miércoles, 12 de diciembre de 2012

investigaciones: QUIÉN DEBE DECIR LO QUE PUEDEN VER

 
 
Me impresiona que tantos padres quieran "delegar" en la administración la responsabilidad de lo que sus hijos deben ver o no ver en la televisión. Hablan de "impotencia". Yo diría que falta mucha autoridad y compromiso. Prevalece la comodidad...
 
 

Más de ocho de cada diez adolescentes madrileños creen que sus padres no deben decidir lo que ven en televisión


 
MADRID, 11 Dic. (EUROPA PRESS) -
Más de ocho de cada diez adolescentes madrileños, en concreto un 84,4 por ciento, consideran que sus padres no deben decidir lo que ven en televisión, según el estudio 'Consumo televisivo, series e Internet', realizado por Fundación de Ayuda contra la Drogadicción (FAD), Obra Social Caja Madrid y el Instituto de Adicciones del Ayuntamiento de Madrid.
Asimismo, los resultados del estudio, que han sido presentados este martes por el director técnico de la FAD, Eusebio Megías, ponen de manifiesto que, según los adolescentes, los padres dicen "pocas veces" (35,8 por ciento) o "nunca" (46,9 por ciento) a sus hijos lo que deben o no deben ver, con independencia de lo que ven.
Sin embargo, la necesidad de contar o no con reglas sobre lo que se puede ver y lo que no es un tema que "genera discrepancias", según el informe, ya que el 46,4 por ciento de los adolescentes se muestra a favor y el 41,6 por ciento en contra, mientras el resto no sabe o no contesta.
A este respecto, buena parte de los entrevistados, madrileños entre 14 y 18 años, piensa que los aspectos regulatorios deben quedarse en el ámbito privado y familiar. Sobre una escala de diez, otorgaron una media de 6,62 a la opción de que son ellos mismos quienes tienen la responsabilidad de cumplir ciertos criterios reguladores y una media de 6,37 a la de que son los padres.
Los autores del informe interpretan estos datos como una "apelación a la autorregulación". Asimismo, observan "cierta contradicción", en relación a la responsabilidad atribuida a los padres por los adolescentes, teniendo en cuenta que la gran mayoría afirma que sus progenitores no deben dictar lo que deben ver.
Al mismo tiempo, la opción de responsabilizar a las cadenas de televisión alcanza una nota de 6,08 y de 5,98 a productores y guionistas. A bastante distancia, 5,31 queda la responsabilidad de todos los espectadores y, sobre todo, del Gobierno y los políticos, 4,73.
En este sentido, Megías ha apuntado que los padres pusieron de manifiesto su sensación de "impotencia" a la hora de controlar lo que ven sus hijos y que, en contraste con la opinión de los adolescentes, ellos prefieren que los criterios reguladores se apliquen "desde las administraciones".
Por otro lado, la sensación de los padres contrasta, por su parte, con las afirmaciones de los jóvenes en cuanto a que más de la mitad (53,6 por ciento) dice que sus padres saben qué programas ven cuando están solos y les parece bien. Asimismo, el 26,6 por ciento dice que los respetarían, con independencia de que les gustara o no.
Un 13,2 por ciento de los adolescentes afirman que sus padres saben qué programas ven y no les gustan, pero les dejan verlos. Un 8,2 por ciento cree que sus padres no entenderían lo que ven cuando están solos o les parecería poco adecuado para su edad, y un 1,6 cree que les parecería horrible, frente al 3,4 por ciento que cree que les interesaría y les gustaría. El resto, no sabe o no contesta.

