jueves, 22 de marzo de 2012

los jueves con Edu y Marta: SEXUALIDAD Y GENITALIDAD II


Sexualidad y genitalidad II

e)     Ya hemos señalado de alguna forma la importancia de enseñar a los adolescentes, en el momento y el modo adecuado, la diferencia entre recibir una sensación y el consentirla. Esto es importante para que, cuando empiecen a experimentar los impulsos fisiológicos de la sexualidad, puedan juzgar y actuar con naturalidad.

      El chico, más llevado por lo fisiológico de la sexualidad, debe oír hablar a tiempo de la normalidad de ciertos fenómenos que ya le llegan: el impulso mecánico de excitación de los órganos genitales (la erección del pene), ante un estímulo presentado de improviso (no buscado); la eyaculación nocturna espontánea (con los sueños húmedos); el deseo espontáneo de conocer el cuerpo femenino; etc. Debe saber que lo importante, en esos momentos de excitación o curiosidad espontánea, es estar tranquilo y no ponerse en la búsqueda de un placer egoísta; que debe prevalecer el control y el respeto a sí mismo y a los demás como personas no manipulables a su antojo. Debe saber “dejar pasar” esas sensaciones, distraerse en otros asuntos, consciente de que su voluntad libre siempre será superior (en condiciones normales de salud) al impulso fisiológico.

      Y si se detecta que el chico vuelve sobre esos fenómenos  de forma obsesiva o excesivamente preocupada, es señal que le falta una educación equilibrada (lo más normal), o puede ser indicio de alguna disfunción fisiológica. De todas formas hay que tener cuidado de no dar excesiva importancia para no provocar más obsesión.  

      Debe aprender a encauzar esa fuerza sexual hacia un amor verdadero, presentado y explicado poco a poco; amor que equivale siempre, y más a su edad, al dominio de sí por respeto a su propio cuerpo y a su espiritualidad, por respeto al otro, especialmente la mujer, y por respeto a su Amigo presente en su vida con una propuesta de humanidad atractiva y plena.

      En el caso de la chica, su impulso sexual es más emotivo que físico (a pesar de las presiones culturales actuales), y le lleva a la curiosidad sobre su propio cuerpo y el del muchacho, a la exploración corporal, a la conversación morbosa y a la fantasía erótica. También ella debe encauzar toda esa fuerza emotiva hacia el verdadero amor, al respeto propio y ajeno. Pero no hay que olvidar las reacciones ante la menarquía y las menstruaciones: desafortunadamente en el pasado se hacía mucho énfasis en el lado negativo de la menarquía, por la incomodidad y la situación embarazosa que ponía a las niñas. La cuestión de la menstruación era un tabú. ¿Y nuestra cultura? Trata este acontecimiento como mera crisis higiénica, que produce ansiedad en las niñas acerca de su limpieza, pero que no despierta orgullo por la propia feminidad. Aunque bastantes niñas tienen sentimientos confusos ante este hecho, otras muchas lo toman con naturalidad, incluso a la ligera. Una vez más, es necesaria una preparación previa a la menarquía, así la niña tendrá sentimientos más positivos y experimentará menos angustia.



f)       Aunque luego hablaremos de esto, por lo complicado que se  hace a muchos padres el tema de la sexualidad y la corporalidad, es importante insistir en la necesidad de una buena comunicación sobre estos temas. No se puede esperar a que el chico empiece a tener problemas para empezarle a hablar de estas cosas. Si desde pequeños, aprovechando comentarios que el niño hace, cosas que ve, etc., se sacan con naturalidad y prudencia estos temas relacionados con la sexualidad, el chico tendrá la capacidad de dialogar sobre ello cuando estos problemas le afecten directamente. Si los padres se ponen nerviosos o se turban, si hacen callar al chico, o si huyen del tema o lo tratan con frivolidad, tengan claro que el chico buscará respuestas en otro lugar, respuestas que podrán ser buenas o pésimas, pero que difícilmente los padres sabrán leer en la mente de sus hijos.

