sábado, 1 de octubre de 2011

Cuentos que sí cuentan: ¡VAYA CON LOS PECADOS!

29º eslabón. De todo lo malo, algo bueno se puede sacar, si queremos.

          Otro día nuestro novicio preguntó a su director espiritual, monje encorvado y sabio: “¿Cómo puedo no desanimarme si todas las semanas me confieso de lo mismo?”

          El anciano ni siquiera alzó su mirada. ¡Si le dijese al joven aprendiz que las miserias del hombre no sólo no desaparecen, sino que aumentan con el paso del tiempo...! Le hablaría con el lenguaje de las imágenes y así entendería:

          “¿Ves estos esbeltos pinos, siempre verdes?” Dijo al muchacho. “Sí, nunca me canso de contemplarlos.” Contestó éste. “¿Y estos abetos?” Siguió el anciano.  “Cuando los veo, percibo a Dios más cerca.” Afirmó el muchacho.

          “Y ahora mira este camino mullido, tapizado de la pinocha ocre que se ha ido desprendiendo de estos árboles a lo largo de los años.”

          “¡Cómo da gusto caminar por un terreno tan blando!” Contestó el muchacho. “¡Vas como flotando!”

          “Pues bien, amigo mío, -concluyó el monje sabio- nuestras almas también se han de asemejar a estas coníferas de hoja perenne. Mientras no se apague en nosotros el amor de Dios, el alma ni pierde la belleza de su verdor, ni deja de ganar en paciencia y humildad, aunque hayamos alfombrado el camino con nuestros pecados. Mientras haya arrepentimiento y deseo de superación, las hojas caídas no nos quitan la vida”.


         El pecado, los fallos, las caídas, son en sí algo malo, incluso muy malo. Pero si nuestra actitud es de lucha, de querer superarnos, de renovarnos, como hace un árbol con sus hojas, para nada nos tienen que desanimar esas caídas, fallos o pecados, porque nos enseñan a ser humildes y a mejorarnos




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