jueves, 16 de junio de 2011

Los jueves con Edu y Marta: ACTITUDES III

1. Coherencia y realismo
2. Confianza y compromiso
3. Liderazgo y autoridad   HOY
4. Cariño y exigencia
5. Paciencia y constancia
6. Calma y resolución
7. Apertura y provocación


Liderazgo moral y sentido de autoridad
 

Hace falta combinar el liderazgo moral con el sentido de autoridad. No olvidemos que la cultura y la sociedad ofrecen al muchacho un amplio abanico de superhéroes, ídolos o líderes, bastante confusos en nuestra época, por lo general. El formador necesita ser hombre o mujer líder y, si puede ser, mejor con un fuerte liderazgo humano y moral (aquí ayuda mucho la afirmación de Douglas Hyde: “líder es todo aquél que quiere serlo a condición de que reconozca sus propios errores”; para evitar falsas ideas del concepto de liderazgo). El formador puede llegar a ser líder si sabe guiar sin dominar. El formador es auténtico líder cuando convence con la veracidad de sus principios, la altura y belleza de sus ideales y con la fuerza del testimonio de la donación de sí mismo. Una persona líder debe lograr admiración y estima por su estilo de vida, suscitando así, en los que le rodean, el deseo de seguirla e imitarla. Resulta indispensable, por consiguiente, que el auténtico liderazgo sea entendido como persuasión moral a través del propio ejemplo.

Pero ese liderazgo humano o moral no basta, es necesario el sentido de la propia autoridad (empezando por la de los padres). No bastan las meras cualidades humanas o sociales, no basta la tan mencionada “química” o la empatía. El educador inspira respeto en todo momento como fruto de su conciencia de estar desarrollando una gran responsabilidad. Este sentido de autoridad que debe poseer le llevará a hablar y actuar como quien tiene autoridad, logrando el fruto de la anuencia de sus educandos. El “respeto a la autoridad” no es una exigencia de la vanidad o del orgullo del educador, sino una necesidad pedagógica que se alcanza cuando el mismo formador sabe transmitir el sentido de autoridad en un clima de verdadera humildad y sencillez, y cuando él mismo es el primero en respetar al educando. ¿Cómo reforzar este liderazgo y este sentido de autoridad? Esperamos que todo lo que se describe en este libro, bien asimilado y aplicado, sea un buen camino para acrecentar ese liderazgo y esa autoridad.


Recuerdo un formador que tuve hace años. Imponía sólo con su porte y su mirada. No hablaba mucho. Tampoco bromeaba mucho. Le bastaban cuatro palabras para ser exigente, para motivar. Quienes no lo conocían se asustaban un poco. Los que éramos formados de cerca por él sabíamos lo buen formador que era. Ha sido de lo mejor que he tenido, a quien más he agradecido. ¿Y otros formadores que intentan ganarse tu amistad con bromas y condescendencias? De esos casi ni me acuerdo.


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