martes, 20 de marzo de 2012

reflexión seria: NO DEMONIZAR LA ADOLESCENCIA


¡Qué gusto encontrar personas mayores con ideas claras, con realismo, con capacidad de adaptación en lo que no es esencial...! En negrilla pongo lo que más me ha gustado, las tres propuestas... Que los formadores de conciencias analicen bien estas ideas...

 ¿Por qué no van a misa los adolescentes?


Alfonso Llno Escobar, S. J.

No pidamos un milagro. La 'pelea' es de toche con guayaba madura. Frente a un encuentro con la novia o a una noche de rumba no hay misa que compita. La tiene perdida. Lo raro es que no caigan en la cuenta los padres de familia y los párrocos, y si caen en la cuenta, por qué no ponen los medios para resolver el problema.

La adolescencia es, hoy por hoy, la edad más difícil de la vida. La adolescencia consiste en la transición de la niñez a la pubertad, la etapa en que hace su aparición la sexualidad; es la hora de estrenar autonomía y la oportunidad de gozar de la música, del licor, de la droga y del sexo. Es la edad en que el ser humano se encuentra más indefenso: pocos principios, pocos valores, poca voluntad, escaso conocimiento de la vida y de las funestas consecuencias de las fiestas. Durante la rumba, ellos buscan sentir experiencias cada vez más fuertes, que produzcan mayor placer, excitación ,y finalmente, el éxtasis. Recordemos algunos efectos de semejantes experiencias: desorientación, cansancio, soledad, vacío, tristeza, depresión y, para rematar, intentos de suicidio.

A todo esto se añade el que, con frecuencia, no existe hogar, sino un ring de pelea, donde abundan los insultos y discordias entre los padres. Los adolescentes encuentran poco diálogo en casa y poca orientación en el colegio, sin suficiente disciplina, sin valores, sin religión y quedan a merced de sus sensaciones absurdas y despóticos estados interiores.

Demos algunas líneas de solución: ante todo, que haya vida de hogar. Hogar significa calor humano, presencia de los padres, diálogo, confianza, sentido de la vida, orientación, sana diversión. En estos valores consiste la educación. Entiéndanlo a tiempo. Más tarde les pesará, por aquello de "cría cuervos y te sacarán los ojos".

En segundo lugar, escojan un buen colegio que eduque y, si es necesario, cambien el actual. Si carece de educación ética y religiosa, no duden en cambiarlo. Vale mil veces más un colegio con valores, principios, disciplina y urbanidad, que un colegio sin ellos, así ofrezca excelencia en ciencia, tecnología e inglés. Lo esencial de la educación consiste en dar cultura, orientación y valores. Ante todo, lo que cuenta, sea en el hogar, sea en el colegio, es formar al hombre, formar seres humanos, dándoles valores, disciplina, solidaridad y amistad.

En tercer lugar, la Iglesia debe aportar su oportuna contribución si quiere ayudar a los padres de familia en la educación de sus hijos, y facilitarles la asistencia a misa. Ante todo, debe ofrecer una predicación centrada en Jesucristo, un Jesucristo hombre, común y corriente como nosotros: humano, alegre, social, que desde allí nos revele su divinidad. Deben procurar los predicadores de la fe una renovación de la moral sexual a base de sinceridad, verdad y respeto de la conciencia de los adolescentes. No se trata de darles un SÍ a todas las conductas sexuales, pero tampoco un NO, cerrado, absoluto e irracional. La moral, en especial la sexual, debe ser sensata, convincente, formadora y estructuradora de la personalidad. Se ha exagerado el pecado sexual; pecado sexual es toda conducta que haga daño grave a sí mismo y a terceros, como el aborto, la violación, la bajeza, la pornografía y obras por el estilo. Se dan conductas mucho más graves, que convendría ponerlas de relieve. Por citar algunas: perder el año, emborracharse, 'meter' droga, no compartir nada con los demás, hacer sufrir a los papás, conducir automóvil después de haber ingerido licor, pasar un semáforo en rojo, no respetar las normas de tráfico, manejar a altas velocidades con el riesgo de herir o matar a algún peatón. Todas estas conductas son contrarias a la ética y, en términos cristianos, son verdaderos pecados.

No fuerce a sus hijos a ir a misa. Si hay vida de hogar y fe en Jesucristo, los adolescentes irán gustosos a misa.


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