jueves, 21 de junio de 2012

los jueves con Edu y Marta: LOS PADRES DE ADOLESCENTES


 

Dimensión familiar


1.  Los padres de los adolescentes    HOY

2.  La relación padre-hijo

3.  Una adecuada comunicación

4.  Educar en la sana autonomía

  

1.      Los padres de adolescentes



a)     Especialmente en el caso del adolescente varón, la madre poco a poco pasa a un segundo plano pues el hijo irá rehuyendo de sus caricias y de “sus faldas”. Ella debe ser consciente de esto; no debe interrumpir este proceso. Requiere de la madurez afectiva necesaria, de una comprensión real y de un deseo sincero de ver crecer a su hijo sanamente. Sin duda que, ante la hija adolescente, también a la madre le toca sufrir bastante; con los años se van acentuando los conflictos de rebeldía. De todos modos la niña, en el camino a la madurez, necesita de la comprensión, la cercanía y comunicación con su madre, de manera especial durante la pubertad. Esta situación por la que pasa la madre no debería ser extremamente problemática si la relación con su marido no ha perdido nunca su frescura, si ella ha seguido preocupándose y ocupándose de su marido, si su papel de madre nunca ha suplantado el papel de esposa; y si él está ahí, apoyándole en todo...



b)     El padre, por lo general, también disfrutó la primaria de sus hijos; su relación era cercana, el muchacho estaba en una edad simpática, amigable, eran buenos camaradas; y la niña era su consentida. Ahora que empiezan los distanciamientos el padre debe ejercer una función mayor de guía. Debe apoyar a la madre, defenderla de las impertinencias de los hijos. Por otra parte, le podría resultar fácil irse alejando poco a poco del hijo para entregarse cada vez más a la pasión del trabajo. Es fácil que ante la adolescencia de los hijos vaya refugiándose en sus negocios, perdiendo la comunicación con ellos. Inconscientemente puede volverse indiferente, frío y, si el trabajo no ha ido bien, puede sobrecargarse de tensión y dramatizar las actitudes negativas e inesperadas de sus hijos adolescentes.



c)      Ambos están por los cuarenta años (si es el primer hijo que llega a la adolescencia). La típica crisis de esta edad sólo puede llevarse adecuadamente cuando la comunicación conyugal no ha cesado de ser íntima, afectuosa, en crecimiento continuo. Las dificultades que el hijo adolescente trae a la familia deben ser un estímulo para acrecentar la comunicación, el apoyo y la defensa mutua incondicional. La adolescencia del hijo es, quizá, el momento donde las distancias se pueden acentuar, donde se empiecen a buscar “válvulas de escape”. De todos modos, las mismas dificultades que el hijo empieza a traer a la casa, facilita que los padres vuelvan a poner su atención en la vida familiar. La lejanía del afecto filial debe compensarse con un incremento del cariño. Las caricias deberían volver al seno de la pareja, si es que la niñez gratificante del hijo las había alejado. Los padres deben llevar entre ellos una relación que logre crear una cierta y sana envidia ante los ojos del hijo que se abre a la vida.


d)     A menudo los padres proyectan en los hijos sus problemas. Si la pareja atraviesa un período de crisis, discute y se encuentra en profundo desacuerdo, es fácil que involucre al hijo en estas circunstancias y que cualquiera de los dos trate de ganárselo para chantajear al otro. O lo que ellos no lograron de jóvenes ahora lo quieren ver en el hijo a toda costa…


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