lunes, 29 de agosto de 2011

reflexión seria: BIENAVENTURADOS LOS JÓVENES...


JMJ 2011, Madrid, España, Europa.
Humanismo,  progreso, tolerancia, peace&love, talante, etc., etc...



                               




Bienaventurados los jóvenes que dan la espalda a la violencia mezquina,  porque ellos serán llamados constructores de la Paz Verdadera.



Bienaventurados los jóvenes que hacen oídos sordos a las mentiras, insultos y blasfemias, porque sus sentidos gozarán de una Total Felicidad.



Bienaventurados los jóvenes que besan la cruz en los momentos de tentación, porque ellos, antes o después, alcanzarán el Triunfo Definitivo.



                                 

Bienaventurados los jóvenes que no se avergüenzan de Dios ante los hombres, porque Dios no se avergonzará de ellos el Día del Juicio.

Bienaventurados los jóvenes que no salen corriendo ante la necesidad ajena, porque ellos poseerán en abundancia la Gloria Eterna.

Bienaventurados los jóvenes que defienden el rostro de Cristo en la tierra, porque ellos serán por siempre Reyes en el Reino de los Cielos.


Bienaventurados seréis, jóvenes, cuando os persigan por causa de Cristo, porque vuestra recompensa será un Amor Infinito y Apasionado.


Sobredosis semanal: Apareces Tú

Volviendo a escuchar esta canción de la Oreja de Van Gogh, sobre el amor de una mujer,  me vinieron  a la mente mis hermanas consagradas del RC, a quienes tanto quiero, que tanto han sufrido... Pensé que la canción les gustaría, les ayudaría. Ese Tú en mayúsculas ya sabemos quién es. Me impresiona mucho la letra de las estrofas que "hacen posible" el estribillo, que aparezca Él.  Les dejo con mucho cariño la letra para que la disfruten, y un enlace a la música (Amaia tiene una voz preciosa). También pueden encontrarla fácilmente en YouTube.

Por supuesto que todo enamorado del Amor puede disfrutar de esta canción.

https://docs.google.com/leaf?id=0B9AWppV1JawgNjIzMjY0NzYtMzFjMi00MTY4LWFiOGQtYzFiNTk2MjI2ZjFh&hl=es  

Apareces Tú
(Amaia Montero, La Oreja de Van Gogh)


Me he prometido pedirme perdón.
Me he confesado con mi corazón.
Me he enamorado de todo mi amor.
Me permití decirle al miedo adiós.
 
Y de repente apareces Tú.
Mientras me hablas hago que estoy dormida.
Te mentiría si negara hoy
Que desde entonces sólo sueño contigo.
Tú entiendes mis silencios, sólo Tú.
Conoces mis secretos, solo Tú
Comprendes cada gesto, sólo Tú.
 

Me ha sonreído el espejo hoy.
Me he decidido a levantar la voz.
He despedido mis fantasmas hoy,
Y me he gustado tal y como soy.

Y de repente apareces tú…


Y yo sólo quiero entregarme,
Comprenderte  y cuidarte,
Darte mi corazón.
Quiero que llegues a ser
Mi alma y mi intención,
Mi vida y mi pasión,
Mi historia de amor.


Tú entiendes mis silencios sólo Tú.
Me subes hasta el cielo solo Tú.
Eres mi alma y mi inspiración…


domingo, 28 de agosto de 2011

CELOS ¡QUÉ INFIERNO!

Como en otras entradas tomo datos del Manual de Psicología Práctica y al final ofrezco unas ideas claves y consejos.

Los celos son una emoción que surge como consecuencia de un exagerado afán de poseer algo de forma exclusiva. Generalmente se refieren a la posesión exclusiva de la persona amada, entendiendo como tal no sólo a la pareja o el cónyuge; la conducta celosa se puede dar en otras formas de amor, como la de los padres con los hijos o en la amistad.

A veces, se puede llegar a sentir celos con objetos (un coche, un caballo, etc.), no prestándoselos a los demás sólo porque se quieren para el disfrute exclusivo de uno mismo y porque se consideran como algo íntimo y personal (al margen de que se pueda pensar que los demás puedan deteriorarlos).

Los niños pueden tener una actitud celosa hacia sus hermanos u otros niños, en un intento de conservar todo el afecto de uno o ambos padres dirigido hacia ellos de forma exclusiva. No se desea compartir el cariño de los padres porque se piensa que entonces los querrán menos a ellos, ya que a menudo creen que el amor tiene unos límites cuantitativos, y que si se divide obtendrán una porción menor. A esto puede añadirse la idea de que el cariño y atención de los padres se va desplazando hacia los demás, a los que pueden terminar queriendo más que a ellos.

Es posible que algo similar le suceda a uno de los padres, que puede temer perder el cariño de su hijo si éste se dirige hacia el otro padre, otras veces simplemente desean, de forma más o menos inconsciente, todo el cariño del hijo para sí, sintiéndose celosos de que su hijo quiera a su otro progenitor.

También se pueden producir celos entre los padres y el esposo/a del hijo. Los celos entre la madre y la esposa del hijo, sobre todo del hijo único, son relativamente frecuentes, como si ninguna de las dos quisiese compartir formas distintas de amor.

Durante la adolescencia son especialmente frecuentes los celos entre amigos. Es la época de los amigos íntimos, con los que se comparte casi todo. La llegada de una nueva amistad se puede vivir como algo que pone en peligro las cualidades específicas de esa relación que no se desea ampliar ni compartir.

Con todo, los celos más comunes son los que se dan en la relación amorosa de pareja. En estos casos al exagerado afán de posesión y de exigencia egocéntrica propio de todas las formas de celos, se suma la exigencia de una fidelidad más o menos pactada y el desprestigio social que puede surgir de la infidelidad.

Además, especialmente en el caso de los hombres el objeto de amor, la mujer, puede verse resquebrajado por la infidelidad, perdiendo características de la idealización del objeto amado. Los más inseguros pueden pensar que tras una relación amorosa con otra persona se puede perder el objeto amado porque ésta resulta más atractiva en su conjunto a su pareja, o bien que, por simple comparación, su pareja descubra lo poco que él vale en realidad.

