jueves, 16 de mayo de 2013

los jueves con Edu y Marta: EL AMBIENTE SOCIAL INMEDIATO DEL ADOLESCENTE

El problema no es tanto "a dónde va el muchacho", sino "con quién va"...


 

   La vida del cole, actividades comple-mentarias, reuniones sociales, grupos mix-tos, vida de equipo, acompañar al líder...

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
a)     La vida del colegio va adquiriendo mayor importancia en la definición del rol social del muchacho y de la chica. En la convivencia con sus compañeros va descubriendo su personalidad, sus virtudes y carencias y, lo que más le importa, el grado de aceptación. En este momento el fracaso en las relaciones con los compañeros puede ser definitivo. Los muchachos, muchas veces, no admiten a los compañeros menos capacitados, y éstos pueden llegar a adquirir traumas serios.

       Sus amigos, sus calificaciones y profesores, son con frecuencia causa de tensiones e incomprensiones para ellos, así como de imborrables momentos de alegría y sana convivencia. Aquí es importante subrayar que algunos profesores llegan a formar parte del círculo de amigos de los adolescentes. Su influjo, para bien o para mal, es a veces decisivo. Todo formador que quiera ayudar al muchacho, debe poseer noticia de primera mano sobre el ambiente escolar en general y sobre el talante de las personas que frecuenta en dicho ambiente.

       Está claro, para el pre-adolescente el colegio es su mundo. Nada de lo que le sucede allí le es indiferente. Lo que al adulto le puede parecer insignificante (un gol en el recreo, un saludo del profesor, una burla del compañero, una clase aburrida, etc.) no lo es para él. Con frecuencia cosas pequeñas ocasionan grandes tensiones. En este contexto es muy importante que el formador esté muy atento para percibir e interpretar todas las reacciones que van mostrando los muchachos ante el mundo que poco a poco van empezando a descubrir.

       Son fundamentales también las actividades complementarias. Los padres y educadores deben fomentarlas sin atosigar ni “cargar demasiado las tintas”. Estas actividades pueden ser una válvula de escape para un muchacho menos afortunado en las aulas. De suma importancia será fomentar la participación en aquellos grupos juveniles que ofrezcan ciclos formativos para adolescentes y actividades de concienciación social, así como un verdadero ambiente alternativo donde los muchachos se encuentren a gusto, rodeados de sus amigos, pero en circunstancias formativas favorables.

      Volviendo al tema de la educación diferenciada, recordamos que vuelve a tomar fuerza en algunos países al comprobarse los beneficios de ésta para sacar el mayor rendimiento pedagógico en ellas y ellos. Por lo demás nos remitimos al texto de Chesterton, y reconocemos que no deben faltar  las oportunidades y  ciertos ámbitos donde chicos y chicas se puedan ir conociendo poco a poco, en sus diferencias y en su complementariedad, pero sin querer forzar nada.

 

b)     Las reuniones sociales empiezan a ser el punto de referencia de la vida de los muchachos. Pueden pasarse la semana programándolas o hablando de cómo fue la última que tuvieron. El ambiente de estas reuniones, lo que en concreto suceda en ellas, depende básicamente de la forma de ser del grupo en cuanto tal, especialmente de sus miembros más influyentes. Los padres y educadores de muchachos que de por sí son sanos no deberían preocuparse mucho de lo que hacen en ellas; bastarían unas breves referencias para saber que todo va bien. En cambio, no pueden actuar así los padres y educadores de los muchachos más inquietos, o de aquellos excesivamente reservados en sus cosas. Es necesario prevenirles adecuadamente de las  consecuencias negativas de lo que puede suceder en esas reuniones sociales. A los miembros de los grupos más inquietos o adelantados no hay que darles tantas facilidades, tanta libertad de horarios, mucho dinero, etc. Los padres y educadores no deben dejarse impresionar de sus reclamos de mayor libertad ("porque todos van a ir..."). Tampoco se trata de prohibiciones tajantes, porque las consecuencias pueden ser peores.

       En los permisos para salir es en donde los padres de adolescentes deben mostrar, hoy en día más que nunca, su habilidad y su firmeza educativa. Los descuidos en este campo, así como las preocupaciones mal llevadas, pueden generar serias desviaciones en la vida del muchacho o de la chica.

