lunes, 27 de agosto de 2012

temas complejos: ADOLESCENTES Y DEPORTE DE ALTO RENDIMIENTO


En un artículo de la Vanguardia sobre adolescentes y deporte de alto rendimiento ponen al final una estupenda nota para los padres. También me parecen muy interesantes las tres condiciones que dan para que un chico pueda entregarse profesionalmente.

Los padres son padres, no entrenadores

El papel de la familia es fundamental para que la carrera de un adolescente deportista sea positiva y sana, independientemente de los títulos que gane. “Los padres son la pieza angular del trabajo con el joven”, afirma Gabriel Esparza, de la oficina de Alt Rendiment Català. Suponen su principal apoyo y protección, pero deben tener muy claro cuál es su papel. “Los padres han de hacer de padres, no de entrenadores”, advierte la psicóloga deportiva Manuela Rodríguez Marote. Esta especialista afirma que la mayoría de los casos en los que algún progenitor ha ejercido también de entrenador han acabado mal. “Cuando la relación es muy estrecha se enrarece y se mezclan sentimientos; una vez llegas a casa, ¿sigues siendo el entrenador o eres de nuevo el padre?”, se pregunta. La familia tampoco debería ejercer una presión excesiva sobre el deportista. A veces los progenitores esperan grandes hazañas de sus hijos, creen que serán campeones, cuando en realidad muy pocos atletas llegan al número uno. “No hay que proyectar las frustraciones sobre los hijos”, sigue Rodríguez Marote. Los psicólogos también trabajan con los padres de los deportistas



Campeones y adolescentes

El deporte profesional exige un gran sacrificio, ¿puede un quinceañero aguantar tal presión? | Un equipo multidisciplinar ha de elaborar un itinerario realista para el chico | Es el joven el que debe elegir dedicarse al deporte, no los padres

 
Campeones y adolescentes
La niña de oro. La gimnasta Gabrielle Douglas logró dos medallas en Londres AP / Julie Jacobson
Maite Gutiérrez
Maite Gutiérrez
Barcelona
La gimnasta estadounidense Gabrielle Douglas ejecuta cada uno de sus ejercicios con una precisión y serenidad de impacto. En los últimos Juegos Olímpicos se la veía salir a la pista concentrada, sin importarle que cientos de ojos, entre ellos los de los jueces, midieran todos sus movimientos. En diez segundos se jugaba diez años de entrenamiento. El resultado: dos medallas de oro en gimnasia artística. Con sólo 16 años ya se ha coronado como doble campeona olímpica. La lista de quinceañeros campeones, sobre todo chicas, en Londres 2012 es larga. A las habituales gimnastas -siempre muy jóvenes- se unen la nadadora lituana Ruta Meilutyte, de 15 años y oro en los 100 metros braza, o la también nadadora Ye Shiwen, de 16, por poner sólo algunos ejemplos. La mayoría de los adolescentes reparte sus preocupaciones entre el instituto, los amigos y los padres -y quizás alguna extraescolar-. Los que además se dedican al deporte de alto nivel añaden a su cesta horas de entrenamiento, exigencia, campeonatos, viajes... Parece que el rigor de la competición profesional no case con la juventud de algunos atletas.

El deporte de élite es madurez, responsabilidad, espíritu crítico, esfuerzo, constancia..., recuerda Josep Marí, psicólogo del Centre d'Alt Rendiment (CAR) de Sant Cugat del Vallès. "Y todas estas características no cuadran con la adolescencia", añade. Acostumbrado a tratar con niños y jóvenes de las más variopintas disciplinas deportivas, Marí señala que un chico de quince años "normal y corriente" no está preparado para tolerar la presión de la competición de élite por sí solo. "Necesita unas cualidades previas y sobre todo una preparación, un equipo de profesionales a su alrededor que lo forme en todos los sentidos, que lo entrene y lo ayude a madurar", dice Marí. Por tanto, "la edad no es lo más importante a la hora de competir, sino el trabajo y la evolución que sigue el chico".