En el amor conyugal es donde se dan las actitudes verdaderamente celosas, ya que se suele unir a la emoción de los celos una conducta de espionaje o vigilancia de su pareja; al fin y al cabo, «celar» no significa otra cosa que «vigilar», «estar alerta». Esta situación de continua desconfianza genera una gran tensión emocional en el celoso y en su pareja que se siente continuamente acosada, vigilada, interrogada, generalmente sin motivos. La vida de la pareja tiene uno de sus grandes pilares en la comunicación franca y sincera y en la mutua confianza. Los celos, lógicamente, producen un gran deterioro en la relación y pueden acabar con ella.

Hay algunos tipos de personalidad que suelen ser más celosos, como los egocéntricos, desconfiados, inseguros, narcisistas, necesitados de estimación o histéricos. A través de los celos se puede llegar a producir el trastorno denominado desarrollo paranoide o celotipia, en el que a partir de una situación más o menos real de infidelidad se elabora toda una estructura psicológica sin base real en relación con la infidelidad de una persona, que puede durar toda la vida. Algunos trastornos psicopatológicos suelen presentar conductas celosas; sobre todo destacan el alcoholismo y en menor medida las esquizofrenias de tipo paranoide. 

Dejemos unos consejos e ideas claves:

1.- Los celos si no se tienen bajo control y se van reduciendo, acaban convirtiéndose en una pesadilla: te tienen obsesionado, por miedo a perder lo que acabarás seguramente perdiendo por esa misma obsesión.

2.- Es muy sano, y posible comienzo de solución, el decir que se tienen celos (aunque la gente que te rodea fácilmente se da cuenta). Afrontar cara a cara el problema, sabiendo que los celos son un problema que puede llegar a ser serio. Urge una comunicación sana y clara.

2.- El saber que los celos te van consumiendo y haciendo perder lo que amas, te ayudará a auto-exigirte disciplina para erradicar comportamientos y pensamientos negativos como:

   - que el amor es sinonimo a egoismo, por lo que todos deben estar entorno a tí y sólo a tí. El amor es más pensar en los otros y no tanto que los otros piensen en ti.
   - que el amor exige control de la persona amada. Esto es infantilismo. El amor se basa en la confianza, en compartir y no en  poseer.
   -  que el amor no se puede compartir porque te irías quedando sin él. Totalmente absurdo. Es lo contrario: cuanto más lo compartes más posees.
  -  que el otro "seguramente" y "por lo que sospecho" me está fallando. Cortar rápido con este tipo de pensamientos o sensaciones verdaderamente destructivos: es un infierno vivir de presentimientos, sospechas, temores... Cortar, cortar, cortar. Sólo cuenta lo verificado y bien verificado.

sábado, 27 de agosto de 2011

Cuentos que sí cuentan: LOS ARREBATOS DE JUVENTUD SE PAGAN CAROS

24º eslabón. Otra historia de las que no deberían pasar.

          Carlos estaba pletórico. Quedaba poco para su graduación de bachillerato y sabía que su padre le iba a regalar un coche nuevo. Era la costumbre en ese espléndido barrio de la ciudad.
 
          Fueron juntos a elegirlo. Carlos se decidió por un Mustang del año; una pieza preciosa. Su padre asintió. Ya todo era cuestión de esperar al gran día.

          Y ese día llegó. Carlos regresó a casa emocionado. Corrió al garaje y abrió el portón. Pero ahí no había nada. Tampoco en la parte delantera ni trasera de la casa. ¿Qué pasaba?
 
          Fue a su cuarto. Sobre su cama vio un pequeño paquete envuelto en papel de regalo. Tenía una tarjeta. Carlos la cogió bastante confundido. Estaban escritas estas sencillas palabras: “Hijo mío, quiero que éste sea tu gran regalo. Felicidades”.
 
          Carlos abrió el paquete cada vez más perplejo y nervioso. Era un libro... Una Biblia. ¡No era posible! Carlos sintió que una rabia inmensa le subía por todo el cuerpo. Tiró la Biblia y desapareció de casa.
 
          Carlos no volvió a su casa en años. Sólo la muerte de su padre le hizo regresar. Se enteró que su padre le había dejado todo en herencia. Era el único que quedaba de la familia y su padre nunca le había guardado rencor, aunque jamás pudo volver a verle.
 
          Cuando Carlos entró en su antigua casa empezaron los recuerdos y añoranzas... Y su padre le había perdonado, le había dejado todo a él; a él que desapareció y nunca más quiso verle.
 
          Carlos se acercó a la que, durante su niñez y adolescencia, fuera su habitación. Entró. Todo estaba igual. En la mesilla de noche había un libro cuidadosamente colocado, era una Biblia, era... “su mejor regalo”. La cogió. Empezaban ya a humedecerse los ojos de Carlos. La abrió. Entre las hojas había otro sobre. ¿Qué sería? Lo rasgó y se dio cuenta que dentro había un cheque, un antiguo cheque con fecha de... del día de su graduación de bachillerato. ¿Y la cantidad? La cantidad era exactamente la necesaria para comprar el Mustang del año que él había elegido...
 
          Carlos comprendió y calló desplomado en un lamento desesperado.

