sábado, 13 de agosto de 2011

Cuentos que sí cuentan: QUÉ PELIGROSA LA CURIOSIDAD...

22º eslabón. La curiosidad mata al gato... y  mucho más.

          Antonio era un sencillo campesino, analfabeto, tal vez ignorante cumplido, pero tenía la sabiduría de la gente que, cada día, se alimenta del sentido común; y, lo más importante, vivía feliz.
 
          Todo iba bien, pero de la gran ciudad llegaban noticias del ruido, las risas y las fiestas continuas. Llegaba ese “tufillo”… y todo lo penetraba. Al bueno de Antonio le entró la curiosidad. Un día se puso en camino, para ver lo que pasaba.
 
          Apenas iba entrando cuando, en el primer muro que encontró, vio unas palabras pintarrajeadas. “¿Qué significarán?” Antonio, en ese momento, recordó que nunca había aprendido a leer.
 
“La ciudad no es para mí”, se dijo bien convencido. Dio media vuelta y se regresó feliz.
 
          “Pero, ¿y esas palabras pintarrajeadas?”
 
Lo que no hizo Antonio de pequeño, ahora lo inicia con gran esfuerzo: después de varios meses de duro aprender, Antonio ya podía, más o menos bien, leer y entender.
 
          Ya iba ansioso de camino, cada vez más curioso, buscando el muro que daba inicio a la ciudad. Efectivamente, allá estaban las palabras pintarrajeadas. Antonio logró leer y entender: “Estúpido quien lea estas palabras”. Antonio, no lo podía creer.
 
          Una vez más se dijo a sí mismo que la ciudad no era para él. Se regresó a su casa, pero ya no era el mismo, no era tan feliz, porque: las malas experiencias dejan huellas malas...

          ¡Cuidado con la curiosidad! Cuántos jóvenes han perdido la alegría de vivir buscando curiosamente alegría barata en vicios baratos (o no tan baratos).
 
          Cuántos han sido engañados por la publicidad de una sociedad consumista que sólo quiere ver a los jóvenes despilfarradores autómatas de todo tipo de cosa de última moda o de un placer “seguro”. El porcentaje de los que, por ejemplo,  empiezan a fumar por curiosidad es altísimo. El porcentaje de los que del tabaco pasan por curiosidad a fumar droga, y a arruinar sus neuronas,  es sumamente alto. El porcentaje de los que de las neuronas pasan a destruir toda su vida con drogas duras, por curiosidad, es tristemente alto.
 
          Qué triste comenzar esta cadena de muerte ¡sólo por curiosidad! Cuántos desearían meterse en la máquina del tiempo, retroceder... olvidar malas experiencias.

                                  

 

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