lunes, 11 de abril de 2011

"¿Cómo venzo la timidez si me gusta...?"

 Palpitaciones, sudoraciones y tartamudeos


Es común que durante la adolescencia ambos bandos, chicas y chicos, padezcan palpitaciones, sudoraciones y hasta tartamudeos ocasionales frente a la pareja que les hace alucinar. Y es que el despertar del amor en esta etapa suele coincidir con uno de los momentos definitorios de nuestro crecimiento psicológico, ese en el que solemos padecer baja autoestima e inexperiencia, dueto que nos hace vulnerables y nos coloca en el limbo del “cómo hacer”.

Aquí “echamos mano” a las herramientas aprendidas en la infancia y heredados  de nuestros amigos y familiares más cercanos, son ellas esenciales para romper la inercia y convencernos de que no hay barrera que resista el entusiasmo en pos de un sueño. Basta definir la meta y enfocar las fuerzas para que las puertas terminen cediendo. Pero sin prisas y siempre con elegancia...

 

¡Te quiero!

Pero no todo es cuestión de fuerza. ¿Cómo decirle al destinatario de tus primeros suspiros de amor cuánto anhelas tenerlo a tu lado? ¿Cómo decirle que una fiesta no tiene sentido sin su compañía? ¿Cómo compartir una canción, un paseo…una ilusión…?


En momentos así suele funcionar el antiguo método epistolar: valen las cartitas de amor al estilo tradicional con letra apretada y nerviosa que un amigo desliza anónimamente bajo la puerta, o los modernos chat, email o mensajes al móvil. En todos los casos el efecto es el mismo, decir lo que pensamos sin dar la cara. La razón de tanta timidez no es el temor físico a una persona, sino a una respuesta negativa que hiere en el terreno emocional y espiritual. A nadie le gusta que le den calabazas, pero a veces son muy sanas...

El camino para ganarnos la atención del otro pasa por enfrentar esos temores y por fortalecer el contacto, única vía para compartir inquietudes y sueños, y demostrar cariño y  respeto. Cuanto antes se afronten los temores mejor. Además, los triunfos de la vida siempre están hechos de pequeñas derrotas ya sufridas.

Una forma de lidiar con esa timidez de la adolescencia es acercarnos al otro como un amigo más, sincero, creando un ambiente que permita compartir espacios, intereses y tiempo. Reserva tus emociones y declara tu amor en un segundo momento, cuando estés seguro de que la persona que has elegido vale la pena y también tengas claro qué tipo de relación te interesa mantener con ella. No te dejes llevar por una cara o un cuerpo bonitos, esos amores no siempre resultan como esperamos.

A pesar de ese pertinente preámbulo, no declines en tus intenciones ni digas adiós a tus anhelos de tener cerca a quien te ha llenado el alma de ilusiones. Tampoco demores demasiado en lanzar la flecha, recuerda que tu ave podría tener otros cazadores al acecho y en todo caso, tampoco esperará toda la vida posada en la misma rama.


¡Te amo!
No hables más de la cuenta, no presumas de conquistas ni aventuras románticas, suele suceder que no todos los que te escuchan son amigos verdaderos y en ese caso, en lugar de admiración, podrías despertar envidias, celos y resentimientos que lograrían dinamitar tus relaciones de pareja de manera inesperada. Además, la verdadera humildad causa fascinación y verdadera atracción.

Si fracasas, no importa, de los errores se aprende, y solo quien se equivoca conoce el valor de elegir correctamente. 
Se dice que en materia de amores, el tiempo todo lo cura, pero siempre habrá recuerdos que defender del olvido, a fin de cuentas, como dijo la poetisa cubana Dulce María Loynaz, Premio Cervantes de Literatura,  “…el mañana es tan solo el hoy muerto…”. Vivir el hoy con amor, es el mejor remedio para el pasado, y la mejor seguridad para el futuro.


 

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