jueves, 15 de diciembre de 2011

los jueves con Edu y Marta: HABILIDADES DISCURSIVAS


Habilidades discursivas 



a)     Emplear un lenguaje claro, analógico, lleno de imágenes. Aclarar dudas mediante ejemplos, metáforas. Leer constantemente libros de ejemplos, anécdotas… Pero todo sin renunciar al lenguaje técnico básico y adecuado al momento o a la materia que trata. Hay que saber combinar lo técnico con lo coloquial. En el ámbito de una clase o conferencia, pero no sólo, será importante manejar simultáneamente el lenguaje oral, el escrito, el gráfico, el visual o numérico.



b)     Con entonación persuasiva, para atraer y mantener  la atención del grupo. Nada peor que un discurso monótono, con un tonillo aburrido, sin vida ni fuerza. Dar más volumen o más énfasis a lo más importante… Es cansado, pero necesario.



c)      Usando todos los recursos del lenguaje corporal: las manos, los gestos de la cara, moviéndose por el aula si hace falta. Si los ojos de ellos no están en tus ojos, mal asunto. Practicar la soltura, la seguridad, el desparpajo, la convicción y la claridad en la exposición.



Sí practicar. Practicar si hace falta delante del espejo (aunque no es lo mejor). Practicar una mirada que no sea huidiza. Practicar para que no haya nerviosismo cuando tocamos ciertos temas. Practicar para que nuestro tono de voz y la entonación no sean aburridos. Practicar para que las posturas y gestos transpiren seguridad y confianza. Cuántas personas practican antes de una importante entrevista de trabajo… Ojalá no le demos la razón a Calvin y nos tomemos en serio todo nuestro papel.

La práctica:

              El contacto visual:

          

d)     Sabiendo transmitir conocimientos y experiencias vivas. A los adolescentes, o les impresionas o los duermes. No se trata de hacer teatro o de atiborrar de anécdotas poco verídicas; mejor pocas, bien elegidas, que toquen su vida real,  y bien contadas.



e)     Saber cambiar sobre la marcha el curso de su exposición. Si se percibe que no se les atrae, cambiar bruscamente si es necesario, antes de que sea demasiado tarde. Lo hablado ya sobre la flexibilidad.



f)       Saber retomar el curso de la exposición cuando se hace digresiones o se tienen interrupciones. Éstas son buenas a veces, pero no para llevar al caos, no para dejar temas abiertos sin más, no para distraer de lo fundamental.



g)     Hacer pausas en la exposición para pedir retroalimentación. Abrirse a preguntas relacionadas con lo que se expone. Emplear el interrogatorio-debate para verificar la comprensión del tema y una adecuada comunicación de los contenidos; para guiar a los muchachos en la emisión correcta de las respuestas (mejor que las “saquen” a decírsela sin más); para propiciar el análisis de datos (qué, por qué, cómo…); para plantear alternativas (¡cuidado con las afirmaciones absolutas…! Casi siempre se podrán dar matizaciones, aclaraciones, comprensiones más profundas); y para evaluar la solidez los conocimientos de los chicos, asegurando que aprenden a elaborar deducciones, síntesis, juicios acertados...


h)     Introducir a los interlocutores en el discurso. No sólo con preguntas, también con recursos sencillos del discurso: “si yo le pido ahora a Elena que se levante y se vaya, qué masa y aceleramiento…”; “uno de los aquí presentes me contó el otro día algo interesante sobre…”. Obviamente sin herir susceptibilidades y sin faltas al respeto o a la discreción.

               

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