          Los arrebatos de juventud se pagan caros. Los jóvenes ni si quiera damos tiempo a que se nos dé un buen consejo, una lección magistral para la vida. ¿Por qué, tantas veces, no damos ni una oportunidad a los mayores? ¿Por qué dejamos que la pasión arruine nuestra vida y la de nuestros seres queridos? A los jóvenes y adolescentes nos viene muy bien escuchar, pensar las cosas dos veces, reflexionar. Y nos es muy necesario tener valor para corregir los propios errores, para saber, como el hijo pródigo del Evangelio, cuál es el camino de regreso a casa.

viernes, 26 de agosto de 2011

Videoforum: Curas y pedofilia

Tema que hay que afrontar con claridad con los adolescentes cristianos

1- Qué idea tienen de la realidad del problema.
2.-¿Están influidos por las campañas exageradas para dañar a la Iglesia?
3.- ¿Entienden que la pedofilia es algo muy extendido en otros ámbitos, y de forma mucho más generalizada?
4.- ¿Se dan cuenta si todo esto influye en su visión y aprecio por el sacerdote?
5.- Como en otros campos también muy serios ¿han aprendido a no generalizar las situaciones concretas?


https://docs.google.com/leaf?id=0B9AWppV1JawgNzc0Y2Y3NTAtZmQ0Yy00NmU5LWEzY2ItYjNjMmEzNmNlNDkx&hl=es

O en Youtube más rápido

jueves, 25 de agosto de 2011

¡NO ESTOY DE ACUERDO!!! Vale, pero con educación....

Es más fácil estar de acuerdo que en desacuerdo. Pero podemos aprender mucho de las conversaciones en las que no coincidimos en nuestros puntos de vista, siempre que seamos capaces de escuchar y hablar de manera racional.

Por desgracia, la mayoría o bien no nos atrevemos a mostrar nuestro desacuerdo o bien perdemos los papeles cuando las cosas no van como nos gusta.

Estos 5 consejos pueden ayudarte a mantener los desacuerdos de una manera constructiva, tanto si estás hablando con tus padres, un amigo o cualquier otra persona:
  1. No hagas de ello algo personal. Si te sientes irritado, recuerda que lo que te enoja es la idea o concepto que defiende tu padre (o amigo, tutor, compañero, etc.), no la persona.
  2. Evita despreciar las ideas y creencias de la otra persona. Si alguna vez te ha tocado recibir el ataque o el desprecio de alguien, ya sabrás qué importante es usar un lenguaje y un comportamiento respetuoso. Así que en vez de decir lo que puedes estar pensando (¡Qué estupidez!), prueba esto: "No estoy de acuerdo con eso por esta razón...". Resiste la tentación de gritar, utilizar el sarcasmo o hacer comentarios despectivos, y así es mucho más probable que lo que tengas que decir se entienda.
  3. Utiliza frases en primera persona (yo) para comunicar cómo te sientes, lo que piensas y lo que quieres o necesitas. Hablar del otro (tu) puede dar la impresión de que estás discutiendo. Por ejemplo, decirle a tu madre o a tu padre "Siempre me recuerdas mis tareas los miércoles cuando sabes que tengo un montón de deberes" suena muy diferente que decir "me siento muy agobiado, porque hoy tengo muchos deberes. ¿Puedo hacer esas tareas mañana?"
  4. Escucha el punto de vista del otro. Escuchar bien es una manera de mostrar que respetas y entiendes el punto de vista de la otra persona. Esto hará más probable que ella haga lo mismo contigo. Cuando la otra persona hable, trata de no pensar por qué no estás de acuerdo o lo que le vas a contestar. En vez de eso, pon atención en lo que está diciendo. Cuando sea tu turno de hablar, repite cualquier punto importante que la otra persona haya mencionado para demostrar que escuchaste y oíste lo que dijo. Luego, con tranquilidad, explica tus argumentos y por qué no estás de acuerdo.
  5. Mantén la calma. Esto es lo más importante que puedes hacer en una conversación. Desde luego, es todo un reto conservar la calma y ser razonable cuando te sientes enfadado o exaltado por algo, sobre todo si la persona con la que estás hablando lo hace acaloradamente. Puede que sea necesario que te comportes como la persona madura que sabe llevar tranquilamente la conversación, aunque el otro sea uno de tus padres o alguien que debería saber mejor cómo hacerlo.
Por supuesto, el respeto no sólo debe tenerse en cuenta en las conversaciones difíciles. Ser amable y considerado con los miembros de tu familia, profesores o consejeros escolares en las actividades cotidianas nos ayudará (¡a los padres incluidos!) a sentar las bases para los momentos en que podamos no estar de acuerdo.

Teenhealth.com

Sentido del ridículo ¡Qué ridículo!

EL SENTIDO DEL RIDÍCULO

Decimos que hay personas con un alto sentido del ridículo, es decir, que están muy pendientes y preocupadas por no hacer algo inconveniente en presencia de los demás. Si ellos o alguna persona que les acompaña realizan alguna inconveniencia social o alguna extravagancia, piensan que se han expuesto al ridículo público y que, por tanto, resultan molestos, fuera de lugar, y pueden ser sometidos a la burla o al desprecio de las personas presentes mientras «hacían el ridículo». Este tipo de situaciones les generan una gran ansiedad, temor y vergüenza Un exagerado sentido del ridículo se suele asociar con una personalidad insegura, con la timidez, con una sobrevaloración de los convencionalismos sociales y una gran sensibilidad frente a los juicios u opiniones de los demás.

También es más frecuente entre los que han desarrollado una actividad social escasa o que por otros motivos carecen de la suficiente habilidad social. El temor a hacer el ridículo es algo que se mantiene de forma más o menos presente y que se acentúa durante los momentos previos a una reunión social o un acto en el que estas personas piensen que van a estar sometidas a la observación de otras con las que no tienen suficiente confianza: una conferencia, un examen oral, una recepción, una boda, etc., pueden ser situaciones en las que se teme hacer el ridículo, especialmente si tienen algo de novedad, ya que entonces estas personas se encuentran incapaces de prever lo que puede suceder y no se pueden tranquilizar pensando que anteriormente ya salieron airosos de situaciones similares.

Una vez inmersos en uno de estos ambientes, la sensación de ridículo puede surgir por cualquier nimiedad, por pequeños detalles que pasan generalmente desapercibidos para los demás, pero que en estos momentos pueden llegar a constituir una verdadera fuente de sufrimiento para estas personas. Crece entonces la inseguridad, a veces, los sentimientos de inferioridad, la ansiedad y la vergüenza que se caracteriza, al fin y al cabo, por un intento de que los demás no descubran algo en nosotros, por lo que la expresión principal de la vergüenza es la intención de esconderse de las miradas de los demás.

