sábado, 28 de mayo de 2011

Cuentos que sí cuentan: UNA PRUEBA "SALVAJE" DE LA EXISTENCIA DE DIOS

12º eslabón. Una prueba “salvaje” de lo anterior: Dios existe, lo veas o no.


          Dos amigos habían organizado su propio safari en la selva de Mysore. Estaban disfrutando de lo lindo.


          Una noche, los guías que llevaban, indígenas del lugar, les invitaron a unirse con ellos en su oración; presentían la cercanía de tigres de Bengala y querían pedir a Dios su protección.


          Los escépticos cazadores, que no sentían nada de aprecio a estas cosas, se unieron al rito, más por curiosidad y miedo que por devoción. Los indígenas empezaron con sus bailes y sus cantos; y derramaban abundante agua sagrada sobre la tierra para que los tigres no les hicieran nada.


          Nuestros amigos no se aguantaron; empezaron con una sonrisa cínica, pasaron a palabras de burla y acabaron por callar a los indígenas.


           “¿Qué pasar, wuana?” Preguntaron perplejos los indígenas.


          Simplemente, basta. Ellos eran los que pagaban la cacería, y no querían ver espectáculos ridículos; habían venido a la selva a ver tigres, no a invocar a dioses invisibles.


          A la mañana siguiente la comitiva prosiguió su marcha. Nadie decía nada. Sólo se escuchaba el ruido de los machetes golpeando la maleza. Apenas avanzaron cuando comenzaron a verse por el camino huellas frescas de dos o tres tigres adultos. Los guías seguían avanzando como si nada.


         Por fin, uno de los cazadores, ya inquieto, paró a los guías y les dijo: “¡Esto es peligroso!, nos estamos acercando mucho a los tigres.” 


          “¿Tigres?, ¿qué tigres, wuana? -contestó uno de ellos-.”


          “Pero ¿están ciegos? -gruño el cazador-. ¿No ven las enormes huellas?”


          “Sí, wuana, claro que nosotros verlas.”

         
          “Pues si hay huellas frescas -prosiguió el cazador medio desesperado- es señal de que hay tigres cerca”.

         
          “Pues si haber tigres, selva, toda existencia -concluyó el indígena- señal es, wuana, de Dios estar cerca. Es bueno, wuana, usted rezar a Dios para tigres no comer carne fresca...

 

          Para muchas cosas nos basta ver una huella, una pista, una señal, y ya sabemos quién o qué hay detrás de eso. Si llegamos a una isla desierta y vemos un ordenador tirado en la playa no se nos ocurre decir que ese ordenador se ha formado solo, al azar o por casualidad. Lo primero que pensamos, aunque no se vea a nadie por ahí, es que ese ordenador ha sido hecho por alguien inteligente, un ser humano.

          Mucho más si vemos la perfección del universo, que el hombre no es capaz de realizar; una perfección que los astrónomos califican de “matemática”. Pensamos rápido en un Ser muy perfecto y poderoso que ha hecho todo eso con su gran inteligencia, ¿porqué dudar de este pensamiento? ¿Hay matemáticas sin matemático?


          Ese Ser, además, es un padre estupendo que ha creado todo para nosotros y para que, a través de todo, nos encontremos con Él.



                                                           


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