jueves, 1 de septiembre de 2011

Los jueves con Edu y Marta: CRISTOCENTRISMO

PRINCIPIOS pedagógicos fundamentales
1.       De persona a persona 
2.       De auto-convicción   
3.       De formación integral
4.       De gradualidad y flexibilidad
5.       De conocimiento y crecimiento constantes
6.       De eficacia metodológica
7.       Cristocentrismo     HOY

1.      Cristocentrismo



       No por ponerlo el último es el principio menos importante; muy al contrario, es quizá el resumen y encarnación perfecta de todos los anteriores. Es evidente que el tema del Cristocentrismo va más allá de lo meramente pedagógico. Pero también es evidente que el verdadero arquetipo de la antropología y la pedagogía cristiana es Jesucristo, y a Él hay que mirar si de educación queremos hablar. Y no nos referimos ahora, poniéndonos en la mente del educador,  al “qué diría o qué haría Cristo”, en ésta o en aquella situación. Eso por supuesto.

        Se trata de poner a Cristo como modelo y referencia definitiva en la vida de los muchachos. Y no un poner teórico, sino experiencial. Por ello, no se trata de ver ni proponer a los educandos las virtudes en abstracto, sino encarnadas en la persona de Jesucristo; no se trata de hablarles simplemente de los rasgos de la personalidad ideal, sino mostrarles a Cristo; no se trata de intentar explicar a los chicos sus propios sufrimientos, sino de enseñarles la cruz de Cristo… Es por eso que los objetivos de un buen programa formativo deben tener una última referencia a este principio cristocéntrico, a la personalidad de Jesucristo en todas sus dimensiones: su dimensión de liderazgo atractivo (ideal para preadolescentes en busca de líderes de grupo), como guía firme y a la vez pura misericordia (ideal para muchachos que empiezan la confusión propia de los 13 – 15 años); como amigo íntimo y fiel (para adolescentes que empiezan a interiorizar sus amistades y todas sus vivencias); y también como apóstol apasionado que invita a ser apóstol (con muchachos de 17 - 20 años que empiezan a pensar a lo grande, a querer colaborar con una sociedad muy perfectible).

       Si se entiende y se aplica acertadamente este principio pedagógico se habrá dado un paso clave hacia la verdadera eficacia educativa (una eficacia a la vez natural y sobrenatural); la eficacia de quien entiende que el hombre busca un ejemplo concreto en quien reflejarse y a quien imitar, y que ese hombre debe ser Dios... Sólo se forma integralmente quien busca y progresivamente logra transformarse en Jesucristo, verdadero Hombre-Dios. Claro, la verdadera eficacia pedagógica parte de la gracia, lo hemos reiterado; sin ésta, nada se logra. Es la gracia quien transforma. Por eso Cristo, Gracia Encarnada, es la posibilidad más real que tenemos los hombres de tocar, abrazar, vivir esa gracia.

       Cuando se les habla adecuadamente de Jesucristo y se les pondera su personalidad líder y atractiva; cuando, de modo experiencial, se les recrea y se actualizan las palabras, el ejemplo y las acciones impresionantes de Cristo, los chicos quedan, simplemente, cautivados. Cuando primero perciben y luego entienden que Cristo puede ser su mejor amigo, su compañero fiel, su confidente, entonces y sólo entonces, los adolescentes encuentran el modelo justo y adecuado para la etapa de formación por la que atraviesan.
            ¿Y los formadores? Serán participación de ese modelo y de esa misión si primero ellos mismos se dejan entusiasmar y empapar por Él. Dejarse transformar para ayudar a transformarse. De lo divino a lo humano, de lo humano a lo divino.

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