La ansiedad previa al contacto con la situación en que se teme hacer el ridículo puede conducir a evitarla a toda costa ya que se movilizan los mecanismos psicológicos de defensa inadecuados, como el de evitación, por el cual se establecen falsos razonamientos encaminados a eludir este tipo de circunstancias y librarse así de la posibilidad de enfrentarse con una situación angustiosa. De este modo se puede llegar a establecer una auténtica fobia que conduce a la larga a una progresiva inhibición, pasividad y falta de destreza en este terreno.

Si la persona se halla en esos momentos en un ámbito en el que se cree que está haciendo el ridículo, se puede generar tal tensión emocional que se vea incapaz de soportarlo por más tiempo. El mecanismo de defensa que se suele movilizar en estos casos es el de huida, por el cual estas personas están «dispuestas a todo» con tal de abandonar el lugar donde están, produciéndose un ataque de pánico (Panic attack) por el que se marchan, terriblemente angustiados y sin atender los posibles razonamientos que alguien les pueda proponer. Cuando transcurre un poco de tiempo, las personas vuelven a la absoluta normalidad y reconocen la desproporción de su comportamiento.

Un exagerado miedo a hacer el ridículo dificulta la progresiva expansión de la persona y puede ocasionar diversos trastornos por ansiedad, especialmente fobias sociales. En otros casos, un exagerado sentido del ridículo no es más que un síntoma de un trastorno de la personalidad. Por el contrario, la falta absoluta del sentido del ridículo es propia de una personalidad psicopática, asocial, en la que existe un exagerado desprecio por las normas sociales y una falta de respeto por los demás.

Así que:

- Practicar la vida social sin tener miedo a equivocarnos: cuanto antes mejor. Los padres deben procurar espacios de socialización para sus hijos sin "esconderlos" para nada en casa por miedo o sobreprotección.
- Darnos cuenta de que no somos el "ombligo" del mundo que nos rodea. Cambiar una y otra vez los pensamientos que nos puedan venir en esta dirección.
- Quitar importancia a las tonterias de la vida, y quitar importancia a las personas que se fijan sólo en las tonterias de la vida, sin ver el interior de las personas.
-Darnos cuenta que si nos da exagerado miedo el qué dirán, peor será lo que digan cuando nos vean con esa obsesión enfermiza por el ridículo, cuando vean que no socializamos, que huímos de todo por miedo al ridículo...

Los jueves con Edu y Marta: PRINCIPIOS PEDAGÓGICOS VI

PRINCIPIOS pedagógicos fundamentales

1.       De persona a persona 
2.       De auto-convicción   
3.       De formación integral
4.       De gradualidad y flexibilidad
5.       De conocimiento y crecimiento y constante
6.       De eficacia metodológica    HOY
7.       Cristocentrismo 


Principio de eficacia metodológica



       En educación, no basta trabajar. Ni basta  trabajar mucho, como si los frutos educativos vinieran por el atiborramiento de sermones, actividades, lecturas, herramientas metodológicas, y un largo etcétera. En la educación de adolescentes encaja perfecto lo de “poco pero bien hecho”. Actuar lo justo, pero con acierto y eficacia metodológica. Vale más unas pocas palabras bien pensadas y expresadas, que un largo discurso. Vale más una palabra de aliento que muchos regaños. Vale más una motivación positiva que mil halagos. Vale más una experiencia fuerte de la vida que muchas lecciones teóricas. Vale más que salgan a la calle para ayudar a los demás que muchas motivaciones filantrópicas o espirituales. Vale más apoyarse en los chicos de mayor liderazgo que querer intervenir directamente al margen de ellos.

       En el campo de la educación reviste un interés particular la atención que merecen, dentro de cada grupo, los muchachos y niñas más líderes. Esta atención especial no significa fomentar las discriminaciones;  es optar por una herramienta pedagógica y metodológica eficaz y natural. El trabajo invertido en los muchachos y chicas más capaces humana y socialmente se convierte en fermento de disciplina, de alegría, de iniciativa y de empu­je sobre todos los miembros del grupo.

       En virtud de algo que está ínsito en la misma naturaleza humana, el formador ha de detectar a los muchachos y a las chicas con más dotes de liderazgo, conectar con ellos y acompañarlos, ayudarlos e integrarlos al ambiente formativo que se quiere lograr; para que esas capacidades se pongan a disposición del bien común. Vale la pena invertir tiempo y energías en la formación de los educandos con más posibilidades, ya que de ellos se recibirán réditos mayores, por el influjo positivo que ejercen sobre todo el grupo. Además que (por supuesto) a ellos mismos se les está dando lo que necesitan para su propia realización.

       El educador debe aprender a conocer la psicología del muchacho y de la chica líder para saber trabajar con ellos: saber cómo se ve la persona líder en relación con los demás; cómo entiende el papel de las relaciones humanas y sociales; cómo no puede no expresar sus dotes directivas, organizativas y creativas; cómo necesita una atención personalizada, esmerada y continua. El muchacho y la chica líder estarán a la expectativa de recibir del formador todo lo que él o ella están buscando; si no sabemos dárselo, pronto se alejarán. Y sólo Dios sabe a qué causa se sumarán, con todas sus capacidades…

                       

La teoría no falla. He visto sufrir a muchos formadores en el intento de, por ejemplo, poner orden y buen ambiente en un grupo de adolescentes. ¡Cuántos intentos inútiles! Les he dicho de hablar personalmente con los más influyentes, ganarse su confianza y saber motivarlos. Y luego pedir su ayuda para que salga bien tal o cual actividad, para que no se toquen ciertos temas entre ellos, etc. Si se atina con las personas, si se sabe hacer bien, no falla este principio pedagógico para sacar a todo un grupo adelante. El que quiera ver en esto favoritismos o discriminación, la verdad que anda perdido… Le pierde la subjetividad, los celos, o simplemente la falta de experiencia educativa. Otro asunto es que haya educadores que no hagan buen uso de este principio y se pierdan ellos en verdaderos favoritismos o en actitudes discriminatorias. Sería una verdadera pena.

