jueves, 30 de junio de 2011

Los jueves con Edu y Marta: ACTITUDES V

1. Coherencia y realismo
2. Confianza y compromiso
3. Liderazgo y autoridad 
4. Cariño y exigencia
5. Paciencia y constancia   HOY
6. Calma y resolución
7. Apertura y provocación


Paciencia y constancia


El educador modela hombres. Sabe que está trabajando con material de barro. Nunca olvidemos que en el trabajo de formación tratamos no con cosas o leyes fijas, sino con personas libres, cargadas de virtudes y defectos, pasionales y sentimentales; por ello hay que luchar sin desmayar, pero sin impaciencias innecesarias.



 “Ten muy presente siempre que estás trabajando con personas, con seres humanos débiles y cam­biantes, con voluntades ricas y, a veces flojas, con libertades y sen­sibilidades particulares. Hay que tener pa­ciencia, hay que saber esperar la hora de Dios sobre ellas, hay que animar siem­pre, man­teniendo la esperanza del triunfo. Formar a un ser humano es muy difícil; el ser humano no es una piedra dócil que se deja golpear por el artista. El ser humano es libre, y se duele ante los golpes y se rebela, gime y rechaza la mano que le ayuda”.



       Cuántos educadores comienzan nuevos “planes educativos” cada dos por tres. Parece que se levantan de la cama con una buena idea (quizá han visto una película interesante…), y a la primera de cambio ya están hablando con los hijos o educandos para explicarles “las nuevas normas”, “el nuevo plan en casa…”. Si es cierto que hay que saber “reciclarse”, saber cambiar lo que no funciona, saber mejorar en la propia pedagogía, también es cierto que hace falta una buena dosis de constancia en la aplicación de las normas y de los planes. Es imposible lograr resultados si a cada rato se está cambiando. Si pensamos que nos hemos equivocado con ciertas resoluciones valoremos, antes de cambiarlas, si no es más perjudicial el mismo cambio que el mantener las resoluciones vigentes. Podemos provocar, con tanto cambio, una confusión y desequilibrio importante en los muchachos (obviamente esto no rige con normas acuerdos o situaciones claramente inmorales o dañinos).

       La constancia debe aplicarse a los grandes apartados de la forma­ción, pero también a los pequeños detalles. Una de las tareas pedagó­gicas del buen formador es la perseverancia e insistencia en los detalles hasta lograr que vayan calando los principios y buenos há­bitos en cada uno. El ser humano, a base de recordar y repetir, asimila, practica y vive lo que se le enseña. Y en la formación, los detalles marcan la diferencia… Claro está, como hemos repetido varias veces, que la insistencia no puede convertirse en agobio: una cosa es ser detallista y otra, muy distinta, es caer en la meticulosidad obsesiva. ¿La diferencia? Quizá está en eso, en que vivir los detalles no cansa ni agobia.

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