sábado, 9 de julio de 2011

Cuentos que sí cuentan: peligro, snobismos y esoterismos a la vista

17º eslabón. Hay novedades que trauman y, a veces, matan.

         Katy era una de esas niñas con gusto por el buen vestir. La veía de vez en cuando, en las fiestas o en la facultad de diseño. Su look y su estilo se hacían notar de inmediato. Tenía cachetes redondos, pero se maquillaba con arte; era juguetona, afable y fumaba sólo por compromiso. Por eso Katy pasaba como una chica deliciosa que desgraciadamente estaba comprometida con un tipo loco, Néstor, de la facultad de ingeniería.

         Aquella muchacha de 19 años dejó de ser Katy y pasó a ser Catalina cuando renunció al tratamiento facial y a los aerobics. Cambió su vida por una terapia que Néstor le enseñó. Al inicio pensamos que se trataba de una de sus modas europeas. Y digo pensamos porque el acontecimiento de las ridiculeces corrió por toda la universidad.

         “Néstor me está enseñando a medir la energía fotónica” y a esa pedante frase seguía la descripción minuciosa del vestido que Katy había usado el lunes, el martes y el miércoles. Un atuendo cerrado, como si fuese de los 40, color verde intenso, guantes incluidos; malla verde, según se veía en los tobillos. Al salir de lugares techados usaba una cofia verde.
 
         El jueves cambió a celeste. El viernes, usó de nuevo el verde. Después me comentaron que el fin de semana había tomado un  color esmeralda... Y no debía variar hacia tonos más encendidos, “hasta que la curva de la emotividad se equilibrara”.

         Catalina, aquella niña deliciosa, se había vuelto una mujer petulante: “la loca”; al inicio sólo a sus espaldas, en el tijereteo de cafetería; después en su cara, hasta constituir su apelativo normal.

         Luego dejé de interesarme por ella. Supe que se había separado de Néstor y que ya no usaba los colores. Sin embargo, de vez en cuanto llegaban datos de la facultad de diseño, que la loca andaba metida en una sociedad sófica, que la loca estudiaba en una pirámide, que la loca estaba “hinchada”, que la loca era energía cósmica… Que Katy, se había suicidado.

          Es una triste realidad que no hay que ocultar. Y no hace falta exagerar para llegar al dramatismo. Son cada vez más los jóvenes que se apuntan a sectas y a ritos iniciáticos, también de carácter satánico, a cursos extraños de superación y de reorganización mental, a sociedades teosóficas y demás.
         
          ¡Cuidado, mucho cuidado! Un criterio válido es ver si estas cosas te van apartando de tu vida familiar, de tus amigos tradicionales de la infancia, de tu fe y de una sana y sencilla religiosidad.

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