sábado, 23 de abril de 2011

Cuentos que sí cuentan: una historieta para que valores la vida

9º eslabón. Una simpática historia que defiende lo mejor: “tu” vida.


          Era un día espléndido, soleado. Juan, un hombre que tenía deudas por todas partes, estaba apoyado en una farola, viendo pasar, no sin cierta envidia, los lujosos coches del barrio.

          Un majestuoso Rolls-Royce se detuvo ante él. El dueño, un señor elegantón, bigotón y sonriente se le acercó, le saludó, le tendió las llaves del coche y le dijo:

         - “Te lo regalo.”
         - “¿Quién? ¿Yo? ¿A mí me habla?”
         - “Sí, es a ti. Mira, me has caído bien y... te lo regalo; eso es todo.” A Juan casi le da un infarto. Tomó con desconfianza las llaves, dirigió al señor una mirada interrogativa y se quedó paralizado por la emoción y el desconcierto.

         El anciano, sin dar muestra de que fuera una broma, se alejó lentamente silbando. Juan miró las llaves, miró el coche y creyó estar soñando. Al recuperar el aliento, se dijo para sus adentros: “¡aprovecha la vida!”; y desapareció en “su” Rolls-Royce a toda pastilla.

         Al día siguiente le picó la curiosidad y volvió a su farola. Y... ¡oh sorpresa! A la misma hora, el mismo señor le lanzó las llaves de un Porche recién estrenado. Juan balbuceó pero… ¡claro que acepta!

         - “Nada, nada, es que me caes bien.”

         La misma escena se repitió una y otra vez: coches, relojes preciosos y lingotes de oro.

         Puedes imaginarte lo agradecido que estaba Juan con este señor. Soñaba con hacerle un monumento. Si llegaba a ser alcalde, le dedicaría una calle en la ciudad. Y no sólo eso, si llegara a gobernar la nación, proclamaría un día festivo para rendir homenaje a tan ilustre bienhechor.
        
         Juan ya sentía a este desconocido como a un padre, incluso más. Sólo pensar en él, el corazón le reventaba de gratitud.

         El señor tenía mucho más que darle y le dijo a Juan un día:
        
          - “Como veo que ya estás cansado de venir por aquí, te propongo un trato. A cambio de lo mucho que tengo y quiero darte, te pido sólo una cosa. Luego de dármela, te entrego todo. Tal vez te parecerá mucho lo que te pido...”

          - “¿Entonces?”, dijo Juan.

          - Te suplico que me des uno de tus ojos... Me es necesario. Ven mañana con la respuesta.”

    - “¡Qué mañana, ni qué nada!” Exclamó Juan de inmediato. “Ni por todo el oro del mundo le daría lo que me pide. Créame; usted está mal... Quédese con su Rolls, su Porche y con todo su oro. Mis ojos son míos, son irremplazables, son parte de lo que yo soy. ¡Ni pensar que se lo doy!”

Y Juan volvió a tener deudas... feliz de tenerlas.

         

          Ciertamente Dios, tu creador, no es un anciano que va regalando coches lujosos, diamantes o lingotes de oro, a cambio de destrozar tu vida. Él te ha dado unos ojos, unas manos, los brazos y piernas, tu razón, el corazón, todo gratuitamente, con la única condición de que los uses bien, con inteligencia.
         
          ¿Cómo Dios va a tener celos de tu vida si Él te la ha dado?, (y sin embargo ¡cuántos lo critican!). ¿Quién mejor que Él para decir donde está el secreto de una buena vida? ¿Por qué piensas que Dios te va a pedir algo que te pueda quitar la auténtica felicidad?

          Nunca olvidaré cuando un joven me dijo que no quería rezar por miedo a que Dios le fastidiara su vida. Después de unos meses, olvidándose lo que me había dicho tiempo atrás, me decía que no sabía qué hacer con su vida, porque no le veía sentido. Si desenchufas de la corriente el ordenador más moderno y potente, tampoco éste tiene sentido.

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