domingo, 8 de enero de 2012

temas complejos: ESPÍRITU POSITIVO Y TOLERANCIA A LA FRUSTRACIÓN




La actitud de ambos padres ayuda a que los hijos aprendan a pensar de manera positiva, reveló un estudio publicado en la revista Child Development.

"Entre los 5 y los 12 años, los niños tienen una gran facilidad para adaptarse; es en ese período cuando el padre y la madre pueden influir transmitiéndoles optimismo y seguridad frente a las experiencias difíciles", explicó la psicóloga Christi Bamford, de la Universidad de Jacksonville y una de las autoras del trabajo. Eso sí, los autores aclaran que existen otros factores -como el contexto social, cultural, político y económico- que influyen en la capacidad del niño para ser más optimista.

Modelo de conducta

Bamford, junto a colegas de la Universidad de California, les presentaron a 90 niños, de cinco a 10 años, seis historias ilustradas en las que había personajes que respondían de manera positiva o negativa frente a diferentes experiencias, unas sencillas y otras más complejas.

Al pedirles que describieran las emociones de cada personaje, los investigadores observaron que incluso los niños más pequeños notaban la diferencia.  "Entendían que pensar en positivo mejora las emociones y la negatividad, en cambio, hace sentir peor", dijo Bamford. A mayor edad aumenta la conciencia infantil sobre cómo las reflexiones internas pueden modificar las emociones, incluso ante circunstancias objetivamente negativas.

"La visión positiva del futuro es, esencialmente, pensar que no obstante lo desastrosa que puede ser una situación, las personas podemos salir adelante, podemos superarla y no vernos aplastados emocionalmente", explicó Claudio Ibáñez, psicólogo y director ejecutivo del Instituto Chileno de Psicología Positiva.

Eso es lo que también se conoce como resiliencia. Ésta, al igual que el optimismo, es una habilidad que se puede aprender y adquirir. Aunque no es fácil, en eso la figura de los padres o profesores es clave. "Más que por la palabra o el discurso, se aprende a través de lo que técnicamente se llama 'modeling'; ser modelos para sus hijos", precisa Ibáñez.

Un padre "bajoneado" frente a un problema y que no hace nada por solucionarlo puede ser un mal ejemplo en la medida en que hace ver a sus hijos las desgracias de la vida y a desconfiar de todo el mundo, reduciendo su autoestima.

En cambio, un padre positivo potencia lo mejor del niño y le enseña a confiar en sí mismo y en los demás; al tiempo que le enseña que un hecho negativo es un problema que se puede resolver.



Hacer frente a la frustración

Junto con ser un modelo de actitud positiva para los niños, los padres también deben enseñar la tolerancia a la frustración a sus hijos, enfatiza la psicóloga clínica Macarena Norambuena, de la U. Andrés Bello.

"Hoy los papás tienden a complacer a los niños en todo, en parte por el sentimiento de culpa por no poder compartir mucho tiempo con ellos. No ponen límites ni dicen no cuando corresponde", dijo.

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