      
 

lunes, 22 de agosto de 2011

Una noche en Cuatro Vientos: un espectáculo llamado FE y ESPERANZA

Por Inma Álvarez
ZENIT, domingo 21 de agosto de 2011 (ZENIT.org).- Hay un espectáculo único en el mundo, y es la noche que sigue a la vigilia del Papa en cada JMJ. Solo quien lo haya vivido puede hacerse una idea de la fuerza de transformación que estas Jornadas ponen al alcance de los jóvenes, de la experiencia de fraternidad y comunidad que dejan en sus almas, como un sello.
 
 
Son las tres de la mañana en Cuatro Vientos, y tengo que atravesar el campo de punta a punta, dentro de los limites establecidos por las fuerzas del orden. Salgo del recinto de la prensa, donde muchos compañeros duermen en un improvisado “vivac”, y compruebo una vez más que, como casi siempre, la fiesta está “ahí afuera”. Una marea humana absorbe en seguida mis pasos, cientos de jóvenes van y vienen por las avenidas algunos hablando tranquilamente, otros riendo y divirtiéndose. Hay un redoble de tambores y panderetas continuo de fondo, una música incesante que cambia de tonos y matices conforme se avanza, pero cuya intensidad no disminuye.
 
 
A pesar de la poca luz, se adivinan los recintos cercados llenos de sacos abultados por la presencia de los cuerpos. Pero miles de jóvenes prefieren no dormir esta noche, como puedo comprobar mientras camino a semioscuras. Las improvisadas avenidas están concurridas como el centro de cualquier ciudad grande. Muchos jóvenes aprovechan para utilizar los baños o para comprar comida, o se sientan unos junto a otros y hablan. Otros forman grandes círculos y bailan sin descanso, y como suele suceder, cuanto más grande es el ruedo más gente se añade a él. La mayor parte habla, ríe, bromea... De vez en cuando pasan ambulancias del Samur, el servicio de emergencia sanitaria, que esta noche hará horas extras a causa del tremendo calor que padecieron los peregrinos por la tarde.
 
 
Paso al lado de una de las carpas, caída a causa de la fuerte tormenta que se abatió de repente sobre los participantes en la Vigilia. La policía ha acordonado la zona, pues ha habido varios heridos leves. Otra de las carpas ha sido desalojada y se va a proceder a su desmantelación, pues la estructura se ha desestabilizado.
 
 
Los jóvenes que van y vienen se reconocen entre sí por las banderas o por los signos distintivos de su pertenencia eclesial. Hay dos tipos de fraternidades que se establecen en Cuatro Vientos: una, la de la procedencia del mismo país. Concretamente en España, país castigado por los particularismos, resulta curioso ver cómo los jóvenes levantan entre sí las barreras y se presentan mutuamente. Unos madrileños intentan chapurrear catalán con unas jóvenes, que aprecian el gesto muy divertidas. Más adelante, dos grupos de italianos con sus banderas se entrecruzan y saludan al grito de “italiano, batti le mani” (“¡italiano, aplaude!”).
 
 
La segunda fraternidad que se establece es la eclesial. Jóvenes pertenecientes a distintos movimientos se saludan y se explican mutuamente, o se intercambian sus camisetas o distintivos propios. También hay grupos pertenecientes al mismo movimiento o comunidad pero de países distintos, y que se sorprenden de hablar el mismo lenguaje a pesar del distinto idioma. Resulta curioso ver el resultado de este mestizaje, después de unas horas en la explanada, con muchachos vestidos con banderas de Estados Unidos, gorros mexicanos y sombreros que no combinan ya con sus camisetas, o grupos de franceses o de africanos que se pintan los colores de la bandera española en la cara.
 
 
También los voluntarios, la mayor parte de los cuales puede tomarse unas horas de “descanso” hasta que amanezca, aprovechan para mezclarse entre los jóvenes y participar de la fiesta. Hablo con una de ellas, francesa. “Me doy cuenta de que mi fe está creciendo estos días”, me dice en un español bastante correcto. Otra presencia importante es la de las personas consagradas, monjas y frailes están entre los grupos bailando como uno más. A mi lado, un chicarrón enorme que se adivina procedente de un país nórdico habla en inglés con una monjita menuda con hábito marrón. Más adelante, un sacerdote sudamericano se sienta encima de un saco de dormir, con la estola puesta, mientras un joven le habla, parece estar confesándose. Varios jóvenes charlan amigablemente en italiano con un franciscano capuchino, vestido con el pobre hábito y las sandalias, y tonsurado. Es de la misma edad que ellos, no llega a los treinta.
 
 
Hay grupos que sólo con su presencia despiertan la simpatía de quienes les rodean, como el nutrido grupo de libaneses que duerme en el suelo de la improvisada avenida porque no quedaba sitio en el sector que se le había asignado. Otro grupo que ha estado omnipresente en primera fila en todos los actos del Papa, con su bandera ondeando al viento, procede de Siria. Si uno se acerca, comprueba que gran parte de quienes lo integran son bonitas adolescentes que miran con la cara descubierta y la sonrisa en los labios, con una sensación de libertad de que quizás no gocen en sus países de origen. Hay turcos cristianos, otra minoría en entredicho que sabe mucho de sufrimiento. Parece que un grupo de Iraq ha logrado acudir también, y un grupo de cuarenta etíopes, con la ayuda de varias asociaciones cristianas internacionales, pero no hay forma de encontrarlos, son solo gotas en este océano viviente. Se ve de lejos una bandera de Malasia. Por donde paso ahora, un grupo de Nueva Zelanda duerme junto a otro de Croacia.
 
