jueves, 11 de abril de 2013

reflexiones serias: DE LA TEORÍA A LA PRÁCTICA PEDAGÓGICA



 
Blog de Amparo09/04/2013

Así se valora el esfuerzo

adolescentes
 
Le dijeron que saliera de clase. Allí le esperaban sus profesores para felicitarle personalmente por haber aprobado las asignaturas que llevaba “arrastrando” del curso anterior. Volvió a entrar en el aula y entonces fueron sus compañeros los que reconocieron su esfuerzo con un fuerte aplauso colectivo.
 
Hoy no le dedico el blog a una película americana, ni a un colegio del otro lado del charco, sino a Álvaro (el hijo de mi amiga Eva) y a sus profesores en un colegio madrileño.
 
Álvaro es adolescente y cuando contaba en casa lo sucedido lo hacía “como si tal cosa”. A estas edades la comunicación es así; parece que todo les resbala, sin embargo, una intuye que lo que sucede realmente es que las cosas les afectan mucho y que su interior toma nota de todo.
 
Mi amiga se emocionaba al contármelo y no me extraña.
 
A estas alturas de la vida, andamos sobrados de teoría y faltos de práctica. “Tenemos que valorar el esfuerzo”; “motiva a tus hijos con los estudios”; “ayúdales a crecer con autonomía y siendo responsables”; “invítales a que tomen sus propias decisiones”…
Todo eso me lo sé; pero últimamente he dejado de leer libros de psicología y de asistir a escuelas de padres, para pasar a la acción. Lo que busco como loca son concreciones de estos mantras que llevo años escuchando por aquí y por allá. En mi caso, la mejor escuela es escuchar las experiencias de otras mamás inquietas que tengo a mi alrededor.
No nacemos sabiendo ser padres, ni llevamos en el bolso un detector de aciertos. En muchas ocasiones la mejor señal de que lo hemos hecho bien es la mirada de los niños; en otras los resultados y muchas veces nunca sabremos si lo hicimos bien, o podríamos haberlo hecho mejor.
La intuición también funciona y no queda otra, que buscar actitudes, trucos y gestos alternativos, si tenemos el pálpito de que algo no va bien.
Cuando Eva me contaba lo que le había sucedido a su hijo, pensé: “Así se valora el esfuerzo”. Y, con su permiso, ya he archivado la felicitación de los profesores y el aplauso colectivo en mi colección de experiencias constructivas. Me encantaría saber cómo recuerda Álvaro este momento dentro de unos años, pero si mi intuición no falla esta vez, me atrevería a decir que la felicitación ha encontrado en su corazón adolescente, la horma de su zapato.
 
 

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