EL 50% DE LOS ADOLESCENTES DISPONE DE TV EN SU CUARTO

En cuanto a la creencia generalizada de que ya no se ve la televisión en familia, el estudio demuestra que las cosas están cambiando en esa dirección, porque los adolescentes tienen acceso a sus propias pantallas. De hecho, el 50,6 por ciento tiene televisión en su cuarto y el 70,3 por ciento cuenta con ordenador con conexión a Internet en su habitación.
Sin embargo, también señala que las cosas han cambiado menos de lo que se piensa, teniendo en cuenta que la mitad de los jóvenes no dispone de receptor propio y la otra mitad que sí lo tiene ve la televisión más en el receptor familiar, sobre todo aquéllos que pasan más horas viendo la televisión.
Así, por ejemplo, de los que ven la televisión entre 2 y 3 horas, el 29,8 por ciento de las horas lo hacen en la televisión familiar y el 11,9 por ciento en la suya propia, en lo que respecta a los días de diario.
Otra de las conclusiones del informe es que la mayoría de los jóvenes hacen el mismo uso del ordenador para ver la televisión que en años anteriores, y así lo afirma un 66,3 por ciento.
Respecto a quién decide lo que se ve en familia, el 41,7 por ciento de los adolescentes asegura que "entre todos, pero más los padres"; el 34 por ciento "entre todos, pero más los hijos"; el 14,6 por ciento "casi siempre los padres" y el 9,7 por ciento "casi siempre los hijos".
En este sentido, Megías ha constatado que puede que los jóvenes hayan mentido en sus respuestas, pero ha sostenido que la situación real tiene que ser parecida a la que cuentan, ya que hay pocas discusiones al ver la televisión en familia.
Mientras que el 60,7 por ciento de los jóvenes afirma que no hay discusiones "nunca" o "casi nunca", un 25,9 por ciento reconoce que "sí, pero poco", un 10,4 por ciento que "sí, bastante" y un 3,1 por ciento "sí, mucho".

INFLUENCIA DE LAS SERIES JUVENILES

Los adolescentes ven sobre todo películas (89,1 por ciento) y series de humor españolas (84 por ciento) y aunque uno de los tópicos discursivos de los que parte el estudio es que "las ficciones juveniles de televisión influyen en los adolescentes", estas series se encuentran en sexto lugar (58,4 por ciento).
El 80 por ciento de la población juvenil madrileña afirma que las series juveniles les influyen "poco", "casi nada" o "nada" en su comportamiento, frente al 12,8 por ciento que opina que les influyen mucho, para bien (4,1 por ciento) o para mal (8,7 por ciento).
Sin embargo, esta respuesta es "matizable", ya que un 32,1 por ciento de los encuestados cree que las series juveniles pueden influir en cómo se relacionan con otros adolescentes, en las preferencias en moda y tendencias (28,2 por ciento), en la elección de los grupos de amigos (26,1 por ciento), en la forma en que se comportan en familia y se relacionan con sus padres (19,4 por ciento), y otra serie de factores, entre ellos la actitud hacia el consumo de drogas (14,6 por ciento).
Además, como en los aspectos anteriores, minorías importantes señalan que los elementos mejor representados en las series juveniles son los personajes adolescentes (45,9 por ciento), las cosas que les pasan a los adolescentes (32,2 por ciento), los problemas que enfrentan adolescentes (28,2 por ciento) y los riesgos a los que se pueden enfrentar (26,9 por ciento).
Por contra, como elementos peor representados han sido destacados la realidad en los centros educativos (40,5 por ciento), los personajes adultos (27,7 por ciento), la realidad de la relación con las drogas (27,1 por ciento) y la realizada de la relación con el sexo (24,8 por ciento).
Megías ha señalado que a través del estudio se ha constatado la persistencia de un "dilema" sobre el papel de la televisión, aunque con tendencia a primar el del entretenimiento. Del 1 al 10, la valoración del papel de entretener asciende a 7,78, la del papel de informar a 7,17 y la del papel de educar a 5,45.
En la presentación han intervenido también la directora de Integración Social de Obra Social Caja Madrid, Paloma Perezagua, la subdirectora general del Instituto de Adicciones del Ayuntamiento de Madrid, Nieves Herrero, el director general de FAD, Ignacio Calderón, y el delegado del Gobierno del Plan Nacional sobre Drogas, Francisco Babín.
Todos ellos han subrayado la importancia de investigaciones como ésta, "con el fin de apoyar acciones para que los jóvenes y sus familias tengan las herramientas necesarias de protección frente a los riesgos a los que están expuestos", en palabras de Perezagua.
En la misma línea, Calderón ha dicho que el objetivo de estudios como éste es "promover una reflexión de todos y cada uno y, si es posible, la decisión de las autoridades".
Por su parte, Babín ha destacado que la tutela de los menores de edad no sólo responde a las familias sino también a las administraciones.
 

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