sábado, 30 de julio de 2011

Cuentos que sí cuentan: no usar la generosidad como salvoconducto...


20º eslabón. Los mazazos llegan... aunque seas generoso



Era una expedición de médicos voluntarios la que se incursionaba peligrosamente por la selva amazónica. Iban buscando comunidades indígenas afectas por una  enfermedad nueva que los estaba diezmando. Era una misión humanitaria.



          Estaban ya casi llegando a uno de los poblados afectados cuando, de repente, un silbido cruzó la selva, desde la altura de un árbol. Una flecha envenenada atravesó el corazón de uno de los médicos de la expedición.



          Rápido los compañeros sacaron sus instrumentos para curarle. El herido no quiso que le tocaran hasta que no le respondieran sus preguntas: ¿quién lo había herido? ¿por qué motivo? ¿por qué a él? Y la más dura: ¿porqué Dios permitía semejante cosa, a él que estaba en una misión humanitaria?



          Minutos más tarde aquel buen hombre moría.



 

          Y es que si queremos entender el dolor antes de aceptarlo, simplemente moriremos. El dolor es un misterio que nació con el pecado. Es absurdo buscar una vida sin dolor, porque la vida nos enseña que el dolor es una escuela obligada de maduración y de amor verdadero. Es absurdo parar de vivir por no entender el dolor que nos afecta o nos rodea. Es inútil rebelarse contra Dios por causa del dolor, porque el dolor es un invento del hombre alejado de Dios. Y es muy infantil creer que, por estar bien con Dios, ya nos libramos de la "parte de dolor" que nos correponde...



Como decía un famoso autor: “cuando tú me expliques porqué Dios mandó a su Hijo a la cruz, entonces yo te diré el por qué de tu dolor”.

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