jueves, 26 de julio de 2012

los jueves con Edu y Marta: RELACIÓN PADRE - HIJO ADOLESCENTE



Relación padre-hijo I



a)     Para el adolescente es importante vivir en una familia cuyas relaciones estén teñidas de intimidad, honradez y confianza. Es necesario establecer con cada uno de los hijos una sana relación hecha aceptación, transparencia y sinceridad; es el camino del amor. Comprensión (sobre todo emotiva), firmeza, tolerancia y aliento, son actitudes de fundamental importancia para el adolescente, así como los cuidados y el cariño son una base segura para el niño. La incomprensión en la familia es uno de los factores primordiales que producen malestar entre los adolescentes. Los padres deben darse cuenta de que existen muchos puntos de vista, deben intentar ver las cosas con los ojos del otro, ponerse en su lugar. Sin embargo, muchos padres no logran entender los problemas de los hijos, ni siquiera los consideran problemas. No hay solidaridad, comprensión, motivación.  

      Cuando un padre no consigue hacerse entender, no pocas veces renuncia a entender, y cuando no logra hacerse escuchar, renuncia también a escuchar.
 

b)     Ante los padres, el hijo a menudo no es solamente objeto de amor y atención, sino también una proyección de los propios deseos y expectativas. Por eso es difícil para un padre resistir al impulso de modelar al hijo tal como él quisiera, en lugar de aceptarlo como es o quiere ser. El deseo del hijo ideal está latente en todo padre, pero uno ha de vérselas a diario con el hijo real. Así, muchas veces se le rechaza por eso que es y se trata por todos los medios de cambiarlo para adecuarlo al modelo ideal, a lo que según uno debe ser. Y la relación padre-hijo adolescente se complica, precisamente porque ésta es la fase en la que el muchacho empieza a tener intereses personales y muy propios.

      Por otra parte, como afirma Bettelheim, es fácil que la necesidad de autoestima de los padres se transforme en la necesidad de ser madres y padres “perfectos” y tener un hijo perfecto para mostrárselo a los otros: se preocupan, sobre todo, de que vista bien, de que saque buenas calificaciones, lo ponen en clases de natación o equitación, idiomas, informática, etc. Por desgracia, el concepto de perfección educativa frecuentemente está deformado por convenciones sociales y actitudes superficiales de los mismos padres.
 

c)      Algunos adolescentes viven dramáticamente sus problemas, aunque es verdad que no siempre se tratan de problemas reales; pero lo importante es cómo los perciben y cómo se perciben  ellos ante esos problemas. Y muchas veces los padres ni existen; no son un punto de referencia ni interlocutores idóneos de quienes se puede recibir serenidad y apoyo. Y es que a menudo califican de “tonterías” los problemas del hijo, o bien dicen que exagera, que los problemas de la vida son muy distintos y que cuando crezca se dará cuenta de ello… Así el muchacho experimenta grandes incom-prensiones, limitaciones, de-cepciones y hasta frustra-ciones.





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