       En esta dirección, el problema no es tanto "a dónde va el muchacho", sino "con quién va".  Fiestas, conciertos, partidos de fútbol, etc.; sin duda que el ambiente de estos lugares es importante, pero interesa más el ambiente limitado, inmediato, el que el grupito concreto de amigos forma en torno a sí en cualquiera de estos lugares. Ese ambiente inmediato, en la adolescencia, es el que más importancia reviste para la educación moral y de la conciencia del muchacho, para el desenvolvimiento sano de sus capacidades sociales y humanas. Un buen grupo de amistades será capaz de construir en los adolescentes, en poco tiempo, valores y principios que el formador podría tardar años en inculcar. Y de igual manera, un ambiente negativo de amistades puede destruir en breve tiempo lo que se había construido con el esfuerzo de muchos años.

 

c)     Poco a poco el grupo de chicos varones (que como vimos ya, van retrasado en este tema) se va abriendo al grupo de niñas, a veces de un curso inferior al de ellos, si no más; precisamente porque las de su curso empezaron antes la socialización con chicos mayores. Dentro de esta relación grupal se van creando intereses más particulares y se van definiendo las preferencias y tendencias concretas de cara al otro sexo. Es importante vigilar para que esta intersección de grupos de ambos sexos se realice en un entorno sano y de mucho respeto. En la adolescencia hay que fomentar esta relación múltiple para no adelantar un “noviazgo” que podría impedir un conocimiento del otro sexo variado y rico. El muchacho y la chica pueden entender fácilmente que no les conviene comprometerse sólo con una niña o sólo con un chico, respectivamente, cuando están en la edad de definir el propio carácter, las propias preferencias, hábitos y gustos naturales. De todos modos (aunque lo pueden entender) la presión ambiental los arrastra muchas veces, especialmente a las chicas, a noviazgos prematuros. Y como con el grupo de amigos, el resultado de la experiencia dependerá de la acertada elección de la persona con la que “salen”.

 
d)     Qué más hacer para ofrecer un buen ambiente a los adolescentes. Para empezar, es recomendable que en las conversaciones con los adolescentes, o en las charlas que se les dirige, se haga una constante referencia a la realidad de su vida joven. El adolescente tiende a interpretar todo lo que  sucede en clave de su mundo interior y de su medio ambiente. Cuando nuestras recomendaciones o charlas formativas, sea cual sea el tema, están basadas en ejemplos de su vida ordinaria, de sus problemas específicos, éstas adquieren una gran fuerza. Y ayuda mucho, también, relatar de forma atractiva anécdotas sucedidas a otros adolescentes, más o menos cercanos a ellos y a sus circunstancias.

       Otro tema clave que no nos cansaremos de repetirlo (lo comentamos al hablar del principio de eficacia pedagógica): es preciso que el educador deba asegurar el acompañamiento del líder natural, del que pueda aportar una influencia positiva en los demás. Ganado éste para el bien, será un "co-formador" de ayuda inestimable, pues llegará a ser eco de las orientaciones rectas y vigía de la fiel perseverancia de su círculo de amigos en los compromisos de vida cristiana. Y, como dijimos en la primera parte del libro, para nada esto significa una instrumentalización de estos  chicos más capaces, pues su misma naturaleza les reclama estos retos. Y para nada significa discriminación hacia otros, quienes verán de modo natural el sentirse apoyados en su educación por aquellos compañeros a quienes admiran.

En definitiva, si se quiere influir eficazmente en la vida de un adolescente se tiene que asegurar la influencia en la vida de todo su grupo de amigos. Querer construir sin contar con el apoyo de su medio ambiente inmediato no da garantías de consistencia y de duración. Para lograr esto, es vital la ayuda de la vida de equipo, donde el chico pueda construir encuentros sanos y transformantes. El ideal es hacer del grupo inmediato de amigos un equipo de formación y trabajo apostólico en un centro juvenil o en una organización de ayuda social. Y que ese grupo homogéneo tenga un monitor líder cercano a su ambiente y sus problemas, que los vaya llevando tanto en los momentos de formación como de labor social y diversión.

Es bueno también fomentar lo más posible en los muchachos los viajes, fines de semana, períodos de vacaciones, que puedan compartir con los educadores (sacerdotes, laicos comprometidos). Los padres de familia deben ver lo absurdo de negar estos viajes a los hijos, mientras les permiten ir a otros lugares donde el ambiente sano, al menos, no está garantizado (mucho más cuando es mixto, donde las malas sorpresas suelen darse) y, muchas veces, no hay un acompañante adulto responsable. El preadolescente, en concreto, no está todavía capacitado para elegir su forma de vacaciones, el lugar de sus viajes. Los padres deben elegir por él y explicar y motivar lo necesario para que el muchacho vaya contento a estos lugares sanos (campamentos, colonias, peregrinaciones, etc.).



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