lunes, 12 de noviembre de 2012

realidad en vivo: ¿FIESTA? NO SE TRATA DE PROHIBIR... PERO SÍ DECIR "NO" CUANDO TOCA

Interesante; padres de adolescentes, no dejen de leer esta entrevista. El subrayado es mío. Y los adolescentes que al menos lean la respuesta a la primera pregunta.
 


'Los adolescentes no han cambiado, ha cambiado el entorno, tan hostil'
Redacción (NJ) (Nov 12, 2012) Entrevistas
Jesús Poveda, especializado en psicopatología de la adolescencia, habla con 'Docs' de la tragedia del Madrid Arena.

Su nombre está unido a la lucha por la vida y contra el aborto, de la que es veterano en España. Lo que muchos quizás no sepan es que su consulta está especializada en psicopatología de la adolescencia, que desde hace años le llaman de colegios para enseñar a los chicos cómo organizar fiestas y que a la muerte –ese asunto tan manido de la muerte– le ha dedicado horas de estudio y profesión. O sea, toda una autoridad para hablar del asunto que nos ocupa: la tragedia del Madrid Arena.

-Lo de aquella noche ¿fue una fiesta?

-Fue un estado alterado de conciencia colectivo. Fue la antifiesta.
En una fiesta hay que divertirse. Y para divertirse, como su nombre indica, antes hay que vertirse en algo. Pero allí nadie se divertía. Nadie celebraba el esfuerzo de un examen o el de la recogida de la uva.
-Por otro lado...

-En una fiesta tienen que darse unos requisitos de espacio, tiempo, fondo y forma que en el caso concreto no se cumplían.

-Espacio.

-El local no reunía las condiciones mínimas de seguridad; había más gente de la que permitía el aforo.

-Tiempo.

-Empezó tarde y mal y acabó todavía más tarde y peor.

-Fondo.

-Se celebraba un acontecimiento que no dejaba de ser raro, ajeno.

-Forma.

-Basta con ver el vídeo promocional: dos niñas con dodotis y cuchillos repartiendo gominolas y un tipo que las sube a sus rodillas y las azota hasta dejarlas exhaustas.

-¿Le echamos la culpa a la música ‘techno’?

-No fue sólo la música techno. No fue sólo que eran las tres de la mañana. No fue sólo que hubiera más personas de las que cabían. No fue sólo que alguien lanzara bengalas. No fue sólo que se consumiera alcohol y pastillas. No fue sólo que se entrara con carnés falsos. El problema es que todo junto fue mucho, demasiado.

-Se olvida de los disfraces. ¿Cuestión menor?

-El disfraz tiene su importancia en psicología: ahí están Freud, Jung, la máscara, la sombra... También en Derecho, donde es un agravante del delito o de la falta.

-Luego está el efecto desinhibidor.

-He tenido alumnos en la facultad, excelentes estudiantes de anatomía patológica, que cuando se vestían de tuno, les decían piropos a las farolas. En cualquier caso, no es raro que en una fiesta de disfraces de muertos alguien termine perdiendo la vida.

-Demasiados factores de riesgo.

-La mayoría de ellos previsibles.

-No es el momento de buscar responsables... dicen.

-Todo lo contrario. Aquí ha habido cuatro muertos, decenas de heridos y un mal uso de la libertad, palabra cuyo reverso es otra: responsabilidad. Ahora es el momento exigir responsabilidades, a cada cual según su grado. Otra cosa son los culpables, que de esos se encargará la Justicia.

-¿Qué decirles a los padres de las fallecidas?

-Que les acompañamos en el sentimiento. Y no es una frase hecha. A nadie se le da el pésame acompañándole en el pensamiento. No es momento de pensar en nada, sino de sentir la pérdida sin temer la sintomatología clásica: el lloro, la alteración del sueño, la pena...

-¿Eso es el duelo?

-El cual, por cierto, exige tiempo. Si se hace bien, pasaremos a la siguiente fase, la aceptación de la realidad; a esta seguirá una lógica depresión; y, por último, el ajuste emocional.

-Otra frase que puede sonar tópica: no hay palabras.

-Es lo que dicen los padres que pierden a un hijo. Y tienen razón, no están camuflando su incapacidad para expresarse. Porque cuando pierdes a un padre, eres huérfano. Cuando pierdes a tu cónyuge, eres viudo. Pero cuando pierdes a un hijo... no hay una palabra que lo exprese.

-¿Qué hacer?

-Buscarlas. Y si no las hay, inventarlas. Porque, como decía Shakespeare, cuando no encontramos palabras al sufrimiento, el corazón revienta. Por eso es importante, tremendamente importante, sentirse acompañados. Y las flores. Y los funerales. Pero un acompañamiento de verdad. Y las flores que huelan, no de plástico. Y los funerales con incienso.

-¿Cuatro muertes para nada?

-Hace años un hincha del Atleti mató a otro de la Real Sociedad. Desde entonces, en los estadios se ha tomado una serie de medidas que han evitado que algo así vuelva a suceder. Si de la tragedia del Madrid Arena puede sacarse algo bueno, bienvenido sea.

-“Tampoco es para tanto, no ha pasado nada”, dirán algunos.

-Sí que es para tanto y ha pasado mucho. Otra cosa es quedar paralizados, como si nada se pudiera hacer. Hay que poner las cosas en su sitio, darles la importancia que tienen. En una palabra: reencuadrar.

-¿Eso implica devolverles a los padres el criterio de autoridad?

-Los padres –y los profesores– tienen que creerse lo que son. He hablado con padres que no dejaron ir a sus hijos a esa fiesta y están muy satisfechos.

-Y si el hijo protesta: “Es que van todos menos yo”.

-Los padres harán bien en responder: “Somos tus padres, no los de los demás”.


-Los adolescentes ¿ya no son lo que eran?

-El ciclo vital no ha cambiado, pero sí el entorno, tan hostil que, como en Rebelde sin causa, hay quien pone en riesgo su vida porque algo hay que hacer. A lo del Madrid Arena muchos fueron porque no tenían otra cosa que hacer aquella noche.


-Conclusión.

-Hemos suspendido el examen de alternativas de tiempo libre. Y algo habrá que hacer. Porque es posible pasarlo bien sin hacer el mal.


-¿La solución es legislativa?

-Vivimos en una sociedad que tiende a legislarlo todo. Y habría que regular menos y aplicar más el sentido común. ¿Qué es eso de que los jóvenes no pueden beber en los bares, con lo sano que es? Nadie más interesado en que aprendas a beber que el dueño del local, para que vuelvas. Si los chicos no encuentran su sitio en los bares, ya beberán de garrafón en los parques, donde estarán a la que salta. Y la que saltó el otro día fue la del Madrid Arena.

-Prohibir, prohibir, prohibir.

-A este paso llegaremos al “no se ría, que me mosqueo”.

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