 
Otro de los espectáculos de la noche es ver las carpas de la adoración eucarística, llenas de jóvenes hasta el punto de que muchos se tienen que unir desde fuera pues no caben en el recinto. De rodillas y en silencio, ajenos al barullo, con la cabeza inclinada ante la Custodia. Muchos, bastantes adolescentes entre ellos, pasarán la noche allí, al lado de su Señor.
 
 
Me ha costado casi una hora llegar al otro extremo del campo, y sólo lo he cruzado de lado a lado. No he visto sino jóvenes disfrutando de la vida, con la energía de la edad, exuberantes y alegres. Nadie bebido, nadie drogado, nadie molestando o alterando el orden. En ningún momento he tenido miedo, a pesar de la oscuridad y de la gente. Me dicen que al menos doscientos mil están durmiendo fuera del área, con más dificultades porque no tienen casi luz ni servicios. Los veo desde la valla: sólo ésta les separa de los de dentro, pero el espíritu es el mismo, la misma alegría, la misma serenidad.
 
 
No se ve el final de la explanada. Decido volver sobre mis pasos. Son las cuatro, pero la “fiesta” no ha disminuido. Para muchos jóvenes es una noche blanca, única, que terminará dentro de unas horas con la salida del sol y el rezo del Ángelus. Habrán hecho amistades, se habrán divertido, habrán conocido a otros jóvenes con las mismas inquietudes que ellos. A algunos, esta noche puede que les cambie la vida.

El difícil tema de la asertividad y la autoestima

ASERTIVIDAD

Es uno de los términos en psicología que más fácilmente puede malinterpretarse, y que ha arruinado la vida de personas que vivían con verdadero amor situaciones de sufrimiento natural. Parejas que han roto su matrimonio por el mal uso de este término. Jóvenes que han hecho de la asertividad y la autoestima un arma arrojadiza que ha terminado siendo un búmerang.  Refiero un artículo de la Guía práctica de psicología,  añadiendo algo importante al final.


El adjetivo asertivo aplicado a la persona indica a aquella que tiene el poder o la capacidad de asegurar con firmeza y decisión cuanto dice y hace. Por ello, podemos equiparar asertividad a seguridad en sí mismo, a autoafirmación.

Para ser una persona realmente asertiva, en primer lugar se debe tener una conciencia clara de lo que son los propios derechos. Y esto no es tan sencillo, puesto que es fácil pecar por defecto o por exceso.

Por defecto, muchas personas viven apocadas y restringidas en un mundo casi sin derechos. Temen reclamar aquello que en justicia les corresponde por miedo a pasarse, por temor a invadir el terreno del prójimo o por miedo a ser rechazado afectivamente.

Por exceso, otras muchas personas opinan lo contrario: piensan que tienen derecho a todo y «pisan» el terreno ajeno sin el menor escrúpulo. Ni lo uno, ni lo otro. Cada persona tiene sus propios derechos, pero tienen que medirse con justicia y objetividad. Uno es libre de querer alcanzar unos determinados objetivos pero siempre que se mantenga un respeto al prójimo y no se atente contra la libertad de los demás.

Para lograr la autoafirmación conviene tener claros unos cuantos conceptos antes:

A) Conciencia social. Si vivimos en sociedad tenemos que admitir que no estamos solos en el lugar que habitamos, que también otras personas pueden tener deseos y aficiones comunes a los nuestros y, por tal motivo, interferir en nuestro camino de una forma competitiva. Y que, en definitiva, vivir en comunidad tiene sus ventajas porque nos aporta una mayor posibilidad de cubrir nuestras necesidades al multiplicarse las ofertas disponibles, pero que, a cambio, tiene sus inconvenientes, ocasionados por la masificación y la competencia a la hora de satisfacer estas necesidades.

B) Autoestima. Es el amor propio; es decir, el respeto y cariño
hacia uno mismo. Difícilmente podremos defender nuestros derechos si no nos apreciamos en lo que valemos. Es el llamado narcisismo natural, fundamentado en la autogratificación en una medida razonable y que nada tiene que ver con el egoísmo.




C) Limitaciones. Debemos conocer, asimismo, nuestras auténticas posibilidades, saber hasta dónde podemos llegar y ser realistas a la hora de marcar nuestros objetivos en la vida. Si no nos engañamos con fantasías y aceptamos nuestras limitaciones, sabremos asumir nuestros fracasos como algo probable y sin sentirnos excesivamente frustrados por ello.

La asertividad o autoafirmación es un proceso de aprendizaje que ya comienza en la infancia: el niño, en principio, recibe la seguridad a través de sus padres o protectores. Son ellos quienes deciden lo que debe o no debe hacer, delimitan sus derechos y obligaciones, al tiempo que lo protegen de las adversidades del exterior. Cuando recibe una educación adecuada, aprende, por un lado, a renunciar a algunas de sus apetencias, percatándose de que no todo lo que hay en el mundo le pertenece y de que debe respetar lo ajeno; y, por otro, a estimar y defender lo propio como algo merecido. El niño, bien encauzado por sus educadores, se entrena en tomar decisiones propias y ser consecuente con sus actos.

Una educación represiva, que no le proporcione oportunidades, le hace crecer en un clima de miedos e indecisiones, pudiendo convertirse en un adulto anclado en la infancia, que precisa constantemente de un protector que solucione sus problemas. Anula sus propios derechos a fuerza de no ejercerlos.
Tampoco es eficaz una sobreprotección del niño. Este debe aprender de sus propios errores para corregir su conducta y tiene que percibir los peligros que le rodean por propia experiencia. Eso si, con un adecuado control de sus educadores para que tal experiencia no sea excesivamente peligrosa. La rivalidad con otras personas comienza con las que convive en el seno familiar y se prolonga en la escolaridad. Allí debe competir y defender sus derechos frente a compañeros y amigos.

Si llega firme a la adolescencia, sabrá imponer su personalidad cuando sea preciso, haciéndose valer ante los demás y desarrollando su capacidad asertiva. Si no es así adoptará alguna postura  negativa como el  aislamiento social, convirtiéndose en un ser solitario e incapaz de relacionarse con los demás por puro miedo al prójimo, o buscará refugio dentro del grupo, perdiendo su identidad su identidad identidad y criterios propios dentro de la «masa» (lo que ulgarmente se conoce por «borreguismo»).





