jueves, 12 de julio de 2012

los jueves con Edu y Marta: SEPARACION Y DIVORCIO DE LOS PADRES






      Es importante tener en cuenta una situación muy actual que afecta de manera especial a los hijos: la separación y el divorcio. El porcentaje de niños y adolescentes que viven esta problemática es muy alto y con tendencia a crecer. Los niños y preadolescentes pueden sentir miedo ante la noticia del divorcio de sus padres; con frecuencia se sienten amargados y furiosos con uno de ellos o con ambos, en especial con el que se va de casa... Pueden exteriorizar su rabia robando o mintiendo, o emprenderla contra ellos mismos con dolores de cabeza, de estómago, etc. Los niños mayores tienen un mejor conocimiento de los sentimientos íntimos de sus padres y de su conflicto, aunque todavía muchos se sienten responsables de haber causado el divorcio y también de hacer que sus padres se sientan mejor. Algunos creen que sus padres se están separando porque la relación entre ellos ha cambiado, pero de la misma manera creen que tales cambios pueden ser revertidos si los padres así se lo proponen.

      Los adolescentes sienten rabia, depresión, culpa y desesperación por esta separación o divorcio. Pueden verse preocupados por el dinero o volverse muy activos sexualmente. Puede que comiencen a competir con los padres del mismo sexo o sucumbir bajo la presión de ser el “hombre” o la “mujer” de la casa. Tienden a creer que sus padres se han divorciado porque sus relaciones se han deteriorado debido a problemas de personalidad o diferencias irreconciliables. Les cuesta a veces uno o dos años aceptar esta realidad y adaptarse a su nueva situación; muchos no llegan a perdonar y sienten rechazo de la edad adulta; otros sienten miedo a fracasar en su futuro matrimonio.

      Hay niños, por supuesto, que sí logran adaptarse y son capaces de salir de la penosa experiencia del divorcio con su yo básicamente intacto. La capacidad para lograr esto parece estar relacionada en parte con su propia adaptabilidad, en parte con el modo como los padres manejen los problemas relacionados con la separación y con el desafío de criar solos a los hijos. No pocas veces, la figura de un educador  fuera del hogar ha sido clave para ayudar a que no se resquebraje la personalidad incipiente de muchos de estos adolescentes; sí se logra, en un proceso de formación y orientación de  bastantes años, evitar efectos que pueden llegar a ser devastadores. La gran cuestión es: las parejas con un proyecto de divorcio ¿se plantean seriamente la tragedia que se avecina para sus hijos, especialmente si ya están cerca de la adolescencia o en ella? ¿No vale la pena cualquier sacrifico, luchar una y otra vez para lograr una solución estable? Al menos, haciendo caso omiso de las facilidades legales que se dan en ciertos países, las parejas se deberían conceder un tiempo de separación provisional, para la reflexión, antes de culminar en una separación definitiva. Y si se tiene que llegar a eso (hay situaciones que sí lo requieren), al menos que las buenas maneras y la buena voluntad por parte de todos ayuden a que el daño en los hijos sea el menor posible.




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