sábado, 7 de septiembre de 2013

tems complejos: SEÑALES Y FUERZA PARA AFRONTAR LOS PELIGROS...



Señales de uso de drogas y alcohol entre adolescentes

 

Especial/The Miami Herald

Calificaciones bajas, cambios de humor, lentitud al hablar, ojos enrojecidos, apariencia descuidada, sangrado por la nariz, alucinaciones, náuseas y falta de energía pueden ser banderas rojas que indiquen que un adolescente está usando drogas o alcohol.
En el comienzo del año escolar, los adolescentes hacen nuevos amigos, tratan de formar parte del grupo y fácilmente caen en la tentación de “probar”.
Un par de meses después de que el hijo de Gloria comenzó a traer calificaciones más bajas que lo usual, le comentó sobre fumar marihuana. Tenía 16 años y cursaba el segundo año de escuela superior.
De acuerdo con el Dr. John C. Eustace, director médico del Centro de Tratamiento de Adicción del South Miami Hospital, además de las señales físicas, los padres pueden detectar el uso de drogas y alcohol en los adolescentes cuando encuentran el “material”. Esto puede ser una bolsa de marihuana, un paquete de cigarrillos, latas de cerveza, pastillas o potes de pastillas o balanzas digitales que se usan para pesar la marihuana.
En el caso de Gloria, una prueba de droga de $40 que compró en la farmacia y que le dio a su hijo inesperadamente, confirmó que estaba fumando marihuana.
Los médicos dicen que el acercamiento inicial o la confrontación después de que los padres descubren que sus hijos están utilizando drogas o alcohol son clave. Recomiendan una conversación que no incluya un discurso que los atemorice o amenace. En lugar de eso sugieren un diálogo saludable que incluya escuchar y hablar.
“Una vez que el joven está sobrio, los padres deben hablar con sus hijos en una forma no confrontativa, sin juzgar y de una manera directa”, dice la Dra. Marilyn Camerota, subdirectora de servicios comunitarios para jóvenes en Memorial Healthcare System. “La idea es tener un diálogo abierto con su hijo de forma que ellos entiendan que su comportamiento es dañino, pero que usted está ahí para apoyarlo a que no lo continúe”.
Una vez que los padres saben que el adolescente ha desarrollado una adicción, lo mejor que se puede hacer es buscar ayuda profesional, dice Camerota.
Para Gloria, ayuda profesional significó llevar a toda la familia al psicólogo y decidir, eventualmente, enviar a su hijo a un internado.
“Logró estar sobrio e iba muy bien”, dice Gloria. “Pero cuando regresó, volvió a la misma escuela, al mismo grupo de amistades y continuó utilizando marihuana”.
Una de las cosas más importantes es dedicarle tiempo, dice Eustace. Su recomendación: evalúe el historial familiar y el uso de drogas y alcohol entre los integrantes de la familia.
“El cerebro humano no se desarrolla totalmente hasta la edad de 25 años o más, por lo que el cerebro joven es más susceptible a dañarse y alterar las funciones cuando está expuesto a alcohol y drogas”, comenta Eustace. “La meta principal de los padres y encargados es proteger al adolescente de daños en el cerebro por el mayor tiempo posible”.
María, madre residente en Miramar, no tiene historial familiar de drogas o alcohol. Pero una noche, luego de levantarse al escuchar ruidos extraños, atrapó a su hijo fumando marihuana en el patio.

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Ella lo presionó a decirle de dónde habían salido las drogas y luego de varias conversaciones, él le dijo que las consiguió con alguien en la escuela.
“El lunes en la mañana, fui a la escuela y solicité hablar con un consejero”, cuenta María, cuyo hijo tenía 17 años y cursaba el tercer año de escuela superior. “Quería ayuda y no iba a esperar a que mi hijo se convirtiera en un adicto a drogas”.
Los consejeros recomendaron el programa del Departamento de Servicios Comunitarios para Jóvenes de Memorial Healthcare Systems, lugar en el que su hijo tomaba clases y era sometido continuamente a pruebas de dopaje.
Durante el tiempo en que estuvo en el programa, María le quitó los privilegios de teléfono y computadora, administró su dinero a través de una cuenta de banco y estaba constantemente pendiente de él. Durante ese mes, él dio negativo continuamente a la prueba de uso de droga.
De acuerdo con Camerota, la adicción activa es un desorden de por vida que no tiene “cura”. Ella estima que un programa típico de tratamiento puede durar de 12 a 16 semanas. También hay disponibles programas intensivos de un mes, pero los padres deben entender que esto continúa siendo una “lucha diaria”.
“Yo hablo mucho con mi hijo. Me preocupa lo normal y accesible que era para él conseguir drogas en la escuela”, comenta María. “Mi hijo dice que podía comprar marihuana por solo $5. Me preocupó que regresara a la escuela”.
Eustace comenta que por los pasados diez años, el uso entre adolescentes de tabaco, alcohol, marihuana, cocaína, crack, heroína, alucinógenos, inhaladores, fármacos, drogas que no requieren receta y drogas de diseñador, no ha cambiado mucho.
“Sin embargo, la potencia ha cambiado y también la disponibilidad”, menciona. “El uso de la internet y la prevalencia de varias formas de medios sociales ha contribuido a la proliferación de comportamientos en busca de alcohol y de drogas”.
El rol de los padres continúa siendo uno de los aspectos más importantes para la prevención y tratamiento. Los médicos recomiendan crear una relación fuerte entre padres e hijos desde una edad temprana y hablar con los niños sobre una variedad de temas, incluyendo las adicciones.
“Siempre he buscado ayuda profesional y he estado cerca de Dios”, comenta Gloria. “Sufro, pero sufro con esperanza. Veo a mi hijo en el futuro como un hombre restaurado, con amigos saludables y como un profesional. Creo en mi hijo y sé que va a tener éxito”.

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