jueves, 21 de julio de 2011

Los jueves con Edu y Marta:PRINCIPIOS PEDAGÓGICOS I

Acabadas las siete actitudes básicas que debe tener todo buen educador, empecemos a ver los:



PRINCIPIOS pedagógicos fundamentales



1.        De persona a persona  HOY

2.       De auto-convicción   

3.       De formación integral

4.       De gradualidad y flexibilidad

5.        De conocimiento y crecimiento continuo

6.       De eficacia metodológica

7.        Cristocentrismo 





1.       De persona a persona



       Uno de los secretos de la pedagogía cristiana, desde sus inicios, es la formación personalizada, la atención detallada, particularizada, no masiva ni superficial. “Dios no ha hecho a las personas en serie in­dustrial, sino que cada una es obra de artesanía singular y divi­na”. El mismo ambiente cultural en que nos movemos hace más urgente reavivar en el corazón humano el deseo de establecer relaciones interpersonales profundas y maduras, duraderas y responsables, donde se tenga en cuenta la singularidad de cada quién. Esta atención personalizada se hace absolutamente imprescindible al llegar al período tan crítico de la pubertad, cuando se desarrollan importantes cambios en la personalidad, con sus reflejos de rebeldía familiar y social, frialdad en la vida espiritual, apatía en sus estu­dios, y un largo etc. Los educadores lo deben tener muy claro: abarcar sólo lo que se pueda hacer bien; dedicarse sólo a quienes se pueda atender personal y sólidamente. El “cuantos más mejor” debe siempre acompañarse de un condicional “si puedo dedicarme a cada uno personal y profundamente”.

       Formación personalizada no significa que el formando sienta que un formador está sobre ella para darle una serie de indicaciones y de contenidos formativos, para controlarla y corregirla en todo momento. Educación personalizada no significa vigilancia personalizada. Es clave, ya lo hemos señalado, la relación que se instaure entre formador y formando: como camino de motivación y exigencia, como acompañamiento paciente y exigente, como encuentro existencial a partir de la realidad concreta del muchacho.

       Es necesario conocer a cada educando de forma omnicomprensiva: sus gustos, preferencias, cualidades, inquietudes, sus simpatías y antipatías, etc. Y ofrecer a cada uno la ayuda que él necesita, y la exigencia proporcional a sus talentos y capacidades personales. El buen formador conoce a cada uno en profundidad y actúa con cada uno de la forma más conveniente, de forma original y creativa. Este entregarse a “cada uno con sus cadaunadas”, es sello de autenticidad en la labor educativa. “Se debe conocer con la mayor perfección posible la personali­dad del formando para ayudarlo, motivarlo y encauzarlo debidamente. Y nunca hay que pensar que se ha hecho lo suficiente por él y que se puede, en consecuencia, dejarlo sin tanta atención”.



De esto también me han tocado varios casos. Padres que han acertado con la educación de, quizá, bastantes hijos (tres o seis) pero que les ha fallado, a lo mejor, el cuarto o el séptimo. Encontraron un sistema bueno que fueron aplicando en todos sus hijos, pero no se dieron cuenta de que ese sistema no funcionaba con el tercero, o el quinto... Esto un reto para los padres y educadores deseosos de dar lo mejor para cada muchacho: buscar el mejor sistema y atención para cada uno, saber cambiar, adaptarse, no cansarse con el paso de los años y de los hijos, de los alumnos...



       Es evidente que este principio pedagógico es una expresión primaria y sublime de la caridad. Qué importante sería que los padres y educadores, especialmente en los momentos de impotencia o “desesperación” recordaran los preceptos evangélicos: “… a mí me lo hicisteis”; “dejad que se acerquen a mí…” “conozco a cada una por su nombre…”. Que nada en la vida de una familia, de una escuela, de un centro juvenil sofoque esa atención y preocupación por todos y por cada uno. De nada sirven los mejores medios, las mejores actividades, las mejores estructuras si no facilitan el trato personal y profundo, si la persona (cada persona) no está al centro de nuestra acción educativa y de nuestra vida.

       Esto no quita que debamos descartar los medios de comunicación de masa (dado que no permiten, al menos como punto de partida, el encuentro personalizado). También a través de ellos en cierta medida se puede y se debe llegar al corazón de las personas. Pero como dijimos en los fundamentos, para que las relaciones sean verdaderamente fecundas (estables y transformantes) han de pasar por el acompañamiento personalizado. Pongamos en duda lo que podríamos llamar un compromiso humanitario on line. Al final, una mirada o unas manos como las de la Madre Teresa es lo verdaderamente necesario para el corazón de los muchachos.

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