sábado, 16 de abril de 2011

Cuentos que sí cuentan: fábula sobre el amor

8º eslabón. Otra de animales...  y de lo que ellos no saben.

           Un alegre y despreocupado corro de animales del bosque se había reunido al caer de la tarde discutiendo, como siempre, de los intereses del vecindario.

          “Aquí yo soy el que deja más huella para marcar su territorio.” Fanfarroneaba el oso  mientras se rascaba la espalda contra el tronco de un árbol.

          “Sí, pero nadie deja más huellas que yo.” Comentó el ciempiés.

          La babosa en seco le cortó: “Señor ciempiés ¿de qué le sirven sus patas si no es capaz de tenerse en pie cuando camina sobre la estela de mi baba?”

          “Bah, es mejor no dejar huella y librarte de problemas”. Añadió la hormiga.

          Pero el topo se puso como ejemplo de mayor astucia: “Señora hormiga, también se puede dejar huella sin peligro alguno ¿acaso no conoce el ingenio de mis túneles?”

          El búho, revoloteando por encima, fingía entre curioso y distraído; pero al final exclamó: “me parece que se están olvidando de alguien.”

          El oso creyó adivinar: “Otra vez el sabio búho nos va a recordar al hom...” Un gran bostezo no le permitió terminar su intervención.

          El búho aprovechó para continuar su discurso: “Las huellas que deja el hombre no son sólo la de los horrendos zapatos que calza. ¿Acaso no han visto en las cortezas de los árboles dos nombres y un corazón atravesado por una flecha?”

          “Sí, pero qué significa eso.”  Preguntaron algunos.

          “La flecha es como el amor que atraviesa el corazón, el órgano vital; de modo que: la huella más profunda que se puede dejar en esta vida es la que se deja en el corazón del otro.”     





          La mayor cosa que puede hacer un hombre es amar. La gran huella que puede dejar el hombre en la vida es la huella que deja en el corazón de los demás. Y cuando se habla de amor, del auténtico, se habla de algo profundo, permanente, algo que nos sabe a eternidad, que nos reclama la inmortalidad.

          No te engañes, como tantos jóvenes hoy, sobre lo que es el amor. No se trata de “amoríos”, “enamoramientos” de toda clase, sabor y color. Se trata de algo que es muy profundo, trabajoso, duradero. Algo que te dice que “esto nunca puede pasar”, que “esto nunca puede acabar”. Y si no percibes esto, si no quieres esto, es señal cierta de que aún no sabes lo que es el amor.

          El amor verdadero deja huellas profundas e imborrables. Y si quieres borrarlo, como si quieres quitar un grabado en la corteza de un árbol, te quedarás en carne viva, despellejado.

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