sábado, 12 de noviembre de 2011

Cuentos que sí cuentan: CÓMO "MARCAR" LA DIFERENCIA


35º eslabón. Ser diferentes y marcar la diferencia, para aquellos que nos rodean.



          Una mañana, al despuntar el sol, caminaba un hombre por la playa, cuando divisó a lo lejos la silueta de un joven que, repetidamente se agachaba, recogía algo de la arena y lo arrojaba al mar. Aguijoneado por la curiosidad, se acercó y le preguntó:



          “Hola, buenos días, ¿se puede saber qué estás haciendo?” El joven, al sentirse interpelado, alzó la cabeza, y con una sonrisa simpática respondió:



          “La marea ha bajado mucho durante la noche, y todas estas estrellas de mar morirán si no regresan pronto al agua.” La playa se hallaba completamente alfombrada de estrellas, se parecía al firmamento en una noche clara.



          Respondió el hombre con algo de burla en las palabras: “¿Acaso eres de esos niños buenos que creen que van a cambiar el mundo, que van a hacer algo diferente o marcar alguna diferencia?” Y continuó: “No ves que lo que haces es una pérdida de tiempo, nunca conseguirás devolverlas todas al mar. Por mucho que te  esfuerces, no lo lograrás.”



           El joven se inclinó, tomó con cuidado una de las estrellas, se la mostró al hombre y, antes de arrojarla al mar, le dijo, también con cierta burla simpática:



          “Para ésta estrella, señor, sí he marcado la diferencia.”

                                                                                  

                      

No nos dejemos arrastrar de los lamentos inútiles de tanta gente de nuestro alrededor que nos dice que nada puede cambiar. No nos dejemos impregnar de la gente que se ha cansado de luchar, que ha optado por la mediocridad de vida. Podemos y debemos hacer mucho bien. Y pensemos que hay muchos como nosotros que quieren luchar por hacer que este mundo vaya un poco mejor. No hay motivos para el desaliento y el desánimo. No hay excusas para quedarse con las manos cruzadas. Porque...


          El ermitaño predicaba:

           «Si la piedra dijera: “una piedra no puede construir un muro”, no habría casa. Si la gota dijera: “una gota no puede formar un río”, no habría océano. Si el grano dijera: “un grano no puede sembrar un campo”, no habría cosecha.  Y si el ser humano dijera: “un acto de amor no puede salvar a la humanidad”, nunca habría en el mundo lo que hay de justicia, de dignidad y de verdadera felicidad.»


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