jueves, 8 de diciembre de 2011

los jueves con Edu y Marta: HABILIDADES COGNOSCITIVAS


F.     HABILIDADES Y HERRAMIENTAS PEDAGÓGICAS
1. Habilidades cognoscitivas  HOY
2. Habilidades discursivas
3. Habilidades y herramientas metodológicas
4. El método preventivo
5. Habilidad para generar confianza
6. La disciplina como herramienta fundamental
7. El arte de saber motivar
8. El manejo de grupos


       Después de presentar unas actitudes básicas para los educadores, los principios pedagógicos fundamentales y una serie de ámbitos y contenidos que llevan a la formación integral, analicemos ahora algunas habilidades y herramientas pedagógicas. Obviamente la lista podría ser mucho más larga. 
       Habilidades y herramientas van de la mano. De nada sirve una buena herramienta (buenas ormas disciplinares, buenos castigos, premios, textos, recursos audiovisuales, etc.) si no existe la habilidad para usarla bien. Y no olvidemos que en sí, habilidades y herramientas, son moral o pedagógicamente neutras. Un destornillador puede servir para ajustar o consolidar algo, pero también para clavárselo a alguien… Un martillo puede servir para construir o para destruir…

     
       Algunas de estas herramientas o habilidades aparecerán a primera vista más útiles para educadores “profesionales”, como lo son los profesores o maestros. Pero sin duda que los padres de familia y otros educadores pueden y deben hacer también uso de éstas. Si  los educadores suman, a las actitudes básicas y a los principios pedagógicos, estas habilidades y herramientas pueden estar seguros de alcanzar un alto grado de competencia en su labor pedagógica; más de lo que podrían imaginar si todo ello, no lo olvidemos, está construido sobre los fundamentos: persona al centro, visión integradora y transcendente.
  
1.      Habilidades cognoscitivas

a)     Mostrar dominio de los conocimientos.  Está claro que a los adolescentes hay que dejarles las cosas claras; y que no podemos ir dudando de los temas importantes de la vida, de las preguntas que se hacen con más frecuencia, de los contenidos que necesitamos transmitirles.  Su acceso a la información, lo sabemos, es ingente. Con mayor motivo debemos dominar los conocimientos, el ángulo adecuado para presentarlos, para que así puedan asimilarlos correctamente y con facilidad. Conocimientos adaptados a su edad y a sus necesidades; sin atiborrar pero sin dejar lagunas.
     
      No se trata, ya lo hemos señalado, de dar lecciones magistrales, amplias e interminables, de tantos temas... No se trata de bajar a detalles que quizá para los chicos son intrascendentes, e  innecesarios para su etapa de formación. Cuidado con que se pierdan en lo secundario y no capten lo esencial. Para ello el educador debe tener el hábito, primero él, de entender lo esencial de cada tema a transmitir. Debe preguntarse constantemente cuál es el ángulo de presentación más adecuado, cómo lograr priorizar la esencia sobre lo accidental.
b)     Lograr la lógica y continuidad de los contenidos del programa a lo largo de las sesiones. Es terrible el educador que, haciendo mal uso de la improvisación, es desaliñado en la presentación de un temario, en la exposición de un contenido. Como decía un gran orador: “cuanto más preparo un discurso, más natural y espontáneo me sale”. No nos engañemos y no demos espacio a nuestra pereza, con este tipo de sofismas. La buena improvisación requiere trabajo. Así que a ser ordenados en las presentaciones, a trabajar para lograr nexos de una sesión a otra y para retomar las ideas principales; para que  puedan los chicos de ese modo captar bien la lógica sucesiva y la coherencia de la materia.
c)      Saber crear nuevas expectativas en los muchachos y desechar expectativas erróneas. Como ya hemos señalado, todos tenemos las propias expectativas, a través de las cuales filtramos toda la información que nos llega. Los adolescentes están atiborrados de falsas expectativas ante la vida, por culpa de los medios de comunicación y las modas. Cuando van a “recibir la lección”, es lógico que desconecten rápido si ésta no va de acuerdo a esas expectativas. El buen educador saber entrar por su onda, conectar con su realidad, y transportarlo suavemente hacia la verdad del mundo, hacia la necesidad del tema que hay que abordar. Una clase de historia, de ciencias, una recomendación moral, todas pueden captar la atención del muchacho a condición de que se haga click en sus expectativas y se las vaya suavemente transformando (o sacando su ADN profundo). Para ello hay que analizar bien el ángulo humano, la fibra sensible, que toda materia contiene: el lado apasionante de un personaje o un hecho histórico; la repercusión en la propia vida de la naturaleza que nos rodea; las consecuencias en la propia personalidad cuando se olvidan las normas morales…

 
d)  Saber aclarar diferencias conceptuales. El buen educador no da nada por conocido o entendido, y más en la confusión reinante del relativismo y el atiborramiento informático. Debe asegurarse que los conceptos están claros, que cuando él dice “A” ninguno de los presentes entiende “B”. Las preguntas al auditorio, las definiciones claras y rápidas, los adjetivos adecuados para cada cosa... Elementos básicos.

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