lunes, 31 de octubre de 2011

Cuentos que sí cuentan: TRABAJAR EN EQUIPO SIN PROTAGONISMOS

33º eslabón. La historia de uno que no se enteraba de nada.
 
La orquesta filarmónica de Viena se preparaba para un gran debut en Nueva York.

       Dos días antes de la función un miembro nuevo de la orquesta comentaba a un compañero: “Estoy bien orgulloso y algo nervioso. No logro dormir por el gran papel que tengo encomendado. Tengo miedo de estropear el concierto”.
 
El compañero le recomendó que pensara en la orquesta como un equipo, que confiara en el esfuerzo de todos, que se olvidara de la importancia de su papel; eso le daría serenidad.
 
Además, le dijo, bastaba que siguiera las indicaciones del director y todo funcionaría a las mil maravillas.
 
Después de un rato de conversación el joven, todavía no muy convencido, se despedía del compañero. Éste le preguntó: “A propósito, ¿qué instrumento tocas en la orquesta? ¿El oboe, el violín principal, acaso el piano?”
 
“Oh, no, -contestó el joven- yo soy el encargado de pasar al director, mientras dirige, las hojas de la partitura.” 
 
No olvidemos que la vida y el trabajo, cuando sabemos colaborar y participar, se hacen mucho más llevaderos y cómodos. La sociedad moderna nos arrastra por muchos lados al individualismo, a mirarnos demasiado al espejo, a enamorarnos de nuestra propia sombra, a olvidarnos de que “las cosas salen porque somos muchos”.
        
          Y en este contexto de apoyo y colaboración, en lo que se refiere a nuestra esencia más íntima, a nuestra verdad más profunda, y antes de enorgullecernos tontamente por nuestros logros,   o de desanimarnos sistemáticamente por los fallos, sería bueno preguntarnos quién dirige el concierto... El concierto de la vida, el concierto y el espectáculo que cada mañana nos regala el universo creado, la belleza del amor y de todo lo bueno de este mundo.

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