      Es evidente  la conveniencia de que el padre de familia esté más cerca de los hijos varones y sepa dar respuestas claras y concisas (sin olvidar que muchas madres logran gran ascendencia también sobre los hijos varones). De igual manera la madre con las hijas. Y no olviden que tanto ellos como sus hijos están en estos temas tocados por el  pecado original y la presión cultural, y que por eso es tan fácil desenfocarse en la visión correcta sobre el cuerpo y la sexualidad (pero tan peligroso como eso es lo contrario: el puritanismo malsano). La naturalidad con que se debe tocar el tema de la corporalidad y la sexualidad no significa romper el pudor propio de pareja o el respeto a la intimidad de los hijos. Algunas casas parecen escuelas de nudismo anticipado. Con esto no se logra naturalidad, sino frivolidad y pérdida del sentido mistérico de la sexualidad de pareja.



g)     Es obvio para todos que la sociedad y los medios de comunicación actual han arrastrado a los adolescentes a unas actitudes y comportamientos socio-sexuales que van más allá de lo tradicional y más allá, claramente, de lo moral: el trato físico descarado y morboso chico-chica desde temprana edad (conversaciones, tocamientos, besos...), las relaciones y comportamientos sexuales con diferente pareja y con cambios frecuentísimos en éstas (los “rollos” o “líos” de la tarde de fin de semana, etc.). ¿Qué pensar y qué hacer ante esto? Ante todo comprensión y serenidad,  para que una condena radical y mal llevada de estos comportamientos no descentre la atención y la educación en los valores y comportamientos de fondo. Muchos chicos de hoy ya no perciben lo incorrecto de estas actitudes y comportamientos, por lo que sería infecundo dicha condena radical. Hay que lograr, sí, que vayan poco a poco rechazando y prescindiendo de tales comportamientos; pero sobre todo hay que lograr que entiendan y asimilen la esencia de las relaciones afectivas y de pareja. Ciertamente sería ideal que esta comprensión se acelerara en el tiempo, de forma que esos comportamientos habituales de nuestros adolescentes no desemboquen en comportamientos más problemáticos y graves: relaciones sexuales completas con sus posible consecuencias,  separación sin remedio entre amor y sexo, enfermedades venéreas, embarazos no deseados, recurso lamentable al aborto...

      A todo esto contribuye de forma básica la enseñanza que desde pequeños reciben en casa del pudor, del respeto al cuerpo propio y al ajeno, del respeto y la naturalidad en el trato sereno entre los dos sexos (alejando así la morbosidad implícita en una educación sexual equivocada, y que luego se transforma en esos comportamientos no deseados, cuando el chico o la chica se desinhiben de las normas morales que antes o después verán  como molestia y no  como apoyo para la consolidación de su personalidad). Continuaremos este tema en el capítulo siguiente, en el apartado de la afectividad.



En un artículo titulado De la pornografía a la genitalización el escritor Pablo Ginés comenta: “Vivimos en una sociedad hipnotizada por el sexo. Los estímulos visuales de sexo son constantes, la publicidad tiene gran responsabilidad en ello, pero en las escuelas, los comportamientos sociales y diferentes grupos e intereses han ido generando una olla a presión en la que la sociedad se ha sexificado y el sexo se ha genitalizado. La disminución de coste en las producciones pornográficas indica que realmente lo único que se graban son imágenes puras y duras sexo. El concepto pornográfico tiende a la cosificación y se ha reducido a la mínima expresión: dos, tres o más personas practicando actos sexuales ante una cámara. El sexo ya no es sexo, y ha dejado paso a la más pura genitalidad. Hemos pasado del erotismo a la pornografía, y de la pornografía a la genitalización.

Esta evolución ha sido así porque hay un instrumento que se llama internet, una plataforma donde existe una gran demanda de estos contenidos. Internet se basa en aprovechar la privacidad y la impunidad que ofrece el propio medio para facilitar que se desarrollen de manera más abierta las pulsiones de la persona. Una plataforma que se produce con la máxima libertad como es internet no deja de ser un reflejo de la temperatura de una sociedad. En este sentido, resulta que internet está en gran parte copada por el sexo y la industria pornográfica ha evolucionado hacia esta plataforma porque la sociedad está dominada por el sexo. Cuando se dice que la Iglesia está obsesionada con los pecados sexuales es un error. De hecho la Iglesia habla muy poco sobre este aspecto al igual que el Catecismo, tan sólo unos pocos puntos entre algunos millares. Es la sociedad la que está enferma y observa con su molde obsesivo todas las instituciones sociales reinventándolas a su imagen y semejanza, incluso algunas tan alejadas de la cultura del sexo gratuito como es el catolicismo.” La belleza del eros bien entendido se va perdiendo, ¿de qué van a gozar nuestros adolescentes?

                                                   Eros. Museo de Nápoles

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