El individuo asertivo tiene una conciencia clara de lo que son sus derechos, los hace valer y no permite que éstos sean violados. Pero tal vez sea más gráfico conocer lo que es autoafirmación a través del modelo opuesto.

Veamos cómo sería el prototipo del individuo poco o nada asertivo.  No tiene muy claro dónde finalizan sus derechos y comienzan los del prójimo, por lo que habitualmente «cede terreno» y se deja manipular por los demás.

No confía en sus propias fuerzas, por lo que generalmente no presenta batalla. Se siente derrotado antes de luchar y elude las discusiones, pues, en su fuero interno, está convencido de su fracaso, ya que, al no competir nunca, jamás adquiere experiencia combativa y seguirá sintiéndose débil ante los otros. Tiende a estancarse en su vida por temor al riesgo que implica un cambio y llega a acomodarse a las situaciones más incómodas con tal de no exponerse.

En el plano laboral suele ser explotado por jefes y compañeros, asumiendo tareas y obligaciones que no le conciernen. Todo ello por miedo a enfrentarse a los mismos o plantear la más mínima queja. En el terreno afectivo es víctima de continuos chantajes. Su mayor temor es no ser querido y con tal de mantener el supuesto aprecio se deja manipular con gran facilidad. Cuando forma pareja, es manejado por el otro a su libre antojo, por lo que puede llegar a ser tremendamente infeliz, viviendo un falso amor carente de espontaneidad. A pesar de ello, es capaz de mantener toda su vida una relación así, con tal de no plantearse un cambio en su ambiente.

En su relación social puede ofrecer un aspecto de falta de sinceridad, pues da mil rodeos antes de pedir lo que quiere y resulta
falso porque pretende quedar siempre bien y que no se le censure. Será muy raro que se queje ante las pequeñas injusticias cotidianas. Que, por ejemplo, proteste en un lugar público cuando es mal atendido, devuelva un objeto defectuoso en la tienda que lo compró, o llame la atención a alguien que se ha saltado su puesto por delante de él en un turno de espera, etc.

En definitiva, todas las facetas de su vida pueden verse afectadas por la falta de asertividad, llegando al summum de la duda cuando se plantea, ante sí mismo, si realmente «tiene derecho a tener derecho».

El individuo consciente de su falta de asertividad siente habitualmente por ello un alto nivel de angustia. Y, lo peor, puede caer en un círculo vicioso neurotizante: autodesprecio por no saber imponerse y no imponerse por autodesprecio.

Por todo ello, no es raro que se arme de autoengaños para poder sobrevivir sin angustias y justificar su falta de afirmación, como la zorra que renuncia a las uvas inalcanzables, autoconvencida de que están verdes.

Todo esto, que es sumamente cierto, no acabará de serlo si no se combina con los conceptos de donación abnegada y de caridad real. Hay momentos en la vida que se gana más cediendo, callando, soportando con paciencia... Pero como decimos, son momentos (muchos o pocos), y que son aceptados libre y voluntariamente, por amor, no por cobardía o debilidad.

Sólo quien sabe combinar la sana asertividad, la sana autoafirmación de su persona, junto con la caridad real, llegará a la felicidad madura.

Sobredosis semanal: ¿Dónde está todo?

Todo lo que he buscado y no he encontrado.
Todos los intentos que han sido un fracaso.
Todo lo que he querido y no he podido.
Todo lo anhelado que ya se ha desvanecido.
Todas las ilusiones que ya se han agrietado.
Todos los sueños que por siempre serán sueños.
Todo un ser rebosante... Que ya no será.

Toda la pureza infantil que perdí.
Toda la fuerza juvenil que derroché.
Todo juicio sabio que descarté.
Todo bello afecto del que me burlé.
Toda norma que fue quebrantada.
Toda la voluntad, ya casi quebrada.
Todas las potencias... Al final, para nada.

Todo lo que quise ayudar y no llevé a cabo.
Todo el dolor que contemplé y no consolé.
Todo perdón reclamado y no correspondido.
Toda la justicia debida y no compartida.
Todo el amor, que ya no he dado.
Todo el amor, que ya no he recibido.
Toda mi humanidad... Al final, fracasada.

Todo, absolutamente todo,
en la Carne del Crucificado;
a la cual quiero vivir ya, ya,
ya eternamente abrazado.

sábado, 20 de agosto de 2011

Cuentos que sí cuentan: EL BORREGUISMO...

23º eslabón. Otro cuento de ovejas, borregos y... borreguismo.

           En una rústica aldea de algún país, las ovejas tenían algo de humano. Todas eran bien diversas aunque no lo pareciera. Estaba la oveja laboral, la doméstica, la oveja ama de casa, la textil, la oveja despistada, la trabajadora, la tonta, la pija, la hippy, la yuppy y la oveja "cool" (la "guay", la "malota"...). ¡Ah! La oveja cool; era la sensación del ovejindario. ¡Vaya con la ovejita! Se colaba en los parques públicos, destrozaba los jardines, festejaba con el pasto ajeno... Los pelos, ¡qué pelos! Nunca dejaba que el pastor acabara de trasquilarla, y a mitad, con tres franjas en el lomo, de un brinco, estaba fuera del corral.

Era "cool", trataba a todas de borrega, cordera, lanita, becerra y de "tú". Ella se autoproclamaba: "mi dama". ¡Qué oveja tan independiente, tan segura, tan decidida, tan... humana! Sí, eso es: humana. Fíjate con qué estilo hace todo, con qué desenvoltura. Es la oveja liberada, la oveja entretenida, la oveja líder, modos todos con los que se califica hoy en día a la oveja "cool", a mi dama, a la oveja perdida.
 
A la oveja perdida la llaman la oveja liberal, o liberada del yugo de la opresión del pastor que le dice por dónde ir, dónde pastar, de quién fiarse y a quién temer. Y sale libre a pastar y ser pastada...

