lunes, 14 de noviembre de 2011

mi archivo secreto: REPERCUSIONES PSICOLÓGICAS DE LA PILDORA





«Me han dicho que produce cáncer», «cuando la tomo me pongo muy nerviosa», «hace engordar», «tuve que dejarla porque me provocó una fuerte depresión», «estaba tan intranquila que tardaba mucho en dormirme». Éstos son sólo algunos de los muchos comentarios que se repiten entre las mujeres sometidas a este tipo de tratamiento anticonceptivo.

¿Qué hay de cierto en todo ello? Es obvio que existen repercusiones psicológicas, que veremos a continuación, pero no tienen por qué aparecer siempre. Lo que es imprescindible es consultar con el ginecólogo a la hora de seguir este tipo de anticoncepción.

La «pildora» es el método más comúnmente elegido a la hora de seguir un tratamiento anticonceptivo. Aunque las estadísticas no son del todo exactas, cerca de 60 millones de parejas lo usan anualmente en el mundo, con una alta eficacia ya que el porcentaje de fallos se sitúa entre los más bajos de todos los métodos anticonceptivos, entre el 0 y el 2,5 por ciento.

Está formada por una combinación hormonal: estrógenos más progesterona, que se va administrando a lo largo del ciclo en distintas proporciones según el tipo de «pildora» del que se trate. Evita el embarazo al inhibir la ovulación pero también ejerce acciones  en otros puntos del organismo. A las hormonas sexuales normales que la mujer tiene se le añaden las del tratamiento en sí, esto es una alteración, aunque casi inaparente, de la normalidad. Como toda alteración tiene consecuencias, algunas de ellas psicológicas.


Nerviosismo, intranquilidad, inquietud e irritabilidad pueden hacer su aparición al iniciar el tratamiento. A veces son reales, pero otras veces la mujer los potencia, está segura de que tienen que aparecer y al final acaban haciéndolo. Hay quienes se llenan de angustia ante el temor de los efectos secundarios como «produce cáncer», «salen varices», «engorda»... Son complicaciones reales el tromboembolismo, los trastornos neuro-oculares y la hipertensión que, de aparecer, obligan a una inmediata supresión del tratamiento. Con referencia a las repercusiones físicas hay que tener bien claro que ante cualquier síntoma extraño hay que consultar con el ginecólogo y seguir sus indicaciones.




Las convicciones morales y religiosas evidentemente provocan conflictos que, bien llevados, pueden desembocar en resoluciones portadoras de paz. Hay mujeres que desean espaciar sus embarazos, pero su conciencia no acaba por aclarar si esto es lícito o no. Surgen entonces sentimientos contradictorios.  La última forma de evitar esto es aclarando y coordinando deseos y creencias y, lógicamente, interaccionándolos con los de la pareja. Además, hay muchas mujeres que afirman no desear hijos, por motivos económicos, laborales, por decisión de su pareja o por cualquier otra causa, pero que, sin embargo, inconscientemente anhelan ser madres y se sienten irrealizadas.

Por ello hay que arrojar luz a todo este proceso:

- ni el simple deseo ni la paternidad responsable pueden usarse como armas arrojadizas para fomentar lo que, en definitiva, es egoismo;
- la jerarquía clara de valores en la vida es lo que aporta luz y paz: los hijos son el mayor bien que una pareja realmente enamorada puede desear; y éstos tiene derecho a nacer en un ambiente estable de amor y compromiso.
- abiertos a la vida en modo habitual, y con hijos ya en modo concreto, se abre la posibilidad de usar medios anticonceptivos empezando por los más naturales y que garanticen la salud.
-la conciencia bien formada es el sagrario último en la toma de decisiones concretas. Las fórmulas generales no sirven aunque ayudan a encauzar las decisiones.

En cuanto a las adolescentes, es fundamental que conozcan con antelación toda esta información y no se dejen llevar por la precipitación ni el "engaño" del momento.

Otras mujeres temen que el efecto de la «pildora» se haga permanente y se  vean privadas para siempre de la posibilidad del embarazo. Estas situaciones generan sentimientos de pérdida que alteran la estabilidad psicológica.

En cuanto a la sexualidad, la «pildora», que en teoría no la afecta, sí lo hace. Lo más normal es que desaparezca el temor al embarazo, con lo que generalmente las relaciones sexuales se hacen más espontáneas y satisfactorias. Pero en ocasiones y de forma secundaria a sus repercusiones psicológicas aparece disminución de la libido y hasta frigidez.

Finalmente, pueden aparecer cuadros depresivos o subdepresivos por un efecto directo de las hormonas en el sistema nervioso. Si la mujer al seguir el tratamiento comienza a sentirse triste, pierde el apetito o el sueño, tiene desgana..., debe consultar con el especialista. 


(Datos tomados de Guía práctica de psicología, con ampliación de la materia)

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