jueves, 12 de enero de 2012

Los jueves con Edu y Marta: HABILIDAD PARA GENERAR CONFIANZA



a)     Uno de los secretos de la pedagogía cristiana es el clima de confianza que se debe crear entre padres e hijos, formadores y educandos, como medio para ayudar a éstos a for­mar el sentido de convicción, de responsa­bilidad y rectitud de conciencia, así como para que toda su vida se desarrolle en un ambiente de espontaneidad, serenidad y alegría. Este clima se hace más necesario ante las incertidumbres e inseguridades de los adolescentes. Deben sentirse "a gusto" con sus padres, con sus formadores, con la seguridad de que serán aceptados y comprendidos siempre que les confíen algo. A fin de cuentas, el muchacho sabe que lo que se le dirá es para su bien y eso ayudará también a romper temores e inseguridades. Deben tener una certeza absoluta de la total discreción de su padre o educador. La ruptura de este clima de confianza, sea por incomprensiones sea por indiscreciones, supone, en la mayoría de los casos, una ruptura penosa de la labor educativa.



b)     Para crear este clima de confianza es imprescindible trabajar por alcanzar unos resortes psicológicos básicos: serenidad emocional ante lo que el padre o educador observa o le es relatado; aprender a escuchar sin interrumpir y sin distraerse; mostrar un verdadero interés con los gestos y las palabras; saber cuidar el ambiente externo y estar atento a las posibles interrupciones en el diálogo personal, etc. El adolescente conecta con quien sabe mirar acogedoramente, con quien no reprocha ni condena, con quien le impulsa decididamente a crecer en su camino de maduración, asumiendo todas las consecuencias implicadas en esto. El educador de adolescentes debe sobresalir en el arte de escuchar y de responder con la serenidad y la comprensión.


Hay muchos padres que, por lo que les cuento en mis charlas y en la escuela de padres, se extrañan de que sepa tanto acerca de sus hijos, quizá mucho más de lo que ellos saben. Hay muchos padres que creen que conocen a sus hijos y, sin embargo, en muchos casos, saben realmente muy poco de lo que sus hijos están viviendo en su interior. Ciertamente no se trata de ser el “amigote” de sus hijos para sacarles información. Se trata de ser un formador dedicado a ellos, que sabe escucharles, perdonarles, tenerles paciencia. Algunos padres quieren lograr esto con sus hijos adolescentes, pero suelen llegar tarde. El clima de diálogo confiado debe comenzar desde temprana edad. Y cuando llegue la adolescencia: saber adaptarse, cambiar parámetros, saber esperar, sin reproches innecesarios. Hablaremos más de esto en la segunda parte del libro.

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