jueves, 29 de septiembre de 2011

Los jueves con Edu y Marta: formación intelectual III

La imaginación y las facultades estéticas

       Para orientar todas las potencias se hace imprescindible ayudar a los muchachos a ordenar su mundo perceptivo e imaginativo, de modo que puedan ponerlo al servicio de la razón y, sin complejos, al servicio de su fe y sus creencias. Sin duda que una percepción y imaginación sanas y bien aprovechadas serán una herramienta excepcional para fomentar una rica vida interior y una relación cercana con el Espíritu Santo, Aquel que imprime interiormente la imagen de Cristo, que da luz y fuerza para actuar la verdad en la propia vida.

       De igual modo, se constata que en muchos frentes de nuestra sociedad se busca desfigurar el mundo creado, para así alejarlo del Creador; y por ello se exalta lo que va contra la belleza, contra la proporción, contra el esplendor del ser y de la verdad. Se presenta falsamente como bueno, bello y verdadero lo que no es más que maldad, fealdad y mentira. Es urgente, por este motivo, presentar a los niños y adolescentes todas las dimensiones positivas del mundo, enseñarles y hacerles gustar la belleza de lo creado, llevarles al goce de la contemplación estética, camino seguro para el descubrimiento de Dios como valor realmente atrayente, como valor absoluto de belleza, único capaz de colmar el ansia de belleza y de goce que esconde el hombre en su totalidad de alma y cuerpo.

Salvador Dalí comentaba frecuentemente a sus amigos que el arte no figurativo –el arte sin formas, abstracto—  es el arte de los sin fe, de los no creyentes. Dalí acusaba a Picasso de destruir la realidad, aunque también se lo agradecía, porque eso le permitía a él, “al gran Dalí” volver a construirla. Creo que, aún con todas sus paranoias y excentricidades, en esto tenía bastante razón el genial artista de Figueres.

       A través de cierto arte y de cierta música, de dibujos animados deformados, de películas donde el malo no lo es tanto (e incluso es simpático), etc., se está deformando la percepción de la realidad. Y deformar la percepción de la realidad significa impedir a la razón alcanzar la verdad y, así, obstruir el camino de la fe que no abre a la Verdad definitiva.

Cuántos padres viven tranquilos mientras sus hijos se acostumbran a oír habitualmente una música “deforme”, sin ritmo ni melodía, ni volumen adecuado a los sentidos humanos. Cuántos padres no son capaces de hacer comentarios constructivos mientras sus hijos ven en la televisión series animadas o reality shows donde se exalta lo feo, lo vulgar y chabacano. Si lo chicos ven eso, al menos que escuchen de sus mayores un juicio, equilibrado pero definitivo, de lo pernicioso de esas programaciones. Y que los chicos aprendan claramente la diferencia entre el mundo real y el mundo imaginario de las películas, entre la vida cotidiana y el submundo que algunos programas de televisión quieren exaltar, presentando todas las miserias humanas. Es urgente que los mayores se sientan a ver la televisión con los chicos (si no pueden evitar que la vean), y que encaucen las percepciones e imaginaciones que les brotan a partir de esos programas televisivos o en la Red.

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