sábado, 11 de junio de 2011

Cuentos que sí cuentan: necesidad de la oración


14º eslabón. Sigue la unión del hombre y Dios: necesaria la oración.





Un joven novicio estaba cansado porque nada sacaba en claro de su oración.



          Un día preguntó a su maestro espiritual qué debía hacer para poder escuchar a Dios y conseguir de Él lo que pedía.



          “Nada en especial –respondió el sabio maestro– como nada puedes hacer para lograr que cada mañana amanezca un poco más temprano.”

                  

          “Entonces ¿para qué orar? –insistió nuestro novicio–.”



          “Para que cuando salga el sol, es decir, para que cuando Dios se te quiera dar a conocer, en lugar de encontrarte dormido, te encuentre despierto, atento, y bien preparado.”



          Al novicio esto sonaba muy elevado.



          “¿Y qué más?” -continuó-.



          “¿Y qué más? Muy sencillo, te lo digo: de tú a Tú, ora a Dios en la tiniebla, ten paciencia, y verás la luz.” 



          El novicio quedó pensativo. Sabía que, como siempre, su maestro le había enseñado “algo grande”. Pero él no lo veía muy claro: “nada puedes hacer para que amanezca más temprano... De tú a Tú ora a Dios...” O lo que el maestro le había dicho era muy complicado, y él era un simplón, o al contrario, era todo muy sencillo y era él el que se complicaba con la oración.



Aquella noche el novicio hizo un acto de humildad y de fe en su maestro. De rodillas junto a su cama, antes de pedir luz y otras muchas cosas a Dios, supo decir: “¡Hola, Amigo, buen Jesús!”.



Y al día siguiente, en su vida, ¡qué hermosa mañana se despertó!



          La oración no es para sacarle a Dios, a toda costa, lo que a uno le interesa. La oración es, ante todo, conversar amigablemente con el Amigo, es contarle nuestras cosas, nuestras alegrías y preocupaciones; es esperar  a que Él nos diga lo que quiere de nosotros, lo que espera de nuestra vida. Él es el Dios Amigo y su voluntad es lo mejor para alcanzar la auténtica felicidad.

         

Hay que orar con confianza e insistencia. Y cuando salimos del invierno de nuestros orgullos y nuestras dudas baratas, y sin hacer nada, cada mañana amanece más temprano...

         


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