viernes, 6 de septiembre de 2013

investigaciones: CUIDAR LA VIOLENCIA VERBAL



Gritar a los adolescentes es tan perjudicial como pegarles, según un estudio

La investigación sostiene que la violencia verbal agrava los problemas de comportamiento

Jueves, 5 de septiembre del 2013
EL PERIÓDICO / Nueva York
Gritar a los adolescentes o utilizar un lenguaje agresivo para recriminarles su actitud puede ser tan perjudicial como pegarles. Es la conclusión de un estudio de investigadores de las universidades de Pittsburgh y de Michigan que se ha publicado en la revista Child Development. El estudio sostiene que "los gritos no van a reducir o corregir los problemas de comportamiento" sino que, al contrario, pueden agravarlos.

zoomUn grupo de adolescentes, en los pasillos de un instituto, en Filadelfia (EEUU).
Un grupo de adolescentes, en los pasillos de un instituto, en Filadelfia (EEUU). Matt Slocum | AP
Mayor agresividad y depresión son algunas de las posibles consecuencias de los gritos o recriminaciones verbales -- como "vago" o "estúpido"-- de los padres a sus hijos, según apunta Ming-Te Wang, profesor del departamento de Educación y Psicología de la Universidad de Pittsburgh y coautor del estudio.
El estudio ha analizado un total de 976 familias con hijos de 13 y 14 años de edad. Los chicos contestaron preguntas relacionadas con sus problemas de comportamiento, la relación con sus padres y posibles síntomas de depresión mientras que los padres rellenaron formularios para medir su nivel de uso de lenguaje agresivo.

Aumento de los problemas

El 45% de las madres y el 42% de los padres de niños de 13 años admitieron haber chillado a sus hijos en el último año. El estudio ha detectado que esos adolescentes a quienes sus padres gritaban sufrieron un incremento de sus problemas de comportamiento al año siguiente que incluían peleas con compañeros, problemas en el colegio, mentiras a los padres y síntomas de depresión.
Estos incrementos son similares, apunta el estudio, que los registrados en adolescentes que sufren violencia física por parte de sus progenitores. El agravamiento del comportamiento de los jóvenes daba pie a una espiral en la que los padres incrementaban aún más el uso de lenguaje agresivo contra sus hijos.
Ante esta panorama, la táctica más recomendada para tratar con los adolescentes es retirarles privilegios pero si emplear un tono de reproche ni utilizar insultos o un lenguaje ofensivo, según apunta el psiquiatra y profesor Timothy Verduin citado por el Wall Street Journal, que da otra receta para padres desorientados: "Uno se siente más responsable de su comportamiento cuando quien le corrige es alguien al que respeta o admira. Cualquier cosa que un padre haga para avergonzar a su hijo le quita el poder que tiene como padre".
 
 
 

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