jueves, 13 de diciembre de 2012

los jueves con Edu y Marta: DESARROLLO SOCIAL EN LA ADOLESCENCIA (II)


Relación interpersonal II


           En la pre-adolescencia la amistad está más ordenada a la identificación grupal, por lo que es una amistad de carácter normalmente superficial. Los grados de intimidad o de distancia social entre amigos aparecen poco a poco, a medida que se desarrolla la adolescencia. Los muchachos,  así, van eligiendo el propio confidente; y es que en la amistad adolescente hay un fuerte elemento de selección, que se complica con el surgir del interés por la persona del otro sexo.

      Parece que el deseo de amistad es paralelo al deseo de conocerse. La actitud auto-analítica parece perder eficacia si el muchacho no tiene la posibilidad de realizarlo más intensamente en la presencia de otra persona; él ama la confidencia, requiere sólo la existencia de uno que escuche, no le pide más. Más tarde el amigo pasará de  mero confidente de “mis problemas” a ser compañero real. Es en este período en donde el educador puede presentarse como un verdadero amigo que, como ningún otro, sabe escuchar y comprender. 

La búsqueda de amistades  también  puede responder a otras exigencias más o menos implícitas: la de defenderse contra la incomprensión o la opresión de los mayores, es decir, contra el mundo de los adultos; la de superar la dificultad de la instancia moral personal sustituyéndola por una instancia colectiva, la de las reglas del grupo. Y en las motivaciones para elegir a los compañeros hay también un cambio con respecto a los niños: en éstos los motivos son más externos; en la adolescencia la elección viene determinada del comportamiento social y del carácter de la persona (“éste es de los míos”).




      Los adolescentes tienden a aislarse frecuentemente en la búsqueda de sí mismos; pero a menudo se unen en pequeños grupos muy homogéneos y muy críticos en relación al exterior, grupos inestables, influenciados por la personalidad del líder, en los cuales determinadas personas son aceptadas o rechazadas. El educador debe estar atento a que esos aislamientos o esos grupos críticos afecten lo menos posible al muchacho; y debe valorar si debe, de modo prudente,  poner los medios para que el chico corte de sano con ellos. Y es que en la vida grupal de los adolescentes hay elementos negativos que ellos mismos no logran eliminar. Pero es mucho más lo positivo de esta vida grupal: reduce el hábito de fantasear y de soñar con los ojos abiertos; la inestabilidad del humor y del carácter tiende a controlarse; en los grupos grandes se elimina el morboso gusto por el secreto personal; la inteligencia de la persona viene usada socialmente, y hay una cierta compensación en el uso de las capacidades intelectuales de diverso coeficiente.

 

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