jueves, 14 de junio de 2012

los jueves con Edu y Marta: HACIA LA MADUREZ

Facilitar la transición hacia la madurez


      La persona que es inmadura en la adultez fue, de modo muy probable, muy disfuncional en todo el proceso de su adolescencia. Tal vez no contó con el estímulo ambiental o la motivación suficiente para aprender lo que aprendieron sus compañeros. De ahí la importancia de saber facilitar la transición a la madurez.

       Será muy necesario, en la educación del adolescente, que se combine una restricción con un privilegio (por ejemplo, dar o no un permiso, conceder un viaje especial). Esto hará que el adolescente asuma la responsabilidad de sus acciones y al mismo tiempo acentuará su responsabilidad hacia el grupo social.

      Ayudará, también, que los formadores combinen una acción de libertad con una de responsabilidad. Cuando el adolescente aprende que los derechos y las responsabilidades van unidos  él mismo busca refrenar sus exigencias de derechos, hasta ser capaz de manejarlos con éxito.

      Es bueno también alternar un elogio (entendido más como aliento) con una crítica positiva. Demasiados cumplidos pueden conducir al adolescente a una confianza en sí mismo llena de vanidad que disminuirá su motivación para conformarse a las expectativas sociales.  Es verdad que a ciertos adolescentes hay que levantarles la “autoestima”, pero el abuso de ésta ha conducido a muchos fracasos (en germen quizá durante años, precisamente por ese exceso de autoestima, no fundamentada en avances reales de vida de los chicos). Por otro lado, una crítica persistente debilitará la propia confianza y hará también decrecer su motivación. Un equilibrio saludable entre ambas actitudes, por el contrario, incrementará su motivación para aprender lo que se espera de él y reforzará la confianza en sus actitudes.


       Se deben relacionar las exigencias del adolescente con su capacidad de aprendizaje. No hay manera más rápida de inducir al adolescente a romper sus vínculos con la infancia y a desarrollar sus propias pautas de pensamiento y de acción que brindarle la motivación necesaria para que haga aquellas cosas que están a su alcance, de acuerdo con su grado de desarrollo. Es decir, el educador debe conocer bien las posibilidades del adolescente en cada fase y dimensión de su personalidad, y debe inducirle a potenciarlas lo más posible.


      Para terminar este capítulo resaltamos dos elementos que ayudarán a los adolescentes en su transición a la madurez. Primero el enseñarles a dejar el egocentrismo característico de esta etapa, de manera que comprendan que no son el centro del pensamiento y de los sentimientos de las demás personas, como ellos lo experimentan exageradamente; y que ese egocentrismo puede volverse contra ellos irremediablemente.  Y, en segundo lugar, que aprendan a distanciarse de su impresionabilidad para ser más objetivos y serenos en sus juicios y actitudes, para que puedan contrarrestar mejor los sentimientos negativos con actos positivos, y para que logren la serenidad y la paz emocional que tanto anhelan en su vida diaria.



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