jueves, 10 de mayo de 2012

los jueves con Edu y Marta: AFECTIVIDAD Y DEFINICIÓN SEXUAL EN LOS ADOLESCENTES

 

Afectividad y definición sexual I



a)     La afectividad también va experimentando cambios. Hemos señalado ya cómo el antagonismo inicial de los chicos hacia el sexo femenino se va transformando en atracción. Esta atracción en un inicio tiene un marcado carácter fisiológico, manifestado principalmente en la curiosidad por el conocimiento del cuerpo femenino y por la necesidad de dirigir hacia él la tendencia pasional que el muchacho siente cada vez con más fuerza. A esta atracción fisiológica se va incorporando la atracción psicológico-afectiva, provocada en parte por el descubrimiento de los límites de la propia afectividad masculina y en parte por el descubrimiento de la riqueza de la afectividad femenina, de su toque de intuición y de sus detalles en las relaciones mutuas. El muchacho empieza a percibir que sus tendencias afectivas tienen una dirección definida y ve la necesidad de realizarse en la complementariedad femenina.

      La atracción primera de las niñas, como hemos señalado, tiene un marcado carácter sentimental, de ensueño; no le atrae tanto el físico del muchacho, sino el “príncipe azul” que ella ve en cualquier muchacho. Sigue a esta primera atracción otra más real y personal en la que la joven no sólo valora ya el físico del muchacho sino, sobre todo, los rasgos complementarios de su personalidad: admiran, por ejemplo, la fuerza y seguridad de ellos; el hecho de que no se complican ni tienden a cavilar como ellas, de que son más razonables y objetivos y olvidan pronto si se enfadan.  




b)     Se sabe que en esta fase el muchacho y la chica terminan de definir el así llamado sexo de género, es decir, terminan de identificarse psicológicamente en modo pleno con su masculinidad o feminidad, en parte por la adaptación completa a su cuerpo, en parte por la clara diferenciación que establecen espontáneamente entre ellos y el sexo opuesto. En este proceso son conocidos los titubeos que pueden darse si no ha habido de por medio una educación sana y equilibrada, sin descartar posibles causas patológicas. El muchacho no debe asustarse si, en esta fase de definición, en algunos momentos siente (no consiente) cierta inclinación hacia compañeros del mismo sexo, que a veces se hace atracción física. Se le debe ayudar para que, poco a poco, oriente definitivamente sus inclinaciones sexuales y se abra sin temores hacia la novedad del sexo contrario. Es este temor mal llevado lo que muchas veces provoca un encerramiento en la propia sexualidad, manifestándose a veces en un abuso del autoerotismo (obviamente no es la única causa)  y, llevado al extremo, en tendencias y comportamientos homosexualidad. Esto es, en definitiva, arrastrar la propia sexualidad, cuya realización está en la donación fecunda, hacia la contradicción y el sinsentido.

      En el caso de las chicas esto sucede con menos intensidad; puede sentirse atraída por alguna compañera o, más comúnmente, por una joven o formadora a la que admira y a la que hace ideal de sus sueños de mujer. Esto es algo muy normal en el proceso de maduración afectiva, siempre y cuando no intervenga otros factores que induzcan a comportamientos malsanos. Para la chica el autoerotismo representa más un refugio o una compensación a estados anímicos de inseguridad, complejos y rechazo de su físico.



c)     En las últimas décadas, entre médicos y psicólogos, se ha difundido la idea de la “normalidad” del autoerotismo, lo que ha golpeado la conciencia de muchos muchachos y ha llevado a un aumento notable en el porcentaje de chicas que recurren a esta práctica, mucho más bajo en generaciones precedentes. Sin caer en exageraciones sobre la gravedad psicológica que puede traer este proceso de autoerotismo repetitivo, hay que dejar las cosas bien claras (más aún sobre su daño moral). No son infrecuentes los casos, por ejemplo, de matrimonios con problemas a causa del hábito de masturbación de uno de los cónyuges. El uso egoísta del sexo, que en sí habla de donación complementaria, no puede beneficiar en nada al desarrollo normal de los adolescentes. El total descontrol de los impulsos fisiológicos es causa de atrofia miento en el crecimiento de otras dimensiones más fundamentales de la persona, afectiva y espiritualmente hablando. El chico debe saber que muchas veces usa el recurso de la masturbación para compensar situaciones negativas que ha vivido, como una forma de escapar de la realidad, como una huida ante la frustración del momento. Debe saber que así nunca aprenderá a afrontar los problemas y que lo único que gana es encerrarse en sí mismo.




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