jueves, 14 de julio de 2011

Los jueves con Edu y Marta: ACTITUDES VII

1. Coherencia y realismo
2. Confianza y compromiso
3. Liderazgo y autoridad
4. Cariño y exigencia
5. Paciencia y constancia
6. Calma y resolución
7. Apertura y provocación  HOY

Apertura y provocación

    Si se quiere fracasar rápido con un adolescente haga el educador la más mínima mueca de asombro o escándalo cuando el chico o la chica se decidan a contar algo de su intimidad. El educador debe tener una disposición de apertura total a las inquietudes y dudas de los muchachos. Ruborizarse o molestarse por una pregunta de éstos puede ser el fin de una relación (y algo muy significativo del interior mismo del formador). Los chicos necesitan alguien en quien confiar y a quién contar todas sus dudas y preocupaciones. Si el educador no da la talla se buscarán enseguida otro confidente que no se escandalice de sus “atrevimientos”. Apertura sincera, por tanto, a la vida y a la realidad de los adolescentes. Apertura para recibir con paciencia sus altibajos y sus extravagancias. Apertura para escuchar sus conversaciones y sus sueños sin la más mínima ironía o desprecio. Apertura total que logrará que el adolescente abra de par en par las puertas de su mente y su corazón.
    Y por otro lado la provocación. No basta escuchar y aceptar sin más, hay que ser sanamente provocador. Para el adolescente la vida es un reto, una aventura. El educador debe ser el primero es saber presentar la vida y la realidad de modo fascinante, debe saber “aguijonear” el lado positivo del adolescente; debe saber despertar en él lo mejor que lleva dentro. Provocar es zarandear la mente tal vez adormecida y superficial, zarandear el corazón tal vez egoísta y torcido, la voluntad tal vez herida y apagada. Provocar con un lenguaje atrayente y convincente, con preguntas incitadoras que le despierten sus propias preguntas existenciales. Provocar con retos atractivos, con la seguridad del propio carácter y de la propia felicidad. Provocar un poco, también, el sano orgullo, para potenciar positivamente el deseo de protagonismo típico de la edad.
    La gracia del Dios encarnado ha dejado en la naturaleza y en la estructura del ser humano todo un potencial de respuestas y de sentido para la vida concreta del hombre. Es misión del educador provocar el terremoto necesario para que salga a flote toda esa riqueza oculta. El anhelo de felicidad plena, de totalidad y eternidad están bullendo en la vida del adolescente (en medio de los deseos típicos de la edad), porque empiezan a darse ahora los cambios fisiológicos y psicológicos que son condiciones de posibilidad para ese anhelo. Pero todo sería bastante inútil sin el papel del educador. Éste debe ser el provocador de la “reacción químico-espiritual” que logra en el educando un efecto increíble: el descubrimiento en su interior de respuestas verdaderas a sus anhelos escondidos de totalidad.
                                                                                                   
    ¿Soy de los que considero un fastidio que los adolescentes se planteen y replanteen las cosas? ¿Preferiría que fueran más “convencionales”, o incluso superficiales? ¿Sé despertar en ellos las preguntas profundas de la vida? ¿Tengo la habilidad de que busquen en su interior las respuestas a sus inquietudes? ¿Se descifrar los mensajes que nos mandan? Cuántas expresiones típicas de los adolescentes (gritos, reproches, peleas, escapismos y diversiones desmedidas, etc.) son una señal, que ellos mandan al exterior con mayor o menor conciencia, para que alguien les explique qué está pasando en su interior, el por qué sienten lo que sienten, el por qué no se entienden, qué hay detrás de todo eso



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