sábado, 19 de noviembre de 2011

Cuentos que sí cuentan: DARLO TODO POR LOS DEMÁS

36º eslabón. Los que saben darlo todo, ayudan mucho a todos.



          Preguntó al maestro un joven novicio porqué había dejado todo y había entrado en el seminario. El maestro le contó una historia de dos grandes amigos.

          Uno de ellos, Adrián, empezó a preocuparse porque Carlos Manuel, su gran amigo, ya no le buscaba los domingos. Y es que antes, siempre juntos, participaban primero en la misa y, después, en las fiestas con el resto de los amigos.

          Era lógico que, antes o después, le preguntara: “¿Qué ha pasado contigo?” “Mira tú, mi buen amigo, -contestó Carlos Manuel-, yo ya he encontrado mi camino”.

          “¿Pero la misa, la confesión, el encuentro festivo, la comunión...?” Insistió Adrián preocupado.

           Y Carlos Manuel respondió: “Mira, Adrián, tú tienes tu Dios y yo ya he encontrado el mío”.

          Perplejo, Adrián, se atrevió a continuar: “¿Y cuál es tu nuevo Dios?”

          Carlos Manuel contestó con pasmosa serenidad: “Te lo enseño. Vente el domingo próximo conmigo”.

          Llegaron los dos a lo más alto de la montaña, donde ya los coches no avanzaban. Sacó Carlos Manuel el ala Delta, su afición favorita, y empezó a armarla lenta, silenciosamente, con solemne destreza.

Concluido el sagrado proceso del montaje del artefacto, le dijo a su buen amigo, al borde del precipicio: “Mira Adrián. ¿Ves esos valles, esos ríos, las montañas que nos rodean? Su expresiva belleza, su majestuosa grandeza. Todo eso es mi dios, mi nuevo camino”. Y sujetándose a la imponente ala se lanzó al maravilloso vacío.    

El joven novicio, entusiasmado, rogó al maestro, con sus grandes ojos más que abiertos, que concluyera lo comenzado.

El maestro satisfizo la limpia curiosidad de su novicio: “Dos años después, yo entraba en seminario, dispuesto a ayudar dentro de él, al mundo y a mis amigos, especialmente a Carlos Manuel. Meses después recibí una carta de la madre de aquél que había encontrado un nuevo dios y un nuevo camino:



                   Muy estimado Adrián:
 Tu gran amigo, en un día de competencia de su vuelo libre en ala Delta, tuvo una trágica caída. Estuve con él en el hospital mientras me decía: `Sabes, mamá;   hoy he volado más alto que  nunca; ha sido un gran día. Y sabes, allá en  lo alto he comprendido que mi buen amigo, el del seminario, ha volado más alto, mucho más que yo. He comprendido que su Dios es más auténtico y verdadero. Por favor, transmítele esto.           
Se le veía agradecido y tranquilo. Poco después Carlos Manuel dejó de respirar. Adrián, por favor, sigue rezando por él...

         


 “Mi joven novicio –terminó el maestro Adrián–, devolver a uno al camino, con la oración, aunque sea con el ejemplo callado, eso vale más que todos los montes y valles creados”.
               


Vale la pena entregarse por los demás, pensar en los demás, rezar y trabajar por los demás. Vale la pena subir alto, volar como las águilas, ayudar a que otros no se queden rastreando bajo.


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