sábado, 27 de agosto de 2011

Cuentos que sí cuentan: LOS ARREBATOS DE JUVENTUD SE PAGAN CAROS

24º eslabón. Otra historia de las que no deberían pasar.

          Carlos estaba pletórico. Quedaba poco para su graduación de bachillerato y sabía que su padre le iba a regalar un coche nuevo. Era la costumbre en ese espléndido barrio de la ciudad.
 
          Fueron juntos a elegirlo. Carlos se decidió por un Mustang del año; una pieza preciosa. Su padre asintió. Ya todo era cuestión de esperar al gran día.

          Y ese día llegó. Carlos regresó a casa emocionado. Corrió al garaje y abrió el portón. Pero ahí no había nada. Tampoco en la parte delantera ni trasera de la casa. ¿Qué pasaba?
 
          Fue a su cuarto. Sobre su cama vio un pequeño paquete envuelto en papel de regalo. Tenía una tarjeta. Carlos la cogió bastante confundido. Estaban escritas estas sencillas palabras: “Hijo mío, quiero que éste sea tu gran regalo. Felicidades”.
 
          Carlos abrió el paquete cada vez más perplejo y nervioso. Era un libro... Una Biblia. ¡No era posible! Carlos sintió que una rabia inmensa le subía por todo el cuerpo. Tiró la Biblia y desapareció de casa.
 
          Carlos no volvió a su casa en años. Sólo la muerte de su padre le hizo regresar. Se enteró que su padre le había dejado todo en herencia. Era el único que quedaba de la familia y su padre nunca le había guardado rencor, aunque jamás pudo volver a verle.
 
          Cuando Carlos entró en su antigua casa empezaron los recuerdos y añoranzas... Y su padre le había perdonado, le había dejado todo a él; a él que desapareció y nunca más quiso verle.
 
          Carlos se acercó a la que, durante su niñez y adolescencia, fuera su habitación. Entró. Todo estaba igual. En la mesilla de noche había un libro cuidadosamente colocado, era una Biblia, era... “su mejor regalo”. La cogió. Empezaban ya a humedecerse los ojos de Carlos. La abrió. Entre las hojas había otro sobre. ¿Qué sería? Lo rasgó y se dio cuenta que dentro había un cheque, un antiguo cheque con fecha de... del día de su graduación de bachillerato. ¿Y la cantidad? La cantidad era exactamente la necesaria para comprar el Mustang del año que él había elegido...
 
          Carlos comprendió y calló desplomado en un lamento desesperado.

          Los arrebatos de juventud se pagan caros. Los jóvenes ni si quiera damos tiempo a que se nos dé un buen consejo, una lección magistral para la vida. ¿Por qué, tantas veces, no damos ni una oportunidad a los mayores? ¿Por qué dejamos que la pasión arruine nuestra vida y la de nuestros seres queridos? A los jóvenes y adolescentes nos viene muy bien escuchar, pensar las cosas dos veces, reflexionar. Y nos es muy necesario tener valor para corregir los propios errores, para saber, como el hijo pródigo del Evangelio, cuál es el camino de regreso a casa.

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