A la oveja perdida se le llama también la oveja líder; mírala cómo toma la iniciativa. “¿Las otras? Noventa y nueve borregas que se dejan explotar, que pierden su lana, su leche y sus crías.”
 
Todo iba bien en su vida, de repente, ¡qué sorpresa! “¿Dónde está el pastor? Lo perdí... Ja, ja. Yo sólo me entretuve saboreando ese nuevo tipo de margarita, "probando" flores y caminos y estilos y laberintos y acantilados y... "trancazos" de aúpa. ¡Qué entretenida vida la mía!”
 
          El pastor quería llevarla a fuentes de agua clara, quería llevarla a valles de pastos sabrosos. El pastor sólo quería cuidarla. El pastor salió a buscarla, ha pasado muchos años, y aún no se nada ...

          Parece necesario que los jóvenes debamos probar por nosotros mismos las malas experiencias, los golpes de la vida. Nada sirve que nos avisen. Es una cuestión que nos planteamos como: “...son cosas de la edad”.

          Pero si lo analizamos bien, vemos que no es cierto. La gran mayoría de los jóvenes, sin dejar para nada de serlo, saben aceptar consejos, saben entrar en el juego de la vida, con sus límites y su responsabilidad. En el fondo sabemos que necesitamos alguien que nos guíe, que nos diga por dónde ir o por dónde no ir.

          Es cierto que siempre habrá de los "perdidos" (que esperamos con todas nuestras fuerzas que lo sean temporalmente).

         El borreguismo, como siempre digo,  no es de los que siguen al pastor (en plan negativo o exagerado sería algo como "pastoradicción"). El borreguismo es de los que siguen a la oveja perdida y, antes o después, se la pegan...



jueves, 18 de agosto de 2011

Los jueves con Edu y Marta: PRINCIPIOS PEDAGÓGICOS V

PRINCIPIOS pedagógicos fundamentales

1.       De persona a persona 
2.       De auto-convicción   
3.       De formación integral
4.       De gradualidad y flexibilidad
5.       De conocimiento y crecimiento constante  s  HOY
6.       De eficacia metodológica
7.       Cristocentrismo 


Principio de gradualiad y flexibilidad


       Ligamos este principio a la consabida enseñanza clásica: “conócete, acéptate, supérate”. La pregunta por la propia identidad es necesaria y lógica, ya que la reali­zación personal y el cumplimiento del propio destino en el mundo tie­nen una importancia capital en la vida humana. Además, a la resolución de la pregunta sobre la propia identidad están ligadas la felicidad, la plenitud personal y el sentido de la propia vida. “El primer paso para poder hacer algo en la vida es conocerse bien, saber lo que se quiere con precisión y claridad y cuál es la meta a que se quiere lle­gar, así como los medios justos y con­cretos que se deben emplear para alcanzar esa meta”.
                  

       El educador debe inculcar este principio al muchacho o a la chica, y debe proporcionarle todos los elementos, también prácticos, para que lo pueda realizar en su vida cotidiana. De lo contrario, el formador se encontrará con sorpresas desagradables, y a veces con consecuencias irreversibles en la vida del chico. No es difícil interesar a un adolescente en el tema de su propia personalidad. Lo difícil es lograr que se conozca objetivamente, que se acepte tal como Dios le quiere y que se supere a partir de su situación real.

                                                        

Andrés tenía 16 años. Cuando estaba en una convivencia, al final del curso, se  puso a llorar como niño pequeño. ¡Él que era tan gallito! Decía que siempre se había creído la gran cosa, el chavalote de su generación. Y ahora, después de un par de años de idealismos pueriles, se daba cuenta de que era de los más limitados, intelectual y humanamente, de entre sus amigos y compañeros. Ahora se daba cuenta de una gran verdad que le había intentado inculcar hace tiempo: en la pre-adolescencia, entre los 10 y 12 años, el muchacho líder suele ser el deportista nato; luego lo es, al menos aparentemente, el más gallito y bravucón. Con el paso de los años el chico responsable y maduro, en sus estudios y en sus relaciones con los demás, es el más buscado y querido por todos... Esto conviene ponderarlo, de antemano, a todos los adolescentes.

                                         

       Del conocimiento propio, que viene principalmente del auto examen positivo y de una dirección académica y espiritual asidua, se debe pasar a la aceptación, al saber apreciar y agradecer a Dios las propias cualidades, y a reconocer maduramente y sin complejos las propias limitaciones. Los chicos deben aprender a no envidiar las cualidades de otros; cualidades que muchas veces no son sino intrascendentes o simples apariencias. Es muy importante infundir esta actitud, pues de no lograrse será el inicio de muchos traumas y, no pocas veces, del alejamiento de Dios, a quien se verá como un ser injusto “porque no reparte a todos los mismos dones…”. No podemos olvidar que vivimos en una cultura donde se fomenta sistemáticamente la envidia, no importa cómo se quiera llamar: competitividad a toda costa, comparaciones constantes, luchas de clase sin cuartel, etc.

       La superación vendrá como exigencia de tener que enfrentar fallos, deficiencias, caídas. No basta decir "yo soy así". Recordemos lo ya dicho de Hyde: “líder es todo aquél que quiere serlo, a condición de que reconozca sus propios errores”, cambiando la palabra líder por la de adulto. Al muchacho le debe quedar claro que tiene que emprender una lucha continua por superarse cada día; que no recibe una personalidad acabada, que la debe construir poco a poco con el propio esfuerzo y la propia libertad. Tiene que estar convencido de que el camino de la propia superación nunca termina. El día que se dice: “¡hasta aquí llego!”, ese día se empieza a retroceder.

       Y como anunciamos al hablar de la gradualidad, afirmamos ahora que sólo el educador que lucha para que los muchachos se superen constantemente puede estar tranquilo de estar usando acertadamente la necesaria adaptación, el principio de flexibilidad y gradualidad.





     
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