jueves, 20 de octubre de 2011

Los jueves con Edu y Marta: formación humana III


d)      Educar el carácter y la personalidad



       El carácter constituye "ese modo propio de ser" que distin­gue a un ser humano de otro, aparte de las diferencias existentes por su apariencia externa. En casos normales, no debe considerarse el carácter como una fatali­dad en la vida humana,  fatalidad que empuja al ser humano a obrar en una determinada for­ma. La psicología de la persona es el resultado de una interacción entre el substrato constitucional heredado, el ambiente y las decisiones de la propia voluntad. El prime­r elemento, a pesar de su fuerte inmutabilidad, es posible educarlo y dirigirlo en sus manifestaciones. En cuanto al ambiente, puede estar en las propias manos el crearlo o modificarlo en un determinado sentido.

       Quienes trabajan con muchachos debe prestar mucha atención para que adquie­ran la solidez y firmeza de carácter que los libre de veleidades en el cumpli­miento de los compromisos; para que formen un orden recto entre el mundo instinti­vo, los sentimientos y emociones y las facultades espirituales de la inteligen­cia y de la voluntad, y para que logren la armonía del temperamento. Es fundamental que el formador pueda detectar si la personalidad del chico o la chica se mueve por ocultos mecanismos de defensa.

       El formador debe velar para que el muchacho o la chica alcancen una personalidad ideal (al margen de la caracterología propia de cada quien) en la que no pueden faltar los siguientes elementos:



o   Realista: que conozca bien sus aptitudes y limitaciones.

o   Que tenga un modelo de identidad, alguien con quien identificarse sanamente.

o   Naturalidad: un talante natural y espontáneo, el vivir con sencillez, sabiendo corregir, sin dramatismos, los propios errores.

o  Que tenga un proyecto de vida (saber a dónde voy y lo que quiero hacer con mi vida, el tipo de persona que quiero ser, más allá del simple proyecto profesional).

o   Un proyecto con coherencia interna (vigilar las incoherencias y los continuos cambios de planes en el horizonte de la propia vida).

o   Una correcta ecuación entre corazón y cabeza para lograr estabilidad psicológica.

o   Organización temporal sana: vivir en el presente, habiendo asumido todo el pasado y con ilusión real hacia el futuro.

o   Ser dueño de sí mismo.

o   Que pueda poner la sexualidad en su lugar (suele requerir años de trabajo durante la  adolescencia).

o   Que  logre una sana constitución corporal y fisiológica.



       Igualmente, el formador debe aprender a percibir si el chico o la chica no están a gusto con su personalidad. Veamos algunas manifestaciones de este disgusto propio:


o   Hay inseguridad habitual en su comportamiento.

o   Excesiva dependencia de criterios ajenos.

o   Grandes cambios de humor.

o   Bloqueo de conducta  ante circunstancias más o menos difíciles.

o   Reacciones agresivas e incontroladas ante pequeños estímulos.

o   Incapacidad para pensar en los demás.

o   Querer aparentar más de lo que uno es, y de un modo constante.

                                  

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