sábado, 8 de octubre de 2011

Cuentos que sí cuentan: LA MUERTE BLANCA

30º eslabón.  Dejar a los demás tirados no significa respetarlos.



Ya conoces el fenómeno de la así llamada "muerte blanca", la muerte de los alpinistas. Cuando éstos alcanzan zonas de extremo frío llega un momen­to en que el sistema nervioso puede alterarse completamente.



          De repente, uno de los expedicionarios –los alpinistas, lógicamente, siempre van en grupo–, empieza a sentir una grata sensación en medio de ese frío infernal. Éste, sonriente, se sienta sobre la nieve; luego busca acostarse y disfrutar de un feliz y cálido sueño.



          “¡Qué maravilla, esto es vida!”



          Los compañeros entienden lo que pasa. Su sistema nervioso ya no capta el frío, sino todo lo contrario. Por eso lo increpan para que se alce y camine de nuevo. Él les dice que lo dejen tranquilo, que se encuentra muy a gusto:



          “¡Tranquilos!, ¿no veis lo bien que estoy?”



          Pero ellos, evidente­mente, no le hacen caso; lo fustigan, lo zarandean, incluso se les escapa alguna bofetada; no pueden dejarlo morir. No cejan en su empeño hasta que el sistema nervioso vuelve a reac­cionar. Por fin, lo logran reanimar, y todos pueden seguir la expedición. El reanimado, por supuesto, está bien agradecido.

                      



          Así están tantos jóvenes y hombres de nues­tro tiempo, mu­riéndose plácidamente de muerte blanca, entre risas y deleites. Pero lo más triste es ver a quienes van a su lado, todavía conscientes, ­pero con los brazos cruzados: "déjalos, pobrecillos –afirman–; ¿no ves cómo están disfrutando?"



          Algunos, más sensatos, dicen que hay que tener paciencia, pues el tiempo hará reflexionar y cambiar la actitud de estos agonizantes. Pero me pregunto si esta paciencia  significa simplemente “esperar” a que venga un cambio o, más bien, buscar lo mejor y más pleno de cada persona en cada momen­to.



          Es verdad que hay que respetar a todos, pero eso no significa ser indiferentes, el no ayudarles a salir de su agonía, de una segura muerte blanca.



          ¡Jóvenes, cuando veáis a un compañero en pecado, entre risa y risa, no tengáis envidia, al contrario! ¡Se está muriendo de muerte blanca; ayudadle, reanimadlo!


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