El CAR de Sant Cugat, uno de los dos centros de alto rendimiento de España junto al de Madrid, acoge a 400 deportistas de entre 12 y 32 años. Su paso a la competición profesional depende de sus aptitudes, por supuesto, y de la disciplina a la que se dedican. "En gimnasia artística o rítmica se puede empezar a entrenar con cuatro o cinco años, y se alcanza el máximo rendimiento entre los 15 y los 17 años", explica Gabriel Esparza, responsable de la oficina de Alt Rendiment Català en el CAR. La vida profesional de un nadador se desarrolla entre los 15 y los 30 años, como la de los tenistas; la de los velocistas, entre los 22 y los 30; la de los corredores de fondo se prolonga más allá de los 30; y los tiradores alcanzan su plenitud entre los 30 y los 40 años. Pero la preparación física y técnica también ha de cuadrar con la mental. Además, los jóvenes atletas triunfadores han seguido entrenamientos muy duros desde niños. El taekwondista Joel González, que ha conseguido medalla de oro para la delegación española en Londres, logró su primer Campeonato del Mundo con apenas 18 años. Ahora que ya llega a los 22, sus victorias se han multiplicado: dos campeonatos del mundo, dos campeonatos de Europa y una medalla de oro en estos Juegos. Llegar a este nivel no ha sido algo fortuito: entrena en centros de alto rendimiento prácticamente desde que empezó la ESO.

Marí no tiene nada que objetar a que personas muy jóvenes se entrenen y compitan a nivel profesional siempre que se cumplan tres condiciones básicas. La primera, que sea el chico, y no los padres, el que elija dedicarse al deporte, y la disciplina que prefiere. "Nadie se compromete al 100% con lo que no escoge; y el deporte de élite requiere un grado muy alto de compromiso, si el chico no lo hace porque quiere, no funcionará", dice al respecto. La segunda condición: que las cargas de entrenamiento estén adaptadas al desarrollo evolutivo del joven. "Si tensamos la cuerda más de la cuenta, se romperá", sigue este psicólogo. Estas cargas de entrenamiento han de estar planificadas por un equipo multidisciplinar -entrenador, psicólogo, médico, fisioterapeuta, nutricionista, profesor, tutor...-. Y por último, es necesario programar el calendario del joven deportista para que le dé tiempo de entrenar y de estudiar, pero también de estar con su familia, con otros chicos de su edad... "Si no se queman etapas y se siguen estas reglas, un adolescente con aptitudes puede aguantar el rigor del entrenamiento y de la competición", señala. Pero si no es así, "se le puede hacer mucho daño", advierte.

Los atletas que llegan al CAR hacen una "apuesta vital" por el deporte, señala Esparza. "Formamos a deportistas que estudian, no a estudiantes que hacen deporte, nuestro objetivo es crear campeones", dice. Pero esto no significa que olviden las otras facetas de la persona. Cuando el deportista llega al centro, se le hace una entrevista en profundidad para establecer "un itinerario formativo", explica Esparza. Esto engloba el entrenamiento deportivo, los estudios y el desarrollo como individuo. "También se le hacen varias evaluaciones psicológicas para comprobar si aguanta la presión", añade.

Esto en cuanto a la preparación. Una vez se alcanza el nivel "óptimo", llega el momento de competir por títulos nacionales, de Europa, del mundo, por los Juegos Olímpicos... Ahí quizás los deportistas muy jóvenes presentan cierta ventaja. "Sienten menos presión que los más veteranos, porque no tienen tanto que perder; piensan más en hacerlo que en cómo hacerlo", opina Manuela Rodríguez Marote, psicóloga de la Federación Española de Triatlón y del CAR de Madrid. Los adolescentes, pues, pueden llegar a ser campeones si no se juega con ellos


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