lunes, 1 de octubre de 2012

realidad en vivo: COEDUCACIÓN, MÁS TRATO Y MALTRATO...


Los resultados hablan por sí mismos. Países laicistas promotores de la coeducación, por aquello de la igualdad, se empiezan a dar cuenta de que quizá en eso no hay verdadera igualdad... Como bien dice el artículo, ni la educación mixta ni la diferenciada son dogmas, hay que ver qué es mejor en cada edad y según las circunstancias.
 



Los prejuicios sexistas en la enseñanza mixta


Ignacio Aréchaga | Director de ACE PRENSA

 
¡Alto a los prejuicios sexistas en la escuela! Podría ser una consigna para reformar la escuela en Afganistán o en la India, pero en realidad se refiere a la escuela en Francia, y es el titular de un artículo firmado conjuntamente por el ministro de Educación, Vincent Peillon, y la ministra de los derechos de las mujeres, Najat Vallaud-Belkacem (Le Monde, 27-09-12).

 

La enseñanza en Francia ha buscado siempre asegurar la igualdad de oportunidades y entre los sexos. Estos ideales fueron invocados también cuando en 1975 la enseñanza mixta se adoptó como principio organizador en la escuela pública, aunque en realidad también se impuso por la insuficiencia de locales y profesores ante el avance de la escolarización en esa época.

 

Casi cuatro décadas después, los dos ministros constatan: “Ni la igualdad jurídica, ni la enseñanza mixta han bastado para abolir el distinto modo de mirar a los chicos y chicas, ni la construcción sexuada de los itinerarios escolares ni las violencias sexistas en la escuela”. Un severo diagnóstico. Por lo visto, mezclar chicos y chicas no basta para asegurar la igualdad. “La escuela está lejos de ser neutra desde el punto de vista del género”, aseguran los ministros.

 

La desigualdad más patente en los últimos tiempos es que a los chicos les está yendo peor. Las chicas tienen más éxito en los exámenes y, en cambio, entre los chicos es mayor el fracaso escolar y el abandono prematuro de los estudios. El 76,6% de las chicas francesas obtienen el título de bachillerato frente a un 66,8% de los chicos.

 

Si fueran las chicas las que tuvieran mayor fracaso y abandono escolar, inmediatamente nos preguntaríamos si los profesores se adaptan bien a sus necesidades, si el sistema no está inspirado en criterios masculinos o si el clima de la escuela conspira contra ellas. Pero ahora que los últimos de la fila son sobre todo chicos, todavía el problema se reduce a una cuestión de prejuicios.

 

A lo mejor es porque no hay un ministerio de los derechos de los hombres, pero incluso tras reconocer que a los chicos les va peor en la escuela, el tono del artículo es cómo superar los prejuicios sexistas… contra las chicas. Dicen que en la escuela se espera de los chicos creatividad, y de ellas conformismo; que a ellos se les da más la palabra; que se anima a los chicos a superarse, mientras que a menudo se piensa que las chicas han llegado al tope de su capacidad; que los manuales escolares de historia están llenos de “grandes hombres” y de escasas “grandes mujeres”… Pero si todo esto fuera cierto, resulta aún más misterioso por qué a la hora de los exámenes la balanza de la desigualdad escolar se inclina a favor de las chicas. Quizá sea porque ellos abren menos los manuales, y no se sienten inspirados por los grandes hombres.

 

Se podría echar la culpa de los estereotipos sexistas al profesorado, pero en tal caso serían prejuicios trasmitidos sobre todo por mujeres. Pues, en la enseñanza francesa, las mujeres son el 82% del profesorado en la enseñanza primaria, el 65% en la secundaria inferior y el 53,9% en la superior.

 

Distinta orientación profesional

 

Sea cual sea la causa, la realidad, que lamentan los ministros, es que a la hora de la orientación profesional los chicos y las chicas se obstinan en elegir caminos diferentes. “Los chicas representan apenas un 10% en las secciones industriales y… más del 90% en la sección de ciencias y tecnologías de la salud y de lo social”. Igualmente, aunque hay más chicas que chicos que sacan el título de bachillerato, “ellas no son más que el 43% de los alumnos inscritos en primer año de las clases preparatorias para las ‘Grandes écoles’”.

 

Realmente, nadie obliga a las mujeres a elegir ciencias de la salud en vez de mecánica del automóvil. Pero los ministros no están dispuestos a cruzarse de brazos ante las consecuencias del derecho a decidir en los estudios. Así que se declaran dispuestos a trabajar junto con otros agentes sociales para cambiar las cosas: “Nuestra escuela debe formar más mujeres investigadoras, ingenieras, científicas, que participen en la recuperación del sistema productivo de nuestro país”.

 

Trato y maltrato

 

La coeducación parece que tampoco ha garantizado un mayor respeto en la relación entre ambos sexos. Se decía que con el mayor conocimiento mutuo se suavizarían sus relaciones y se engendraría el respeto. La realidad es que chicos y chicas se tratan más en la escuela, pero también se maltratan más. Por eso, dicen los ministros, “nuestra escuela debe movilizarse contra las violencias de género, esas palabras, esos gestos, esos golpes que excluyen y rebajan a las chicas”.

 

Nadie ha dicho que sea fácil luchar contra los prejuicios sexistas. Tampoco es sencillo remover el prejuicio de que basta sentar en los mismos bancos de la escuela a chicos y chicas para que reine la igualdad, el respeto y la eficacia académica. No vendría mal tener en cuenta que ni la coeducación ni la enseñanza diferenciada son dogmas sino instrumentos que debe ser juzgados en razón de su eficacia en cada caso, como advirtió hace ya algunos años en Francia el sociólogo Michel Fize en su libro Les piéges de la mixité scolaire. En vez de tratar la coeducación como un tabú intocable, Fize hacía una propuesta pragmática de admitir una pedagogía diferenciada, con clases no mixtas en las situaciones y edades en que fuera necesario. En cualquier caso, los que tachan a la enseñanza diferenciada de contraria a la igualdad, deberían demostrar antes que la enseñanza mixta la garantiza.
 
 
 

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