jueves, 5 de enero de 2012

realidad en vivo: HEAVY METAL, SATANISMO Y CRISTIANISMO...

Alice Cooper: cantante salvaje y cristiano
Ismael González | Buenas Noticias

                                                          
        

Alice Cooper evoca para muchos la imagen de un cantante de heavy metal de aspecto macabro. Sus letras eran una incitación a la violencia, al sexo promiscuo, al alcohol o a las drogas. En los años sesenta fue uno de los pioneros del shock rock: música estridente, maquillajes siniestros, ejecuciones con guillotina y sillas eléctricas, muñecas empaladas o actos con su célebre y auténtico pitón enroscado en el cuello.


Algunos también lo han asociado con el rock satánico. Circulaba la versión de que se hizo famoso después de haberse consagrado a Satanás y de que tomó su nombre artístico de una bruja del siglo XIX (su nombre real es Vincent Damon Furnier).

Como solista tuvo su auge en los años setenta y ochenta e influyó en grupos como Kiss, Twisted Sister, Mötley Crüe o Marilyn Manson.


Pero en el año 2002 sorprendió la noticia de su conversión al cristianismo en una entrevista concedida a la revista de rock cristiano Hard Music Magazine. Ahí confesaba que quería dedicar su vida a «seguir a Jesucristo». También reveló que su proceso de conversión comenzó por temor al infierno, luego que el alcoholismo estuviera a punto de arruinar su matrimonio con su esposa Sheryl (con la que se casó hace 35 años y con la que tiene tres hijos).


En la búsqueda de una curación a su adicción, Cooper asistió, animado por su esposa, a un templo evangélico en el que el pastor «lanzó un sermón incendiario sobre el infierno». Esta predicación despertó en él «las ganas de no querer ir al infierno» y revivió episodios de su infancia transcurrida en un hogar cristiano como hijo de un pastor protestante.


«Ser cristiano es algo en lo que vas progresando, es una dinámica en movimiento. Uno va aprendiendo. Uno va a su estudio bíblico. Uno debe rezar», decía Cooper en la entrevista, en la que también explicaba que no quería convertirse en una «celebridad cristiana» porque «es muy fácil concentrarse en Alice Cooper y no en Cristo. Yo soy un cantante de rock. No soy nada más que eso. No soy un filósofo. Me considero muy abajo en la escala de cristianos conocedores. Así que no busques respuestas en mí».


En aquella entrevista decía que su estilo seguía siendo controvertido porque quería ser «un profeta de los peligros del mal». «Yo quiero decir: tengan cuidado, Satanás no es un mito, no vayan por ahí creyendo que Satán es una broma». Cuestionado por mantener aspectos grotescos, respondía: «Yo era una cosa antes, ahora soy algo completamente nuevo. No juzguen a Alice por lo que solía ser. Alaben a Dios por lo que soy ahora».


Más recientemente, este roquero estadounidense de 63 años confirmó su conversión en una entrevista que publicó el periódico Cherokee Tribune el catorce de diciembre.


«Sí, es cierto –declaró Cooper–, soy un “cristiano vuelto a nacer”. Pero cada uno de los que creen en Cristo vive una vida nueva, tiene una percepción diferente de la propia existencia. No es como la cienciología, en donde todo se basa en tus fuerzas, en tus capacidades, en tu esfuerzo por mejorarte. El cristianismo, en cambio, es una relación personal con Cristo: no es una cuestión de reglas o de técnicas...». En cuanto a la inevitable pregunta sobre cómo conciliar su fe con su trabajo de artista salvaje, explicó: «En la Biblia no está escrito en ninguna parte que una estrella de rock no pueda ser cristiana. ¿Cuántos cristianos no serán francotiradores, boxeadores o cualquier otra cosa? El cristianismo puede pasar a través de todos los tipos de oficios, tal vez el de una estrella de rock sea el menos peor...».

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