala que los dos primeros son perfiles vulnerables, solo que uno toma la posición activa de hacer mal y el otro no sabe cómo defenderse.
- Entre las víctimas se comparten características que los vuelven vulnerables frente al grupo. En general se ve que tienen dificultad de autoestima, les cuesta defenderse y poner límites. Están en un desequilibrio de posiciones, real o imaginario, frente a los agresores.
- Los observadores pueden tomar una actitud pasiva (de indiferencia) o activa -que va desde los que son potenciales agresores hasta los que, en menor cantidad, defienden a la víctima-. También sucede con frecuencia que, a pesar de no estar de acuerdo con lo que ven, optan por seguir a "los líderes" por miedo a ser asociados con la víctima,
 
 

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